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domingo, enero 10, 2016

Trigésimo quinto libro y último libro 2015: "El almacén de las palabras terribles" de Elia Barceló.

Y éste es el último libro del año pasado que me quedaba por reseñar. Del total de 35 he leído 18 escritos por mujeres y 17 escritos por hombres, lo que, vista mi trayectoria anterior, es todo un logro. Ha sido necesario esfuerzo ya que se me hubiera limitado a elegir sin tener esa premisa en mente posiblemente hubiera seguido leyendo muchísimos menos escritos por mujeres. Los más vendidos, los más publicitados, los premiados... aunque cada vez hay más escritoras, los hombres siguen copando las listas de los periódicos que parecen retroalimentarse de los gustos de sus colaboradores, generalmente hombres. Pero, en fin, vamos mejorando.
Como le quedaban pocos días al año busqué para terminarlo un libro corto para poder llegar a fin de año sin prolongar su lectura en 2016 y me puse con éste sin darme cuenta que ya me pilla un poco mayor la literatura infantil. En cualquier caso está entretenido, aunque la trama sea sencilla y parezca querer aleccionarnos sobre la conveniencia de no decir barbaridades de las que podemos arrepentirnos porque la cosa puede tener mala solución.
La protagonista de la historia, Talía, es una niña que en medio de los problemas de pareja de sus padres, próximos a la separación, ha dicho a su madre palabras graves que en principio considera perfectamente justificadas ya que culpa a su madre de la situación de la familia.
Mientras medita sobre el tema en el banco de un parque, un señor mayor le recomienda que vaya al almacén de las palabras terribles cogiendo un determinado autobús ya que allí podrá aclararse.
Hace caso de la recomendación y en el almacén que da título al libro se encuentra con Pablo, un chico mayor que ella que ha tenido una bronca con el que hasta entonces ha sido su mejor amigo y considera definitiva la ruptura de la amistad que les había unido desde niños.
Ambos deambulan por las dependencias del almacén meditando sobre las palabras proferidas y las razones para hacerlo e informándose sobre las posibilidades que tienen de solucionar el problema minimizando las consecuencias del daño que sus palabras causaron, ello con diferentes actitudes ya que Talía parece estar arrepentida mientras Pablo se muestra más reacio a reconocer su responsabilidad culpando a su amigo y pensando que merecía que le hablara como lo hizo.
Paralelamente seguimos el devenir de las familias de Pabro y, sobre todo, de Talía ya que realmente nuestros protagonistas han sufrido un atropello y se encuentran en coma en el hospital. Cada familiar o amigo reacciona de manera algo diferente ante la situación y resulta clave la intervención de una de las enfermeras que les aconseja.
Las soluciones propuestas en el libro parecen un poco simplistas pero al fin y al cabo hay que tener en cuenta el público al que va dirigido, que hay que dar esperanzas a ese público infantil pese a que también deberían saber que no siempre hay un happy end.
Parece una mezcla de género fantástico y realidad cotidiana que puede servir para tratar con menores las relaciones de amistad y paterno/materno-filiales, los problemas de pareja de las personas mayores con las que se relacionan y cómo les afectan, la comunicación de situaciones de conflicto... Bueno, no está mal.

Trigésimo cuarto libro 2015: "El beso de la muerte" de Kathy Reichs.

Lo del tropezón en la misma piedra me volvió a pasar a finales del año pasado. Me confieso una fan de la doctora Temperance Brennan de la serie Bones, sobre todo de las primeras temporadas en las que todavía no se había convertido en la aburguesada madre americana que parece representar desde que se casó con Booth e iba dando patadas a diestro y siniestro a la vez que averiguaba cómo había muerto una persona de la que sólo tenía una rótula o una mínima huella en cualquier hueso de su esqueleto.
Y sabiendo como se que la Brennan de los libros de Kathy Reichs, aunque sea la original y su autora inspire e intervenga en la serie, no es la misma que la de la tele, voy y empiezo con otro libro suyo. Pues total, que sigue sin gustarme esa antropóloga forense que vive con un gato y realiza su trabajo más o menos como cualquier otro forense e investiga crímenes sin grandes alharacas. Me ha vuelto a aburrir.
En "El beso de la muerte" (título al que, por cierto, no veo mucha relación con la trama) la doctora Temperance Brennan se ve envuelta en una guerra de bandas de moteros narcotraficantes y asesinos en una de cuyas actuaciones estelares causan, como daño colateral, la muerte de una niña. Ello indigna a Brennan, quien se lanza de plano a investigar desde el punto de vista forense y también desde el detectivesco, por ello y porque su sobrino Kit, que está en una edad muy tonta y se ha venido a pasar una temporada con ella, se dedica a juntarse con moteros ajeno a los problemas en los que puede meterse y también un poco porque su novio se ha visto comprometido en una trama de corrupción policial y necesita desahogar su frustración de alguna forma.
La trama es lenta y aburrida sobre todo porque se empeñan en intentar explicarnos las distintas familias de moteros, las interacciones entre bandas y su dedicación y confieso que el tema me interesa cero o casi. Y desde el punto de vista forense lo único que aprendemos es que pueden leerse los salpicazos de sangre en las paredes dejados tras una matanza para averiguar qué pasó, aunque en el libro no saquen demasiadas consecuencias de ello.
Aparecen también un cráneo y dos fémures de una mujer y como en Canadá, que es donde se desarrolla la acción, no deben conocer la canción del pirata cojo de Sabina, no caen en qué se utilizaban hasta casi el final del libro y la protagonista se pasa el rato viajando de Quebec a Carolina del Norte y viceversa para juntar los huesos y hacer una prueba de ADN que tarda como si la hubiera hecho en el Anatómico Forense o más.
Pues eso, que los jefes y colegas no le hacen mucho caso y la desprecian y se va metiendo poco a poco en la boca del lobo hasta que acaba resolviendo los crímenes cuando la verdad lo único que ya me interesaba era que acabara el libro, al que no he visto maldita la gracia. Y ojo lo mal que come la protagonista, que no hace una comida decente en todas sus páginas y se permite criticar una comida canadiense para comerse ella un ejemplo de comida basura americana de la que echa de menos la salsa. Pues eso, que lo podéis tachar.

sábado, diciembre 12, 2015

Trigésimo tercer libro 2015: "El año que duró dos segundos", Rachel Joyce.

Creo que es la primera vez que me parece mejor el título de un libro en castellano que el que le puso su autora en su idioma original. El título en inglés de la novela que acabé ayer es "Perfert", palabra que no acabo de relacionar con la temática o la trama del libro, al que cuadra bastante mejor lo de "el año que duró dos segundos", ya que es la obsesión del protagonista y el principio que a modo de efecto mariposa desencadena todo lo que en el mismo sucede.
Un niño, Byron, nos cuenta lo que fue su vida familiar desde poco antes de que supuestamente su madre atropellara a una niña sin percatarse de ello. 
Diana, la madre de Byron, vive con él y con su otra hija en una urbanización alejada de la ciudad llevando una vida aparentemente rutinaria pero muy controlada por su marido ausente que trabaja fuera durante toda la semana y la llama a diario a horas fijas para interrogarla sobre la marcha de la casa, imponer sus órdenes y controlar la organización familiar.
No conocemos casi nada del pasado de Diana, ni siquiera si tiene un pasado, ni por qué Byron, a sus once años, vigila tanto a su madre, asumiendo casi el papel de su padre cuando no está presente.
Seymour, el marido de Diana le compró un Jaguar y la enseñó a conducir, pero ni Byron ni ella parecen fiarse mucho de su forma de conducir. En su afán de controlarlo todo, su esposo le ha prohibido pasar con el coche por un suburbio pobre, no obstante lo cual, un día, cuando Diana lleva a sus hijos al colegio con el tiempo justo, se encuentran un atasco y decide pasar por alto la prohibición marital y se adentra en la zona. Byron no deja de hablar del tema que más le preocupa en ese momento: los dos segundos que le ha dicho su amigo James que van a añadir a los relojes para acompasarlos al tiempo solar real.
Justo cuando el niño da vueltas a la forma en que esos dos segundos se van a añadir y se plantea los problemas que ello puede provocar, su madre da un volantazo y Byron está convencido de que Diana ha atropellado a una niña que cruzaba la calle con una bici roja. No dice nada a su madre en ese momento, ni en varios días, pero comienza a atormentarse de forma inmisericorde y a no dormir ya que Diana sigue su vida normal sin referirse al asunto ignorándolo completamente. Sólo habla con su amigo James del tema acordando entre los dos que debe hablar a su madre del tema, siendo así que Byron se dedica a presionar a Diana hasta que la convence para ir a casa de la niña y justificar el atropello como un accidente.
Paralelamente, a veces un capítulo sí y otro no, vamos conociendo a Jim, un empleado poco cualificado que limpia mesas en un restaurante, que pasó gran parte de su vida internado en una institución psiquiátrica y que realiza comportamientos repetitivos con obsesiva frecuencia para intentar evitar que las cosas vayan mal o le suceda algo malo a alguien. Vive en una caravana cuyas ventanas y puerta precinta todas las noches tras entrar y salir reiteradamente de ella y saludar 21 veces cada objeto que tiene en el vehículo, de forma que duerme muy poco. Tiene muchos problemas para relacionarse con los demás, incluso para hablar ya que tartamudea y a veces contesta lo contrario de lo que realmente quiere decir. Ello hasta que conoce a una compañera de trabajo, bastante inadaptada también, quien le atropella al dar marcha atrás con el coche sin que contra el criterio de todo el mundo quiera denunciarla. Cada avance en la relación con ella es un triunfo pero cuando más cerca está de que la cosa funcione más teme su fracaso y más culpable se siente y más realiza sus repeticiones.
Diana traba relación con Beverly, la madre de la niña supuestamente atropellada, quien poco a poco va invadiendo la vida de la familia pidiendo que le compren cosas pues la niña, que aparentemente no tenía consecuencias del accidente, comienza a manifestar problemas hasta casi parecer que se queda inválida, sin que Diana se lo cuente a su marido, lo que le ocasiona problemas para justificar los gastos.
El avance de las historias nos acaba convenciendo de que Byron no percibe bien la realidad, que la vida de Diana es insoportable para ella y que Jim ha tenido un importante trauma que le provoca esa sensación de culpabilidad y ese temor a provocar tragedias en la gente si no repite 21 veces todo. Vamos sospechando cosas que no parecen cuadrar en las historias, momentos en que percibimos como desenfocadas otras posibilidades para lo que está ocurriendo, pero que nos van llevando a las tragedias paralelas de los personajes que parecíamos intuir.
La novela toca muchos temas en una trama en la que no parece que ocurran muchas cosas pero en la que cualquier mínimo suceso puede traer nefastas consecuencias, la sensación de miedo de los personajes se nos contagia. Es una especie de novela psicológica ya que trata más de las percepciones de los protagonistas que de los propios sucesos que ocurren y más de las consecuencias de sus acciones que de lo que realmente sucede. Se ocupa también de los problemas para expresar sentimientos, para comunicarse, de los efectos del control y la imposición de modos de vida sobre la toma de decisiones y la estabilidad emocional, sobre los malos tratamientos psiquiátricos, sobre los prejuicios, sobre las dificultades para elegir...
Y según estoy escribiendo me voy dando cuenta de que no es tan malo el libro como me pareció mientras lo leía porque en muchos momentos creía que estaba leyendo el guión de unos estrenos TV, bastante aburrido, por cierto. Pero no está mal y sobre todo las últimas páginas y el giro final en la trama lo salvan.

