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sábado, abril 07, 2012

El doctor Marañón y la igualdad.

Hace poco se vendía una colección en los quioscos que llevaba por título "Grandes Pensadores Españoles" y como por tal se ha venido teniendo, y se tiene sin apenas discusión, a Gregorio Marañón (a quien siempre parece que debemos referirnos con el "Don" delante, que si no parece que no suena igual) y yo no había leído nada de ese "gran pensador" compré a módico precio un ejemplar que incluía además de parte de sus "Ensayos librerales" algo que llevaba por título "Raiz y decoro de España" que se publicó en 1933 y en cuyo prólogo me llamó la atención un párrafo que me animó a comenzar la lectura entre cuyas páginas navegué por corto espacio de tiempo al venir a dar con las perlas que motivan la inclusión de este post entre mis "perlas machistas".
Decía el prólogo que "si la humanidad es mejor cada día -¡y lo es!- esto se debe, en gran parte, al providencial descontento y dolor de la hora presente, aguijón incomparable para nuestra perfección". Como la hora presente que el presente vivimos tampoco se distingue por el general contento, me adentré en las páginas del libro para venir a dar con el razonamiento del autor en torno a la igualdad que no es otro que el derecho puede sernos repartido por igual pero que nada de lo que ocurra en el mundo realizará el sueño de la igualdad porque nada podrá igualar los deberes de cada ser humano, que dice que "¿cómo podrán ser iguales en el atleta y en el raquítico, en el genio y en el idiota, en la hembra y en el varón...?
Bueno, pensé, esto va para picar y luego cambia el tono, pero ¡quiá!, tras el sueño de la igualdad se ocupa de los "deberes ligados al sexo" donde lo que le importa es afirmar que "el deber del varón como tal varón es trabajar y producir. El deber de la mujer, como ente sexual, es ser madre; buena madre y madre para siempre: lo demás de nuestra vida estará bien o mal, según concurra o no, directa o indirectamente, a estos fines supremos" y poco después dice en el apartado "Maternidad y Dictadura" (curiosa relación) lo siguiente: "que el hombre, todo el hombre, el alto y el bajo, trabaje. Y a su lado, que la mujer sea madre en toda su integridad, es decir, que no se limite a dar a sus hijos a luz, sino que los críe y recríe a su cuidado directo -cuidado del cuerpo y del alma- hasta que la adolescencia los separe de su lado", que "la ausencia de la generosidad maternal engendra el defecto más corrosivo del hombre, que es el escepticismo" y que "la falta de la madre es en parte el orígen de los regímenes de fuerza". Tras leer que nos pueden igualar en derechos pero que "los deberes en la mujer son específicamente distintos de los deberes viriles" y defenderse como "antifeminista frente a casi todas las femimistas, y feminista frente a muchas de nuestras pobres mujeres", no pude seguir, porque pasando hojas y mirando al azar no veía nada más que disparates de similar calibre.
Resulta evidente que hace mucho que nadie (salvo Gallardón, tal vez) se ha leído a Marañón pero sigue pasando por gran pensador. Y con lo poquito que he leído parece que no era un producto de la opinión de su tiempo porque se ocupa de contrarrestar opiniones que razonan lo contrario que él. Así que va a tener razón Alicia Puleo cuando dice que el corpus consagrado como historia oficial de la Filosofía (y de cualquier otro saber, añado) se ha constituido con textos que no impugnan la jerarquía de los sexos.

viernes, julio 03, 2009

Y figura en en el diccionario de personajes conquenses este "personaje".

No se qué buscaba pero se me ha aparecido una frase que me ha dejado fría pese a que las temperaturas que sufrimos hacen difícil tal suceso. La frase, que donde la he visto se atribuye a un tal Severo Catalina del Amo, nacido en Cuenca en 1832 y fallecido en Madrid en 1871, es la siguiente:
"Desde la edad de seis años, la mujer no crece más que en dimensiones".
Una, que pensaba que además de engordar (muy a mi pesar) había crecido en sabiduría y bondad como el niño Jesús y en experiencia de la vida, se ha visto de pronto reducida a las dimensiones de su anatomía (últimamente mayores de las que me gustaría) así que he buscado al autor de la frasecita en cuestión porque puede suceder a veces que la frase ni exista sino que vaya pasando de boca en boca y si tuvo dueño algún día no la dijo su dueño con intención de ofendernos a las mujeres. Pero no, el dueño de la frase, que no se de qué le sirvieron sus estudios de Derecho y Filosofía y Letras, no estaba "sembrao" en cuanto a sus "frases célebres" ya que pese a haber sido Académico de la Lengua (así nos va), Ministro de Marina y de Fomento e incluso, para mi sorprendida sorpresa diputado por Alcázar de San Juan y Director General de Instrucción Pública, la frase es suya y se incluye dentro de una obra (por llamarla de alguna manera, porque las chapuzas también son denominadas "obras" por los malos albañiles que las construyen) que lleva por título "La Mujer. Apuntes para un libro" del que por lo menos se publicaron tres ediciones la tercera de las cuales fue prorrogada por Ramón de Campoamor, que no se si es peor el libro o el prólogo en el que queriendo "hacer la gracia" propone a las mujeres quemar el libro y como lo considera una copia del original que somos las mujeres acaba proponiendo

Cuasi muda me ha "dejao". Si queréis daros el disgusto de leer el libro está colgado en Google Books y podéis acceder al mismo pinchando aquí, aunque si tenéis otra cosa mejor que hacer os aconsejo que os dediquéis a ella porque vais a pasar un mal rato.

viernes, junio 12, 2009

Seguimos con las "perlas machistas".