viernes, diciembre 11, 2015

Trigésimo segundo libro 2015: "Nadie quiere saber", de Alicia Giménez Bartlett.

Un episodio de la serie Petra Delicado que no me debió dejar mucha huella cuando lo leí por primera vez porque me he dado cuenta que ya lo había leído cuando ya llevaba cincuenta páginas leídas. Y debo decir que con razón no me dejó huella porque no es de los mejores de la serie ni mucho menos.
Petra y el subinspector Fermín Garzón reciben por primera vez el encargo de investigar un caso cerrado. La muerte hace cinco años de un empresario catalán en vergonzosa situación recibió carpetazo cuando el supuesto asesino fue a su vez víctima de homicidio y la mujer con la que estaba el empresario cumplió condena por complicidad. Pero, aunque las hijas del empresario no quieren ni oír hablar de la reapertura del caso, la viuda, segunda esposa del muerto, antes de marcharse a su tierra gallega, pide ayuda a un Juez para que intente averiguar qué pasó, y como a su Señoría le hace tilín la viuda la policía debe volver a la investigación para ver si con nuevas pesquisas se aclara qué sucedió.
Y no se si es el aparente aburrimiento con el que la pareja de policías parece tomarse el asunto o el cambio de la personalidad de los personajes que voy detectando, pero el caso es que pese a que no faltan temas en el libro que podrían convertirlo en una historia frenética (colaboración internacional de policías, mafias, amoríos, tufo de trapos sucios familiares, blanqueo de capitales...), la novela no acaba de coger ritmo, o por lo menos no me lo ha hecho coger a mi en la lectura.
Lo empecé porque confundí el título con otro de la autora que comencé en un ingreso hospitalario de mi madre y quedó pendiente pero lo he leído (bueno, releído) sin ganas, sin que en ningún momento me acabara de enganchar, como por otra parte me debió pasar en la primera lectura porque mira que no acordarme que lo había leído... pero como por cabezonería tengo que acabar cada libro que empiezo, pues lo terminé, pero os lo podéis ahorrar.
Además que me ha puesto de mala sombra que la protagonista ponga a los abogados de algunos de los detenidos de patitas en el pasillo de la comisaría tomando las declaraciones sin su presencia como si ello fuera posible en nuestro sistema, que otra cosa igual no tiene, pero los derechos de los justiciables a la asistencia letrada se respetan habitualmente.
Espero que el premio Planeta, que también es de la misma autora y lo tengo en lista de espera, sea mejor. Pero ya para año nuevo.

domingo, noviembre 15, 2015

Trigésimo primer libro 2015: "Voces de Chernóbil", de Svetlana Aleksiévich.

He tenido desigual fortuna con el premio Nobel de Literatura. Cuando lo adjudican, me propongo siempre ponerme al día con el autor o la autora, que rara vez me suena y de quien solo excepcionalmente he leído algo, y luego unas obras me gustan menos y otras no me gustan nada, si bien en alguna ocasión alguien se sale de la media y me gusta.
Cuando oí el nombre de Svetlana Alexievich no se me vino a la cabeza ningún título de libro, sólo el nombre una ucraniana que vive en El Toboso. Luego, recordando la extinta Unión Soviética, intenté repasar las repúblicas en las que se había divido y, como no se sonaba el nombre de la autora, acabé de leer la noticia que comentaba el premio que se le había concedido y decía que tiene nacionalidad bielorrusa y que escribe en ruso. Dejé de intentar extraer de mi cerebro conocimientos que no tengo y busqué en Google Bielorrusia para descubrir que se se encuentra al norte de Ucrania, entre Polonia y Rusia y con Lituania y Letonia encima. Y a continuación me puse a buscar algún libro de la autora traducido al castellano, encontrando el que ahora comento.
Sólo puedo decir que me ha parecido duro, muy fuerte, pero que, si queremos conocer qué pasó a la gente que vivía cerca de la central nuclear de Chernóbil, hay que leerlo. No para averiguar qué pasó desde el punto de vista técnico o científico, ni por qué tuvo lugar el accidente, sino para saber cómo afectó a las personas de a pie, desde los bomberos que llegaron al principio para apagar lo que aparentemente no era otra cosa que un incendio, hasta el último que pasó por allí, liquidadores, peones, militares, agricultores de la zona, niños y niñas... sometidos a radiación en dosis en muchos casos mortal, todos ellos afectados, amenazados y muchos de ellos muertos por un peligro que no veían, víctimas del desconocimiento del potencial poder mortífero de la energía nuclear también cuando sólo se usaba con fines pacíficos, muchos traumatizados por guerras previas pero que como no ven disparos no acaban de convencerse de la obligación de cumplir la orden de evacuación, gentes emigradas de otros mil lugares que se encuentran más seguros entre la radiación que los mata que en su lugar de origen, trabajadores que buscan mejor salario o diplomas que les distingan por su entrega desarrollando su jornada laboral con palas y sin protección contra la radioactividad, personas mayores que se quedan para no dejar solo al gato o que se oponen a que se maten a sus animales...
No se si Svetlana Aleksiévich será buena o mala narradora porque éste no es un libro de ficción y ella no es quien nos cuenta lo que ocurrió sino las personas que vivieron el desastre y soportaron y siguen soportando (ellas si sobrevivieron o sus descendientes si les afectó la radiación), esas son las "voces" que escuchamos en este libro cuyos desgarradores testimonios leemos. Y en ese sentido la autora es muy buena; desaparece para dar la palabra a las personas cuyas experiencias relata.
En un momento dado tuve la tentación de dejar el libro porque la crudeza de los relatos de esa gente sencilla, contados en primera persona, se me hacía repetitiva, ya que algunas frases parecía que las leía una y otra vez, hasta que pensé que precisamente eso hacía que el libro resultara tan auténtico y los relatos tan "de verdad", pues suele suceder que cuando muchas personas hablan sobre el mismo suceso sus relatos se acaban pareciendo ya que cuentan la verdad, aunque la relaten desde diferentes perspectivas, con opiniones diferentes.
Cuando sucede algo tan terrible, de tal magnitud, supera a las personas, son como hormigas a las que sorprende la lluvia, no saben de dónde les viene el golpe ni por qué renunciar a lo que ha venido siendo su mundo, sobre todo cuando aparentemente el peligro es invisible.
Los relatos, unos más cortos que otros pero ninguno demasiado largo, se centran en lo sucedido en una zona que pertenece ahora a Bielorrusia, ya que aunque la central nuclear estaba en lo que ahora es Ucrania, el viendo llevó hacia allí la radiación. Me ha llamado la atención que la radiación se sintiera en lugares terriblemente distantes, así que imaginemos lo que debió ser en el foco de la explosión, y eso que sólo fue uno de los reactores. Me ha hecho pensar en que cualquiera podríamos haber sido una de esas voces en un momento dado, individuos insignificantes sobre los que se cae el mundo sin saber por qué (tsunamis, inundaciones, avalanchas, terremotos, corrimientos de tierra...).
Volviendo al principio es un libro duro, estremecedor, que da voz al silencio oficial que se impuso en lo que todavía era la URSS. Hay que tener en cuenta que el accidente tuvo lugar el 26 de abril de 1986 y el muro de Berlín no cayó tres años después.
En otro orden de cosas, me llamó la atención la portad del libro (una noria), así que he estado investigando y se trata de una noria de la ciudad sobre la que comienza hablando el libro, Pripyat, en la que se preparaban las celebraciones de la festividad del día de trabajo. Y buscando, buscando, resulta que todavía existe y que incluso todavía emite radiación. La he encontrado y si pulsáis en la imagen podéis ver una panorámica en 360º. Así, mirando, podemos explicarnos por qué no se acababan de creer el peligro. Parece un día normal y sigue habiendo peligro tantos años después. Si pincháis en la imagen podéis acceder a la vista.

miércoles, noviembre 11, 2015

Trigésimo libro 2015: "El amante japonés" de Isabel Allende.

Aunque Isabel Allende siempre es garantía de buena escritura y amena lectura, comencé su último libro con recelo esperando que tuviera más que ver con sus primeras obras que con la última que publicó antes que ésta. Y, bueno, no es "La casa de los espíritus" pero es Isabel Allende en estado puro, así que recomendable.
Con el título que tiene el libro no os descubro mucho si os digo que aparece una relación amorosa, uno de cuyos miembros es descendiente de japoneses.
La novela gira en torno a Alma, una elegantísima señora mayor, hija de judíos polacos asesinados en el holocausto, quienes poco antes de ser confinados en el gueto de Varsovia la enviaron con unos familiares a los Estados Unidos, concretamente a la ciudad de San Francisco, que vuelve a ser escogida por la autora como escenario y casi otra protagonista más.
Pero la historia no la cuenta Alma, o al menos no nos la cuenta a quienes leemos sino que la conocemos por Irina, una joven empleada moldava cuyo pasado tormentoso al principio tampoco conocemos y que trabaja en Lark House, un complejo residencial para mayores donde vive Alma. 
El centro también es un poco especial ya que está lleno de personajes originales y pintorescos muy del estilo de los que aparecen a veces en los libros de Isabel Allende. Lark House tiene varias zonas según el grado de dependencia de quienes residen en él, quienes van evolucionado según sus achaques o problemas de movilidad hacia la total dependencia en el último tramo. Pero Alma todavía vive en algo así como nuestras viviendas tuteladas, una apartamento donde vive bastante a su aire con la ayuda de Irina y las visitas de uno de sus nietos.
Pese a la riqueza de la familia, con mansión familiar y todo, Alma decide pasar sus últimos días en el lugar donde la conocemos, donde se hace reenviar las cartas de un enigmático remitente que alienta la curiosidad de Irina y Seth, el nieto de Alma, sobre el pasado de la anciana. El nieto, que llevaba media vida haciendo como que escribía la biografía de su abuela, parece que por fin decide emprender en serio la investigación, sobre todo para ver a Irina, de la que está enamorado. Juntos van avanzando en sus pesquisas así como absorbiendo las píldoras de información que Alma les va entregando poco a poco, con lo que a su vez, quienes estamos al otro lado de las páginas vamos conociendo a Ichimei, a la propia Alma, a sus antepasados y familiares, sabemos de Nathaniel e incluso de Irina y a su familia, avanzando a su vez por la historia del siglo XX con sus pasiones y tragedias. Encontramos referencias a los campos de concentración nazis y a los campos americanos para japoneses y descendientes, después de Pearl Harbour, los problemas entre diferentes razas también en Estados Unidos, el tráfico de mujeres... todo ello con apuntes del arte del dibujo en tela, de jardinería y comida, pero sobre todo del gran amor de los protagonistas.
No hay una trama clara sino un fluir de historias a lo largo del tiempo que nos muestran vidas de personajes, situaciones que pudieron suceder en el pasado y alguno que otro ejemplo de la imaginación de Allende que siempre hace que seamos capaces de saber que el libro es suyo aunque no nos enseñaran ni el título ni la portada.
No está mal, se deja leer y resulta ameno. Y está bien que se de protagonismo a las personas mayores en la literatura, dirigiendo sus propias vidas e historias y también como protagonistas de grandes pasiones.

martes, octubre 27, 2015

Vigésimo noveno libro 2015: "No mires atrás" de Karin Fossum.

Es el segundo libro de Karin Fossum que leo protagonizado por su inspector Sejer (antes había leído "El ojo de Eva"). El policía es un hombre tranquilo, un investigador meticuloso y lento, lentitud que le aporta a la trama haciéndola bastante aburrida. El inspector es viudo, vive solo con un perro, tiene una hija y un nieto africano al que quiere un montón.
La novela comienza con la desaparición de una niña en una localidad tranquila donde parece que nunca ha pasado nada grave. Un lugar con unas pocas casas donde todos se conocen y donde todos parece que han visto todo. Como en muchos países del norte no parece que conozcan las cortinas para las ventanas.
La niña, que ha estado con un chico con síndrome de Down, aparece y cuenta que ha visto el cadáver de una chica desnudo junto a un lago. El resto de la novela intenta averiguar qué ha pasado con la chica ya que al principio ni siquiera saben si es un homicidio o un suicidio ya que la ropa aparece colocada junto al cadáver y no parece haber ninguna pista. La chica era conocida y toda la gente del pueblo parece conocerla ya que había cuidado a los hijos de muchos de ellos, era una buena deportista pero abandonó su puesto de portera en el equipo local y seguimos al inspector Sejer y su acompañante de casa en casa intentando encontrar algo que oriente la investigación. 
El trabajo policial se realiza a la antigua, recorriendo los lugares donde se movió la víctima, interrogando a todas las personas que tuvieron contacto con ella o la conocieron. Deambulamos con el protagonista de casa en casa, de sospecha en sospecha, intentando que las apariencias que nos engañan no lo hagan y dejando de lado líneas de investigación que parecían seguras cuando no lo son tanto, a la vez que vamos viendo lo que hay por debajo de la aparente paz del pueblo, la verdadera cara de personajes que parecen buenos y no lo son tanto, o nos parecen culpables y no lo son.
Es una novela bien construida pero me ha aburrido un poco. Demasiado lenta para mi gusto.

lunes, octubre 12, 2015

Vigésimo octavo libro 2015: "La chica del tren", de Paula Hawkins.

Al principio pensé que no me iba a gustar pero acabé leyendo casi compulsivamente, aunque solo fuera para confirmar mis sospechas sobre la culpabilidad, que las confirmé, pero con la suficiente dosis de intriga como para que no me sintiera terriblemente decepcionada.
No me gustan los libros que parecen dirigirse a mujeres, y éste comenzó pareciéndomelo, y menos me gusta que la protagonista empiece cayéndome mal y así los sucesivos personajes que van apareciendo. Y, sin embargo, ésta historia no me ha disgustado, aunque tampoco me explico que sea el superventas que está siendo.
No es una novela coral, pero tampoco tiene protagonista único. Comenzamos acompañando a Rachel, luego seguimos a Megan y a Ana y también, aunque con menor dedicación, a algunos de los hombres de la historia, pero siempre desde el punto de vista de las mujeres que se relacionan o han relacionado con ellos, no en primera persona como los personajes femeninos.
Ninguna de las mujeres del libro parece estar muy centrada ni siquiera la que aparenta serlo. Rachel es alcohólica, como consecuencia de lo cual (o eso parece), sufre fallos de memoria que impiden que recuerde lo que hace cuando bebe pero siempre se siente culpable aunque no sabe si tiene alguna participación o es responsable de algún suceso que ocurriera encontrándose borracha. 
Aunque la despidieron del trabajo, sigue yendo y viniendo a Londres a diario para que la amiga con la que vive no se de cuenta. Está divorciada pero sigue llamando a su exmarido, Tom, y mandándole mensajes por teléfono y correo electrónico varias veces al día, principalmente cuando ha bebido, para exasperación de la nueva pareja de éste, Ana.
En su diario viaje a Londres, el tren en el que viaja Rachel para en un semáforo cerca de la vivienda en la que había residido con su marido en la que él sigue viviendo, con Ana y la hija de ambos. Para no mirar hacia allí, Rachel mira hacia otra casa cercana en el patio de la cual suele ver a una mujer sobre cuya vida comienza a fantasear inventándole un nombre a ella y al hombre con el que vive montando en su cabeza una idílica película sobre la pareja que parece desmoronarse cuando ve que la chica besa a otro hombre y sobre todo cuando la mujer a la que mira desaparece.
La actitud de mera observadora, aunque obsesiva, de Rachel pasa a ser real al involucrarse en la historia e informar de sus observaciones a la policía ya que parece que ésta sospecha del marido de Megan, la mujer desaparecida, cuya tormentosa vida también seguimos con sus propias palabras. Aparentemente feliz con su marido (o eso percibe Rachel desde el tren), lleva una doble o triple vida y soporta un pasado que no sospechamos. Su propio relato nos va llevando de sospechoso en sospechoso como buen libro de intriga.
Entre trago y trago, Rachel las va liando de a kilo, mezcla realidad, ficción, imaginación, sueños y flashes de realidad que de vez en cuando hacen que recuerde episodios que no sabe si ocurrieron o no incluso de la famosa noche en que Megan desapareció y todo ocurrió. Toma contacto con el marido de Megan fingiéndose amiga de ella, discute con su exmarido, que parece un santo varón que soporta todo los problemas que le sigue dando su ex, tiene problemas con la policía y poco a poco vamos adentrándonos en una trama que nos va envolviendo y haciéndonos cambiar de opinión respecto de los personajes a cada paso, avanzando en una historia que, lejos del folletín de amores y desamores que casi esperaba, se acaba convirtiendo en un thriller sin detectives ni casi policías (los que hay no ven más allá de su nariz) que nos engancha. 
Al final me acabó gustando y desde luego es recomendable para las psicólogas de los Centros de la Mujer. En la historia podemos ver ilustrada la dependencia emocional, la falta de solidaridad entre mujeres, las ideas preconcebidas sobre determinadas personas y relaciones, la tendencia a considerar enajenadas a las mujeres cuando su comportamiento afectivo o emocional no responde a lo esperado, la diversidad de reacciones masculinas al enfrentarse a los problemas o a sus parejas... También podemos ver modernas formas de control del móvil o el ordenador, ideas de psicología barata tenidas por verdaderas y que influyen en muchas preconcepciones, maltrato psicológico...
Pues eso, que no me parece tan estupendo como para que se haya vendido tanto, pero que el libro no está mal, así que hay que leerlo, ya que desde luego que resulta absorbente, casi adictivo, que comienzas a leer a leer y a lo tonto te has tirado un par de horas y sigues leyendo. No obstante, no se si tendrá ese mismo efecto en los lectores masculinos, que no salen bien parados, aunque la autora reparta leña para ambos sexos. Ya me contaréis.

sábado, octubre 10, 2015

Vigésimo séptimo libro 2015: "El urinario", de Lorenzo Silva.