¿Alguien sabe quién fue Pompeu Gener? Ni falta que hace, quien dice cosas como las que voy a transcribir no merece pasar a la posteridad. El 26 de febrero de 1889 escribió en el periódico La Vanguardia:
"En sí misma, la mujer, no es como el hombre, un ser completo; es sólo el instrumento de la reproducción, la destinada a perpetuar la especie; mientras que el hombre es el encargado de hacerla progresar, el generador de la inteligencia, (...) creador del mundo social".
La lástima es que su madre no hubiera contrariado su "destino vital" y se hubiera abstenido de perpetuar la especie en él. No nos hubiéramos perdido mucho las mujeres y eso que escribió un libro titulado "la mujer mediterránea" que no debió tener mucha tirada porque no hay forma de encontrarlo. Fue doctor en farmacia, física y química y, antes de caer en el olvido, parece ser que fue famoso en su época en el ámbito del modernismo e incluso mencionan algunos libros que fue el encargado de difundir en España la filosofía de Nietzsche e introducir el positivismo de Compte y Littré, si bien también se refieren a él como "comentarista de novedades".

martes, mayo 19, 2009

Freud en su vida privada: los psicoanalistas las prefieren a la antigua.

Estos días he estado pensando y dando vueltas a cómo llamar a un nuevo apartado que quiero añadir a mi blog y no se si he llegado a una conclusión. Lo que pretendo es incluir textos, frases, fragmentos de cartas... en definitiva manifestaciones de hombres (y por qué no de mujeres) que han pasado a la historia como grandes y que no podrían realizarse a fecha de hoy en público sin rubor ni crítica. Primero pensé ponerle "¿Os siguen pareciendo grandes?" pero de momento voy a llamar a la sección "Perlas machistas", que creo que se entiende mejor. Luego ya veré qué se me ocurre.
Comienzo con Freud, que nunca ha sido de mis favoritos. El texto que copio y que se recoge en su Epistolario es un trozo de una carta que escribe a la que luego fue su mujer y que entonces era sólo su novia Martha Bernays. Él mismo se consideraba ya anacrónico en su forma de pensar (y la carta es de 1883). Freud le escribía lo siguiente con 27 añitos a Martha:
"Yo estimo que el cuidado de la casa y de los niños, así como la educación de éstos, reclaman toda la actividad de la mujer, eliminando práticamente la posibilidad de que desempeñe cualquier profesión. Y seguirá siendo así el día en que las cosas se simplifiquen y los adelantos liberen a la mujer de la limpieza, la cocina, etcétera".
Parece que en ningún momento se plantea la posibilidad de que sea el hombre quien lo haga o, al menos, "ayude" a la mujer y no deja mucho lugar a la esperanza porque pronostica que las cosas seguirán igual pese a los adelantos. Seguimos:
"Me parece una idea muy poco realista la de enviar mujeres a la lucha por la existencia como si fueran hombres. ¿He de pensar en mi dulce y delicada niña como en un competidor? Después de todo la contienda podría terminar sólo diciéndole, como hace diecisiete meses, que la amo y que haré todo lo que sea preciso para mantenerla alejada de la lucha por la existencia en la sosegada e ininterrumpida actividad de mi hogar".
El padre del psicoanálisis considera que trabajar es luchar por la existencia y que el trabajo es competición. No reconoce a las actividades cuya responsibilidad atribuye sólo a las mujeres y que había mencionado como impedimentos para ejercer una profesión esa cualidad de aportar algo a la existencia.
Y sigue Freud (demostrando que sabe que las cosas no son así naturalmente sino demostrando que conoce la diferente socialización de mujeres y hombres y conociendo que las mujeres son educadas para serlo):
"Es posible que la educación distinta pudiera suprimir todas las delicadas cualidades femeninas –tan necesitadas de protección y al mismo tiempo tan poderosas- con el resultado de que podría ganarse la vida como cualquier hombre. (...) Estimo en cualquier caso que toda posible reforma, que toda posible legislación y educación se estrellarán contra el hecho de que, mucho antes de la edad en que pudiera ejercerse en nuestra sociedad una profesión, la Naturaleza habrá designado ya a la mujer, por su belleza, encanto y bondad, para otra clase de empresa".
Luego sabe que las cosas podrían ser distintas pero no quiere prescindir del "eterno femenino" y conoce nuestros "techos de cristal". Viene a decir algo así que cuando podamos ejercer una profesión en pie de igualdad con los hombres ya se encargará la madre naturaleza de hacernos madres.
Y concluye, diciendo lo que realmente piensa, sabiendo que no debe ser así y anunciando que las cosas van a cambiar:
"No, en este aspecto yo prefiero ser anacrónico y atesorar mi anhelo de Martha tal como es ahora, y no creo que ella quiera ser diferente. La legislación y la costumbre habrán de conceder vuestro sexo muchos privilegios, pero la función de la mujer no podrá cambiar y seguirá siendo una novia adorada en la juventud y una esposa bien amada en la vejez”.
Ya lo sabéis chicas, que por grandes que sean en otros aspectos, cuando se trata de buscar novia o esposa prefieren ser "anacrónicos".