En realidad es el vigésimo octavo pero como el comentario a La chica del tren no acabo de cuadrarlo, he colado éste.
"El urinario" es un libro corto y con bastantes años (es de 1999, que ya fue siglo pasado) que me animé a leer por lo llamativo del título, que no hace que imaginemos su temática a primer vistazo, y, claro está, por el nombre del autor, el padre de Bevilacqua y Chamorro, los miembros de la Benemérita a quienes he seguido en varios libros con la misma paternidad. En el prólogo Lorenzo Silva afirma que este libro forma una especie de trilogía temática (su trilogía "laxa") con "La flaqueza del bolchevique" y "el ángel oculto" y que es una forma de representar seres anodinos a quienes no se ha venido dando prácticamente ningún papel en la literatura.
Comenzamos la obra conociendo que el protagonista de la misma ha sido atropellado en el Paseo de la Castellana de Madrid (mal empezamos para que la obra acabe bien) y le acompañamos leyendo las dos cartas que, con aparente intención suicida, ha dejado al Juez y escribiéndolas en la habitación del hotel de Bonn donde asiste a un seminario sobre cambios legislativos en la Unión Europea enviado por banco para el que trabaja.
Aparentemente nuestro pre-suicida es un hombre de éxito que trabaja para un banco a cambio de un sueldazo, con una novia guapísima y con un tipazo que además es rica y lo quiere. En principio el futuro profesional, económico y familiar del protagonista no presenta sombras amenazantes. No obstante, mediante el relato del seminario (aburrido de narices, para mí) que nos cuenta con pelos y señales casi siguiendo su desarrollo y apuntes minuto a minuto (y un terrible sueño que nos sorprende entre medias) consigue transmitirnos el hastío que en el fondo sufre, el desencanto con su vida que parece que lo agarra solamente, o por lo menos más, cuando se mira al espero de un baño público. De ahí el título.
Nada es lo que parece y este anodino personaje que debería estar dando gracias al Altísimo con su tren existencial, parece ejemplificar al hombre actual que sigue las pautas marcadas por el ritmo laboral y profesional en boga y que cumple incluso los estándares que le llevan al éxito social, pero que no está a gusto consigo mismo, que siente que no ha conseguido nada a su edad (¡¡28 años cumplidos tres días antes!!) y que incluso piensa en acabar con todo. Pero como nada es lo que parece tampoco el final se parece al principio o el principio no tiene nada que ver con el final que esperamos, que viene a ser y no ser lo mismo.
Se lee bien y hace pensar pero no es un libro recomendado en caso de depresión, desempleo o descontento vital. Mejor leer otro más entretenido del mismo autor.

jueves, octubre 01, 2015

Vigésimo sexto libro 2015: "Perfiles", de Woody Allen.

Menos las últimas, que ya me han pillado cuasienclaustrada con madre, me he visto casi todas las películas de Woody Allen, había leído un par de cosas ("Cómo acabar de una vez por todas con la cultura" y "Cuentos sin plumas") e incluso tengo un disco suyo ("Wild Man Blues") tocando el saxo con su banda de jazz, así que definitivamente debo decir que me gusta Woody Allen, así que me he vuelto a divertir con su "Perfiles", aunque debo reconocer que no es bueno leer relatos cortos del mismo autor todos seguidos porque se saborean menos. El próximo libro de relatos que tengo pendiente ("La vida difícil" de Slawomir Mrozek) lo leeré dejando varios días entre uno y otro mientras acabo con "La chica del tren" que creo que no me va a acabar de convencer.
Leer a Allen es como acompañarle en una de sus películas en uno de sus poliédricos monólogos mientras pasea por una exposición con Mia Farrow o Diane Keaton. De un tema a otro... sus temas, claro: sexo, libros, Dios, judaísmo, hipocondria, extraterrestres..., con su rico vocabulario, con un humor (negro las más de las veces) del absurdo a la lógica más aplastante y siempre muy divertido siguiendo las vidas y peripecias de unos personajes inventados absolutamente geniales.
Por ejemplo, en uno de los relatos  "El experimento del profesor Kugelmas", este profesor de humanidades cansado de lo aburrido de la vida conyugal con su segunda esposa, contacta con un mago para que ponga exotismo en su vida y metiéndose en una especie de armario del tiempo junto con un libro el profesor vive una aventura con Madame Bovary, ello con los consiguientes problemas que ocasiona su aparición en el libro ya que los cambios que introduce en la vida de la protagonista del libro cambian la trama del mismo y, por tanto, la historia de la literatura.
En "La época nefanda que vivimos", un tal Willard Pogrebin que comienza el relato reconociendo haber disparado al presidente de los Estados Unidos, nos cuenta su vida en la que ha sido sometido a todo tipo de pruebas que harían las delicias de los seguidores de las teorías de la conspiración y que según él explicarían lo que acaba de hacer en lugar de haber acabado tocando a Mendelssohn en el contrabajo o bailando de puntas en alguna de las capitales del mundo, que habían sido sus primeras aspiraciones en la vida.
Copio el primer párrafo de "Justo castigo", otro de los "Perfiles" del libro para que comprobéis el parecido de la prosa de Allen con los diálogos de sus películas y la parte casi autodescriptiva del mismo y, por cierto, que recomiendo el libro, sobre todo si os gusta el autor (si no soportáis las películas de Allen, no abráis el libro).
"Que Connie Chasen sintiese recíprocamente por mí la atracción fatal que yo sentí por ella la primera vez que la vi, es un milagro sin precedentes en la historia de Central Park West. Alta, rubia, de altos pómulos, actriz, erudita, encantadora, irrevocablemente alienada, provista de un ingenio mordaz y observador sólo comparable en su poder de fascinación al húmedo y lascivo erotismo que sugería cada una de sus curvas, era el desiderátum por excelencia de todos los jóvenes de la fiesta. Que ella se liase conmigo, Harold Cohen, veinticuatro años, nariz larga, voz quejumbrosa, escuálido y dramaturgo en ciernes, era como poner un rebuzno al lado de una sinfonía. Es verdad que tengo cierta facilidad de palabra y puedo sostener una conversación sobre un repertorio amplio de temas, pero me pilló de sorpresa que aquella soberbiamente proporcionada aparición reparase en mis exiguas dotes de forma tan rápida y completa".

jueves, septiembre 24, 2015

Vigésimo quinto libro 2015: "Lo que no te mata te hace más fuerte" de David Lagercrantz (Milliennium 4).

Aunque después del libro anterior cualquier cosa que me hubiera leído me habría parecido amena, el cuarto libro de la serie Millennium se me presentaba con doble filo: por un lado, la promesa de continuidad de los tres anteriores libros de la serie que me gustaron (ninguno como el primero, claro) pero, por otro, la posibilidad de decepción pues Stieg Larsson falleció y este cuarto lo ha escrito un autor desconocido para mi a quien no interesan en modo alguno como lectura las biografías de futbolistas (y menos si tienen tan mal genio como Ibrahimovic). Y además sabiendo que es un libro enteramente nuevo y no la continuación de las 200 páginas que Larsson dejó escritas. Me daba cosa que Salander y Blomqvist no se parecieran mucho a los personajes con los que estaba familiarizada.
Pues bien, ha habido de las dos cosas con este "Lo que no te mata te hace más fuerte", que es el título que tiene el libro en castellano y que toma de una frase de Nietzsche que sale en él.
Los personajes principales de los otros tres libros están presentes en este cuarto pero son y no son los mismos.
Parece que el autor ha trabajado más el personaje de Blomkvist que el de Salander aunque cambia muchas cosas de ambos. El periodista aparece como un super-periodista con una gran trayectoria pero no parece que haya escrito mucho más que lo que publicó tras las aventuras de los libros de Larsson. Han pasado ocho años desde la publicación del último y tanto Mikel como Salander no han evolucionado mucho pero sí cambiado su carácter en algunos aspectos, lo que me ha mosqueado bastante.
El periodista es muy famoso pero su situación afectiva y personal está en Millennium 1 o peor porque ya no se le tira al cuello cada mujer con la que se cruza y parece que sigue con el acuerdo con la directora de su revista con la aquiescencia de su marido.
Creo que el tiempo está bastante mal medido ya que cada capítulo aparece encabezado con la fecha (aunque no especifica el año) y no da tiempo a que ocurran tantas cosas y se escriba tanto y tan rápido en tan pocos días y sea tan fácil que la gente cuente cosas que, casualmente, resultan utilísimas para seguir la historia. Por ejemplo, reaparece Holger Palmgren, el antiguo tutor de Listbeth, que se ha recuperado "milagrosamente" de dos derrames cerebrales y que habla como un conferenciante de Oxford sin secuela alguna de sus ataques, aunque en otro de los libros apenas se le puede entender y contando cosas con todo lujo de detalles que no contó antes a Blomqvist aunque ya había hablado con él en otro libro. Será que como la Salander le pagó la terapia, igual funcionó divinamente y el señor está mejor que cuando tuvo que dejar de ser su tutor precisamente por su incapacidad. Y otra señora, madre adoptiva de Camila, la hermana mala-malísima de Listbeth, cuenta a Mikel su historia como si tuviera preparada la entrevista.
Resulta un poco pesado que se cuenten episodios o historias que salen en los otros libros como si lo hablaran en una conversación normal. A quienes los leímos nos sobran y a quienes sea éste el primer libro no le aportan mucho.
Y mi Salander aparece poquísimo en la primera parte del libro y cuando lo hace aparece vestida como en el primer libro, con la habilidad que había demostrado en otros para cambiar su look y como si la pobre se hubiera quedado estancada en la estética de su primera aparición. Además hay rasgos de su carácter que difieren un poco de la Salander que conocía, aunque tiene episodios que la recuerdan mucho.
Y luego están los personajes nuevos que tienen que ver con la trama de este cuarto libro que es el espionaje industrial mediante hackers informáticos, tanto gubernamentales como delincuentes (aunque lo segundo no excluye a lo primero). Un famoso informático medio asperger pero listísimo, que se topó con una trama de secretos y esponajes, (de cosas así como lo de Wolkswagen, de espionaje industrial para beneficiarse con las ventajas conseguidas o con las ventas realizadas), vuelve a Suecia para cuidar a su hijo autista pero que pese a no hablar dibuja con una calidad fotográfica y casi 3D y sin haber recibido ningún tipo de formación ni cuidado ni nociones hace ecuaciones y curvas como el mejor de los matemáticos y es capaz de diseñar algoritmos que ni la Salander.
La historia resulta entretenida y se lee rápido. Engancha casi como los otros pero no me parece tan sólida. Los personajes son más planos, buenos o malos, con moralidad y principios o amorales y capaces de cualquier trampa para conseguir sus fines. Además, aunque trabajan en sitios donde se valora tener la boca cerrada, ojo lo que se llaman por teléfono y cuentan los secretos como quien habla del tiempo.
También parece haber olvidado alguna de las cruzadas de Salander y la hace funcionar casi por venganza hacia su hermana, como heredera del imperio de su padre. Claro que con este enfrentamiento entre hermanas pueden llover otros cuantos Millennum más. Sólo me recuerda a la Salander de antes la forma en que se enfrenta a la pareja de la madre del niño autista y a su amiga por haberle maltratado.
En conclusión, que no está mal, pero no es Stieg Larsson.

martes, septiembre 15, 2015

Vigésimo cuarto libro 2015: "W de Whisky" de Sue Grafton.

Lento, aburrido, insípido... salvo cuando coge carrerilla al final, si se ha sido capaz de llegar.
Claro que no se le ocurre a nadie (que no sea yo) ponerse a leer como primer libro de una autora de la que nada había leído (Sue Grafton), y de su personaje estrella (Kinsey Millhone), el que hace de número 23 de su "Alfabeto del Crimen", que, como de su nombre se desprende, pretende un libro con cada letra del abecedario, y voy yo y me pongo con la W, que ya deben andar la autora y su personaje como el título en inglés del libro: "Wasted" (agotado, exhausto).
Y esa es otra, que como no hay muchas palabras en nuestro idioma que comiencen por uve doble y había que mantener la línea de la serie del alfabeto, pues le colocaron otro nombre en castellano "W de Whisky" que aunque el primer cadáver y sus amistades le daban bastante al "dinking" tampoco tiene mucho que ver con el tema del libro que, por cierto, tarda en aparecer más de tres cuartas partes, durante las que nos limitamos a acompañar a Kinsey en su deambular dando palos de ciego por el mundo de los sin techo como heredera y albacea de un sin hogar con más de medio millón de dólares en la caja de seguridad de un banco, que no se en los United States pero lo que es en Spain no se puede ser a la vez albacea y heredero, sobre todo si el causante se salta las legítimas y deshereda a sus tres descendientes sin mucha justificación en el testamento.
Pero como América es América y no conozco mucho su derecho sucesorio, no me voy a meter a impugnar testamentos que ni siquiera sus legitimarios discuten mucho.
Bueno, que la novela (que perfectamente os podéis ahorrar) comienza, como la mayoría de las de detectives, con la aparición de un cadáver que aparentemente llegó a ser tal por muerte natural del vivo que antes era, consecuencia al parecer inevitable de su abuso del alcohol. Pero como el muerto lleva en su puño un papel con el nombre de la detective Kinsey Millhone la buscan y ella no tiene mucho trabajo entre manos, por no decir que hace la tira que no huele a un cliente, pues comienza a investigar y resulta que el cadáver y ella eran como primos lejanos ya que ella es hija del tío favorito del fiambre que además le ha dejado en herencia la indemnización que le pagaron por haber cumplido un tiempo en prisión por un homicidio que luego se demostró que no había cometido aunque ni su exmujer ni sus hijos acaban de creer en su inocencia ni en sus promesas de abandono del alcohol.
Paralelamente seguimos a otro investigador privado, con menos escrúpulos que la protagonista y que aparentemente no tiene nada que ver con la trama, quien mientras haciendo un seguimiento para probar una supuesta infidelidad da con un turbio asunto de medicamentos y subvención es y es asesinado.
Las historias se cruzan sin muchos razonamientos y los personajes resulta que incluso se conocen como si en lugar de vivir cada uno en un lugar de Estados Unidos fueran mismamente de Quero. Y mientras asistimos a tediosas y aburridas descripciones de lugares sin importancia porque por ejemplo describe un salón como si fuera importante o pudiera ser escenario de un crimen y resulta que no, que simplemente le ha dado a la autora por describirlo, sin muebles de época ni aparatos de diseño ni nada, sino un mero salón de una casa vulgar. Debe ser deformación profesional de la autora que en su día trabajó de guionista de series de televisión. Describe acciones y personajes que nada tienen que ver con el tema central de la novela y nos cuenta cosas de sus vecinos y del gato de los vecinos que interesan cero al argumento de manera que la trama no avanza, aunque el libro se salva al fina donde toma velocidad e interés e incluso incluye una pelea entre la detective y el malo en la que éste intenta matarla con un bisturí (en el jardín de la casa de Kinsey) y ella se defiende con una silla plegable.
Pues eso, que no he quedado muy animada a seguir explorando el alfabeto del crimen porque por poco puedo acabar éste ya que encima he ido colando capítulos de Millennium-4 que, pese a no ser antológico, es mucho más rápido y más entretenido (ya os contaré).

jueves, agosto 20, 2015

Vigesimotercer libro 2015: "También esto pasará" de Milena Busquets

Pensé al comenzar a leer este libro que se trataría bien del homenaje a la madre muerta, bien la crítica destructiva a la misma culpándola de todos los males de la hija supérstite, pero, aunque hay algo de esto último, desde luego poco homenaje a la madre se ve, salvo por comparación con la hija en los pocos pincelazos que deja de su progenitora. Pero como sabemos que Milena Busquets es hija de Esther Tusquets, pese a que la protagonista del libro se haga llamar Blanca, no se nos escapa la idea de que habla de la fallecida escritora y fundadora de la Editorial Lumen.
Pero la primera impresión desaparece pronto y según se avanza y hasta el final acompañamos a la protagonista en unos días de vacaciones de gente bien en Cadaqués. La protagonista, con sus dos exmaridos, sus hijos (uno de cada uno) y alguna amiga, pasan unos días en esa localidad que había sido siempre la de vacaciones de su madre muerta, donde también veranea con su mujer el actual amante de Blanca y un desconocido con el que también coquetea. Playa, barquito, perros, porros, sexo y relaciones aparentemente abiertas y poco más. Lleva razón la novia de uno de los ex que habla de ella como de "la niña pija que vive de renta, que no ha pisado un hospital público en su vida y que protesta cuando quedamos en los «barrios bajos»" acusándola de vivir en una jaula en modo fantasía inventado que no tiene que ver con la realidad.
Parece que, más que sentirlo, le sienta mal o le molesta que se haya muerto su madre y no hace más que quejarse de ciertas costumbres de la misma y de lo que parece que se resistió a la muerte al final, y eso que no parece que tuviera que responsabilizarse mucho de su cuidado ya que estuvo o en una residencia o en casa con atención de mujeres contratadas para ello y ni siquiera se quedó con ella en el hospital la noche que murió.
Me imagino que a la gente que tenga ese tipo de vida puede que le guste el libro pero a mi me ha parecido un poco tomadura de pelo. Podría haberle sacado mucho más partido a la muerte. Es como si estuviera contando las vacaciones y tras el fallecimiento añadiera el principio y el final y alguna que otra frase suelta sobre el tema. Total para convencerse de lo poco que le afecta la desaparición al modo Escarlata O'Hara, aunque al menos ella se proponía pensarlo al día siguiente, mientras la protagonista del libro, lejos de sumergirse en el dolor de la pérdida, pasa los días de vacaciones y ligoteos para convencerse de la transitoriedad de ese dolor. Como también pasará, pues ya está solucionado.
Pues eso, que pese a las maravillosas críticas recibidas por el libro, y aunque la autora no escribe mal, el libro no me ha gustado. Demasiado frívolo para el tema que atraviesa sus páginas y que la protagonista espera que pase, como todo.
Por cierto, que buscando si Esther Tusquets era la madre de Milena Busquets se me ha aparecido una Wikipedia catalana (Viquipèdia, L'enciclopèdia lliure) que refleja en el apartado de "nacionalidat" de la autora la "catalana" aunque refleja que es "escriptor" en "llengua castellà". Vivir para leer.

viernes, agosto 14, 2015

Vigésimo segundo libro 2015: "El mundo azul. Ama tu caos" de Albert Espinosa.

Confieso que no me hubiera leído este libro si no me lo hubiera llevado a casa mi primo Gregorio con el que ya he intercambiado impresiones al respecto.
Tengo una reconocida animadversión a los libros que tienen más título que contenido y a este autor parece que se le da muy bien encontrar un título con gancho ("Si tú me dices ven lo dejo todo, pero dime ven", "Todo lo que podríamos haber sido tú y yo, si no fuéramos tú y yo", "Brújulas que buscan sonrisas perdidas"...) y ya se encarga él mismo de su autobombo en su propio prólogo.
No había leído nada suyo pero algo me predisponía en su contra. Y tras leer este libro mis sospechas se han confirmado.
Eso sí, es un libro anti-presbicia: tiene un tipo de letra muy hermoso y una buena interlínea, tirando a exagerada en los diálogos cuyas líneas distan casi centímetro y medio.
Me da la impresión que este libro tiene mucho futuro entre quienes leen poco. Frases sueltas como para twitter, grandilocuentes, una historia simple y casi sin desarrollo, letra grande y pocas páginas.
Parece que Albert Espinosa sufrió en su infancia enfermedades que le han dejado huella y un filón de temáticas al respecto al que está sacando rendimiento agotando el tema de la enfermedad en la infancia.
En "El mundo azul. Ama tu caos" un niño sin nombre, sin padres ni familia y que lleva años enfermo recibe la noticia de que le quedan dos o tres días de vida, así que le da un puñetazo al médico que se lo comunica y decide marcharse a un lugar llamado "El Gran Hotel" del que ha tenido conocimiento por un antiguo compañero de cama en el hospital, lugar al que supuestamente sólo pueden ir quienes estén al final de sus días y no tengan familia, requisitos que cumple el protagonista por lo que es admitido.
Viaja a una isla donde conoce a otros niños y niñas que organizados en grupos de diez con un líder comen y organizan la despedida de los que van muriendo hasta que no queda ninguno de los diez y el líder del siguiente toma el relevo. Todo ello con la idea del que el supuesto caos (que yo no veo mucho) en el que viven sea respetado y puedan vivir sus últimos momentos haciendo lo que quieran y asumiendo la muerte.
En el libro no pasa casi nada y no le veo mucha relación a la trama con el título del libro cuya mayor ventaja es que como es corto se acaba pronto.
Me ha recordado un poco, salvando las distancias y en light, a "El Señor de las Moscas", digo yo que por lo de los niños solos en una isla tratando de autoorganizarse. Y por lo de las frasecitas a libros tipo ¿Quién se ha llevado mi queso?
En fin, podéis probar porque igual soy la única a quien no ha gustado porque no he encontrado ninguna crítica.

jueves, agosto 13, 2015

Vigesimoprimer libro 2015: "El efecto Marcus" de Jussi Adler-Olsen.

Este es el quinto libro que el autor danés Jussi Adler-Olsen dedica a su personaje el subinspector Carl Morck y a su ya famoso Departamento Q. Este departamento se creó en el primer libro de la serie ("La mujer que arañaba las paredes") con la idea de investigar casos antiguos que la policía no había conseguido resolver. 
Con un espíritu presupuestario nada nórdico, el Departamento A quería "pillar" una partida económica bastante alta dedicada a la idea para adecuar las instalaciones de los departamentos que investigaban casos nuevos y destina al nuevo Departamento Q únicamente al subinspector Carl Morck, a sabiendas de su carácter perezoso, relegándolo al sótano de la comisaría pensando que se limitará a dar un repaso a los casos antiguos antes de darles definitivo carpetazo.
En principio nuestro protagonista no tiene muchas ganas de sacar adelante el trabajo. Está convaleciente de un ataque en el que murió un compañero y otro quedó tetrapléjico, y del que en cierto modo se culpa, y recién salido también de un divorcio que le dejó un "hijo postizo" (el hijo de su exmujer) y la obligación de visitar a su exsuegra en la residencia en la que vive.
Al principio no tiene ni personal pero comienza a ayudarle en sus pesquisas Assad, un árabe encargado de las escobas en el sótano, con una inteligencia fuera de lo común que entre oración y oración y entre taza de te y taza de te, va convenciendo a Carl de que el trabajo puede funcionar.
Lejos de fracasar en el encargo, el Departamento Q, entre los efluvios de los potingues de Assad y el humo del tabaco que Carl no se corta de fumar, comienza unas exhaustivas investigaciones que repasan el trabajo que ya realizaron otros policías y cubren los huecos que dejaron en las mismas hasta resolver varios casos importantes que suponen que el departamento siga adelante y las instalaciones se hagan algo más habitables, aunque a Carl no le interesan ni un hipotético ascenso en su carrera ni abandonar su sótano donde se siente independiente y pude echar alguna que otra cabezadita.
En el tercer libro aparece Rose, una especie de secretaria con doble personalidad, una estrambótica forma de vestir y el pelo cada día de un color, pero que pese a los choques que su forma de ser provoca, poco a poco se va convirtiendo en otro miembro insustituible del departamento Q. Tres personalidades muy diferentes y bastante raritas que comparten un humor negro que es uno de los alicientes de las historias y que van realizando un encomiable trabajo policial, muy "a su bola" eso sí, que acaba sacando a la luz qué paso en cada desaparición o asesinato y quienes fueron los culpables.
En este quinto libro aparece Gordon, un policía bastante patoso y al que Carl no traga que parece nacido para poner zancadillas al caso, además de tener algún que otro affaire con Rose en el despacho. Assad, como siempre intenta que haya entendimiento entre todos aunque cada uno tenga una personalidad muy diferente al resto.
Pero si queréis familiarizaros con el Departamento Q os recomiendo comenzar por el primer libro porque este último tal vez sea el que menos protagonismo da a los personajes del mismo. El verdadero protagonista es Marcus, un adolescente que vive en una especie de patio de Monipodio dedicado al pillaje y a la delincuencia en Copenhague bajo la férrea dirección de Zola, que maneja a su antojo a un grupo de menores a los que ha convencido de ser gitanos, dedicados a la mendicidad y a la rapiña, y a los que no duda en mutilar para que con sus incapacidades le resulten más fructíferos como mendigos.
Marcus, que pese a su vida y origen destaca por su inteligencia, su capacidad para aprender idiomas y su amor a la lectura, comienza a desear otro tipo de vida y a poner en duda el liderazgo de Zola siendo así que, cuando tras un enfrentamiento con él, escucha a éste decir a su propio padre que tiene intención de mutilarlo para que no pueda huir y le resulte más rentable, toma la decisión de marcharse descubriendo en su huida un cadáver que Zola y sus esbirros habían enterrado en una de sus otras actividades delictivas paralelas.
Como el famoso aleteo de la mariposa de la teoría del caos que provoca el tsunami al otro lado del mundo, el intento de cambio de vida de Marcus provoca un efecto dominó que va sacando a la luz las vergüenzas de un sistema corrupto de administración de los fondos de ayuda para África en el que están implicadas varias personas importantes y un banco. Todo ello acaba relacionando a Marcus con el Departamento Q, entre cuyos casos pendientes se encuentra la desaparición de la persona cuyo cadáver descubrió nuestro pequeño protagonista.
Rose encuentra un antiguo cartel en el que una niña buscaba a su padrastro y que había destapado Marcus al hacer sitio para pegar otro cartel y se percata que la persona buscada es la misma que ellos tienen en uno de sus casos empeñándose en priorizar su investigación pese a que su jefe no está mucho por la labor.
La mayor parte del libro relata la angustiosa huida de Marcus por las calles de la capital danesa. Lejos de poder reconstruir su vida (trabajaba, tenía un hogar y estaba ganando dinero) se ve obligado a esconderse porque le persiguen desde varios frentes.
Las persecuciones son trepidantes, que acaba una cansada de leer cómo corre Marcus como si le acompañara en sus carreras. Tras escapar de algunos de sus antiguos compañeros, es perseguido por antiguos niños soldados africanos y luego por gente del Este e incluso la policía a la que Zola intenta convencer de que el asesino es el niño. Marcus está a punto de abandonar (se repite su machacona idea de acabar bajo las ruedas de un camión) y parece que el Departamento Q no le va resultando de mucha ayuda hasta casi el final.
Es un libro muy entretenido, si bien me gustaría que intervinieran más los miembros del Departamento Q, aunque seguimos algún fracaso sentimental del subinspector y la mejora de la salud de Assad que quedó lesionado en el libro anterior. Pero para el verano es un libro "cuanto cabe".
De los anteriores libros ya se han hecho dos películas aunque no tienen mucho que ver con los libros. Se pueden ver, si os gusta el cine negro nórdico (con poca música, poca acción y pocos diálogos), pero no esperéis Hollywood. Además que siguen las historias como por los pelos y no respetan para nada la personalidad de los protagonistas. No hay humor, que es lo más atractivo de los libros y se echa de menos el ambiente del Departamento Q que tan bien reflejan.
No obstante, si os interesan, la primera película, que se ocuparía del primer libro ("La mujer que arañaba las paredes") y que no respeta ni el título, se llama "The Keeper of Lost Causes" (el guardián de las causas perdidas) y en castellano la han titulado "Misericordia" y la segunda, que iría sobre "Los chicos que cayeron en la trampa" se llama "The Absent One" y en castellano "Profanación". Pues eso, que cada uno adapta los libros como quiere y luego cada cual adapta los títulos como le da la real gana.

miércoles, julio 29, 2015

Vigésimo libro 2015: "La detective miope" de Rosa Ribas.

Si queréis leer algo de esta autora no es este libro el más recomendable. Me gustó mucho "El gran frío" (que escribió al alimón con Sabine Hofmann) pero éste os lo podéis saltar si queréis. Y el caso es que el personaje protagonista merece la pena y es una lástima que lo acabe desperdiciando con una trama tan simple.
El libro se apoya en la pregunta que ya incluye en la portada "¿Sabes que entre tú y cualquier persona en el mundo hay como mucho seis grados de separación?" pero abusa tanto de las casualidades que acabamos dudando de que eso pueda ser así aunque a la prota le cuadre el tema.
La detective Irene Ricart perdió a su marido, que era policía, y a su hija asesinados por nadie sabe quién. Como consecuencia del trauma es ingresada en un centro psiquiátrico donde pasa varios meses vegetando en el mismo banco del jardín hasta que un día lee la frase que aparece en el libro y decide que debe salir y averiguar qué pasó a su familia para lo que, después de convencer a los médicos de su curación, busca y encuentra trabajo como detective en la Agencia Marín donde pretende resolver los  primeros cinco casos que se le presenten en la idea de que por la teoría de los seis grados cuando llegue al sexto averiguará quién asesinó a su familia y va asumiendo casos bastante anodinos y sin conexión entre sí a la vez que va perdiendo un par o tres de dioptrías en cada nuevo avance y el caso es que le funciona el invento. No me preguntéis cómo.
La descripción de los compañeros y compañeras de la agencia, cada uno con su genio y sus problemas, así como la forma de trabajar y de ser de la propia Irene me las hacían prometer felices en la novela pero me acabó decepcionando mucho. Tal vez si la autora hubiera encontrado una trama un poquito más seria o más verosímil o hilara mejor las relaciones que hacen llegar a Irene a las conclusiones que llega me habría gustado más porque no acaba de describir bien a la protagonista como loca que sigue un camino de locura en su investigación y acaba acercando pero tampoco presenta los sucesos como de desarrollo creíble. Un poquito floja la cosa y no cabe esperar un mayor desarrollo del personaje porque el libro es de 2010 y la autora abandonó a su suerte a su personaje sin haber intentado una nueva novela con ella.

viernes, julio 17, 2015

Decimonoveno libro 2015: "Sumisión" de Michel Houellebecq.

No se cómo me he vuelto a poner con un libro de este autor cuando no pude terminar "Las partículas elementales" porque me daba asco el protagonista. Pues, vuelta a tropezar con la misma piedra, vuelta a sentir asco por el François de "Sumisión". Y es que a ver si a ser que al autor le gustan estos personajes porque se identifique con ellos porque tampoco es que me resulte muy atractivo Houelebecq.
Bueno, en el fondo tenía pendiente este libro porque tal vez me creí parte de lo que de él decía la publicidad en el momento de su lanzamiento y pensé que se trataría realmente de un relato de una Francia gobernada por un partido islamista, una especie de distopía que hacía a sus panegiristas comparar este libro del siglo XXI con lo que fueron al siglo XX "1984" o "Un mundo feliz". Y voy y caigo. Porque además al libro le vino como anillo al dedo el atentado de Charlie Hebdo para lograr una difusión que de otra forma igual habría sido menor.
Pero va a ser que no. Que no es nada de lo que me esperaba y que el libro es una simple novela que utiliza como telón de fondo una Francia no demasiado lejana en la que supuestamente las cosas se han salido tanto de madre que está al borde de la guerra civil y que tras unas elecciones en las que los partidos tradicionales han sido dados de lado por el electorado y, ante la alternativa de elegir en segunda vuelta entre el Frente Nacional de Marine Le Pen y un supuesto partido islamista llamado Fraternidad Musulmana de un tal Mohammed Ben Abbes, los votos franceses se decantan por este último, no tanto por libre decisión, como porque los partidos que antes se turnaban en el gobierno prefieren como mal menor al partido islamista y así hacen llegar sus consignas para la segunda vuelta.
Aparentemente, Ben Abbes lo único que quiere es hacerse con el sistema educativo y unificar unos territorios que se corresponderían con el antiguo imperio romano, pero ahora bajo el dominio del Islam, supuestamente moderado (para los hombres, claro).
Pero el libro no se centra en la problemática política que supondría un cambio tan radical en un país occidental (y en los del alrededor que, aunque no han tenido elecciones, parecen evolucionar paralelos a Francia) sino que acompañamos al protagonista del libro en la cotidiana labor de mirarse el ombligo (o, normalmente, algo más abajo) preocupado porque habiéndose dedicado toda su carrera como profesor a elegir a qué alumna tocaba tirarse ese año, ahora parece haber visto reducida su capacidad de disfrute sexual y además la última novia que tenía se le marcha a Israel. 
François (que ojo la cantidad de François y Marie-Françoise que hay en el libro) es un profesor universitario de literatura de Paris-Sorbona-3 que dedicó varios años de su vida a su doctorado sobre un escritor bastante pesimista del siglo XIX llamado Joris-Karl Huysmans quien, tras una anodina vida de funcionario, escribió varios libros y acabó ingresando en un monasterio. Tras el doctorado, François es contratado por la universidad y comienza a dar clases publicando algo de vez en cuando y a tener relaciones con alumnas que solo duran el año lectivo. No parece tener ninguna inquietud religiosa ni estar demasiado interesado en política ni en mantener una relación más duradera que las que tiene ni tratar con su familia (su madre muere y no se entera y de su padre le interesa más la herencia que su fallecimiento). Cuando se queda sin pareja recurre a las relaciones pagadas o conseguidas por Internet y no parece valorar a ninguna mujer como otra cosa que no sea un objeto sexual. Tampoco aparenta tener mucho trato con ningún compañero, despreciando a la mayoría, y con una compañera solo para obtener información de las comidillas universitarias.
Coquetea con un suicidio intelectual, pero cuando tras las elecciones considera que puede correr peligro opta por huir de París, ciudad a la que no regresa hasta que se han tranquilizado un poco los ánimos. No está mucho tiempo fuera pero parece que salió de Francia y regresa a Arabia Saudí, aunque a él no parece molestarle mucho. La universidad ha sido adquirida, como si se tratara de un equipo de fútbol, por unos saudíes que le han prejubilado con toda su pensión íntegra y que han despedido a todas las mujeres de la universidad y prejubilado como a François a todos los hombres que no se hayan convertido al Islam.
El protagonista, que algunos ratos me parece un poco lelo, comienza a ver que algunos de sus antiguos compañeros menos preparados que él (no se cómo sería ello posible) han vuelto a la universidad con su sueldo triplicado y casados con entre una y tres mujeres jovencitas porque se ha legalizado la poligamia. Y, milagro, empieza a plantearse la conversión... 
En fin, que la historia es poco creíble y me ha puesto de mala sombra porque los cambios se producen con toda tranquilidad y con unos mínimos disturbios anecdóticos. Las mujeres desaparecen del espacio público y si salen no muestran un tobillo ni por casualidad pero tampoco ninguna parece reaccionar. La única que hace algo es la última pareja de François, Myriam, pero no hace sino marcharse de Francia y no por ser mujer sino porque es judía y su familia emigra a Israel.
Por último, decir que me parece que el tiempo está muy mal medido, que el fondo que relata no es posible en tan poco lapso temporal. En fin, que aunque podría sacársele punta al libro sobre los tejemanejes políticos que llevan al gobierno al partido islamista y ver similitudes con otras fuerzas políticas y otros países, ello no justifica por sí la necesidad de tragarse el resto. Que, en definitiva, no me ha gustado nada de nada. Y que siento que el autor deba llevar escolta, pero que si los terroristas islámicos se leyeran el libro no solo no lo perseguirían sino que le invitarían a comer por favorecer las conversiones.

jueves, julio 02, 2015

Decimoctavo libro 2015: "El Gusano de Seda" de Robert Galbraith (J.K. Rowling).

Acabo de terminar el segundo libro que publica J.K. Rowling con el seudónimo de Robert Galbraith (aunque J.K. no deja de ser también seudónimo porque se llama simplemente Joanne Rowling sin k por ningún sitio).
Como el primero ("El canto del cuco") me gustó mucho, he repetido y éste tampoco está mal. 
Creo que las novelas de detectives le van a dar mucho juego a la Rowling y que ha encontrado un gran personaje, o tal vez dos: Cormoran Strike y su, de momento, secretaria Robin (Robin Venetia Ellacott). Que si parece que le gustan a esta autora los pájaros: el cuco del primer libro, el nombre del detective (aunque se llame así no por el pájaro sino por el gigante de Cornualles) y Robin, que significa petirrojo (me lo adelantó mi amigo Pedro que se leyó el libro antes que yo).
Cormoran, a quien todo el mundo se empeña en llamar Cameron (y solo hay que tratar de pronunciar el nombre en inglés para saber por qué) es un detective atípico, tanto desde el punto de vista físico como por su forma de trabajar. 
Físicamente destaca por su gran estatura pero, sobre todo, por el hecho de faltarle una pierna desde poco más abajo de la rodilla. La perdió en un atentado en Afganistán.
En cuanto a su forma de trabajar es serio, concienzudo y respetuoso en los procedimientos siempre que puede. Fue investigador en el ejército y sigue utilizando métodos profesionales.
En relación a su vida personal, Cormoran, seguidor del Arsenal, es hijo extramatrimonial (reconocido solo tras la correspondiente prueba de ADN) de John Rokeby, un famoso cantante de rock con el que no se relaciona, tiene varios medio hermanos y una medio hermana y acababa de terminar una relación de varios años con una mujer muy guapa pero que lo traía por la calle de la amargura, no obstante lo cual, en este segundo libro el fantasma de Charlotte todavía sigue sobrevolando la vida de nuestro detective.
Cormoran abrió una agencia de detectives que funcionaba malamente al comienzo del primer libro pero por un error de la agencia de contratación le envían como secretaria temporal a Robin, una joya en bruto que se muere por colaborar en las investigaciones de su jefe ya que parece que es su vocación frustrada y que ayuda a su jefe a centrarse en el trabajo.
Robin es muy guapa y tiene un novio al que quiere mucho pero excesivamente controlador y, quiero pensar, manifiestamente suprimible en posteriores libros. Dejó a medias la carrera de Psicología y despreció un trabajo bien remunerado en el Departamento de Recursos Humanos de una gran empresa para trabajar por mucho menos dinero en la agencia de Cormoran, lo cual fastidia enormemente a Mathew, el novio de Robin.
A Robin el trabajo administrativo le lleva poco tiempo y tiene la oficina muy bien organizada pero como le encanta ayudar a su jefe aprovecha cualquier oportunidad para asumir otras competencias que Cormoran parece reacio a darle. En este segundo libro descubrimos además que es una experta conductora.
Tras el éxito logrado en la investigación que relataba El Canto del Cuco, la agencia tiene mucha clientela, que incluso paga los servicios de Cormoran, pero casi todo son labores de seguimiento y vigilancia de maridos o esposas supuestamente infieles e investigaciones para divorcios. Todo este trabajo paga las facturas de nuestro protagonista y el sueldo de Robin, pero se le nota un poco aburrido, de manera que acepta un caso, aunque en principio no le promete grandes ingresos, de una clienta a la que dan ganas de achuchar para que espabile cada vez que habla.
Leonora Quine acude a la agencia para que Cormoran localice a Owen, su marido, un escritor mediocre que al parecer tiene por costumbre desaparecer con alguna mujer o para dar la nota y que lo busquen pero que como siempre vuelve porque tiene una hija con discapacidad, la esposa no quiere recurrir a la policía aunque hace ya diez días que falta de casa.
Cormoran toma por buena la versión de la esposa y comienza a buscar a Owen sobre todo porque Leonora, que no tiene mucho dinero, le promete que será la agente de su marido quien pague los honorarios. pero el asunto se complica cuando Cormoran descubre el cadáver del escritor a quien han asesinado de una manera muy poco convencional y que se corresponde exactamente con la forma macabra en que se produce la muerte del protagonista del próximo libro del autor: Bombyx Mori (gusano de seda).
Dado que en el libro, bien escrito pero pornográfico y de mal gusto, pone verde a muchas personas del ambiente literario londinense, con nombres ficticios pero perfectamente reconocibles, y que solo algunas personas han podido leer el manuscrito del todavía no publicado libro, estas personas pasan rápidamente a la categoría de sospechosos (otro autor, la agente del muerto, el editor...), menos para la Policía Metropolitana que centra sus investigaciones en la esposa que parece tener todas las papeletas para ingresar en prisión.
Nuestro protagonista se centra en las personas más cercanas al libro ayudado por Robin, dado que el pobre se pasa medio libro cojeando porque alguien le provoca una caída que le afecta a los ligamentos de su maltrecha rodilla. Y todo ello con Londres sufriendo una tormenta de nieve tras otra, que me ha venido bien el ambiente invernal para refrescar estos días de tórrida ola de calor manchega.
No es que la trama sea tremendamente interesante pero seguimos la investigación, los interrogatorios paralelos a los de la policía y las sucesivas sospechas que pesan sobre distintas personas con creciente interés hasta que en las últimas páginas se resuelve el asunto, de manera bastante sorpresiva al final respecto de la persona que cometió el crimen.
He hablado de dos protagonistas, pero hay un tercero: Londres. Me encanta la forma que tiene la autora de describir las evoluciones de sus personajes por la ciudad, las descripciones de calles, lugares y sobre todo de los pubs, que existen y me he entretenido en buscar en Internet y no me importaría hacer una ruta por algunos de ellos, a ser posible con menos nieve. Como la Rowling no da puntada sin hilo, me imagino que algo tiene ya pensado para rentabilizar el recorrido.
"El gusano de seda" tiene 50 capítulos que están encabezados por frases o fragmentos de obras que no conocía, de autores que en su mayoría no me sonaban tampoco. Estuve investigando nombres y resulta que son autores, sobre todo teatrales, de la época isabelina y jacobina del teatro inglés (Thomas Dekker, Francis Beaumont, William Congreve, Ben Jonson...). Curiosamente incluye varias citas de algunos, pero sólo una de Shakespeare, y no de sus obras más conocidas, y solo otra de Marlowe). No conozco mucho el teatro de esa época pero debía incluir escenas muy truculentas que relacionan estas citas con la obra que comento, en la que además hay referencias a las "intrigas jacobinas" o las "tragedias de venganza jacobinas" en las que podría incluirse la macabra escena del asesinato de Owen.
El libro es muy entretenido y la evolución de los personajes me hace pensar en una larga saga de historias de Cormoran Strike. Sobre todo, porque la Rowling ya anuncia el tercero para septiembre.

lunes, junio 15, 2015

Decimoséptimo libro 2015: "Hasta aquí hemos llegado" de Petros Márkaris.

Se supone que una trilogía está compuesta por tres libros pero éste es el cuarto libro de la trilogía de la crisis de Petros Márkaris, así que igual debería llamarse ya tetralogía. Y esperemos que la crisis no sea tan larga que necesitemos seguir tirando del alfabeto griego y hablar de pentalogía, hexalogía, heptalogía,... aunque por leer libros de este autor griego no sería, que resulta bastante entretenido.
Comienza el libro con una agresión de Amanecer Dorado a Katerina, la hija abogada del protagonista de varios de los libros de Márkaris, el comisario Kostas Jaritos. La agresión trae su causa de la animadversión que los seguidores de ese grupo tienen hacia los extranjeros y al hecho de que la hija de Jaritos no tiene ningún problema en encargarse de la defensa de inmigrantes. Todo el libro está impregnado de crítica a ese generalizado rechazo a los extranjeros del que muchos de los personajes que aparecen en el mismo parecen hacer gala culpándoles de todos los males de Grecia y, sobre todo, de los delitos que se cometen.
El problema familiar del estado de salud de Katerina, e incluso las amenazas que sufre el propio comisario por energúmenos relacionados con Amanecer Dorado, se solapan con la trama principal del libro que comienza cuando tras el suicidio de un tal Makridis, un alemán de origen griego que pretende instalar una planta de energía eólica (suicidio a todas luces indiscutible), aparece un comunicado que pretende hacer ver que la muerte no ha sido autoinfingida. El comunicado, al que siguen otros que parecen reivindicar otras muertes, éstas sí constitutivas de asesinato, aparece firmado por un supuesto grupo que se autodenomina "Los Griegos de los Años Sesenta".
Por los nombre y relaciones que se van descubriendo entre los asesinatos la investigación avanza a trompicones dando bandazos entre historias antiguas de la Guerra Civil griega y tejemanejes de corrupción más cercanos en el tiempo. Apellidos cuyos poseedores vivieron la contienda en un determinado bando, cuyos descendientes han cambiado de ideología para lucrarse hacen que la policía ande bastante perdida en sus pesquisas y que en determinados momentos, si no fuera porque los apellidos son genuinamente griegos, pensemos que la acción podría tener lugar en nuestros lares.
Viniendo de la lectura del jilguero que tanto me aburrió, cualquier cosa me hubiera parecido una novela entretenida y ésta se deja leer pero el tema parece ya un poco agotado y, sobre todo, el personaje del protagonista ha perdido mucha fuerza. Ya no es el policía oscuro y problemático de las primeras novelas en las que aparece. Se ha civilizado demasiado para protagonizar una novela negra; como mucho "Hasta aquí hemos llegado" podría pasar por policíaca.
Jaritos ya es un policía formal, cumplidor de las normas y seguidor de los procedimientos. Se lleva bien con su mujer y hasta con el jefe, que incluso le admira y le valora profesionalmente. Su familia parece una familia normal de clase media que, sí, pasa estrecheces porque no tienen muchos ingresos, lo que lleva a que Kostas utilice el transporte público en lugar del Seat que se compró en otro libro anterior, pero que tampoco están pasando tantas penurias ya que casi todos trabajan y el único problema de la familia extensa son los impuestos que el cosuegro debe pagar por sus propiedades.
No se cómo será el IBI griego pero he estado cotilleando y resulta que no pagaban casi nada hasta el 2012 y luego se quejan porque les han grabado propiedades antes exentas del mismo como solares. Va a ser que en España somos más simples que en ningún sitio, que estamos pagando religiosamente y sin protestar lo que en otros países de la Unión Europea no pagan. Que si tanta penita de Grecia pero se jubilan antes, pagaban casi nada al Estado, contribuían apenas y han estado viviendo de créditos de los demás países, que tampoco estamos para tirar campanas, y que encima quieren que les perdonemos. No se, visto lo visto, y leído lo leído, me doy bastante más pena yo.
En fin, que el libro es el más flojito de los cuatro de la "trilogía" y no se si podrá dar el personaje para mucho más si lo sigue simplificando tanto. Y, además, el final deja mucho que desear, con unas justificaciones de los asesinatos que como móvil dejan mucho que desear y unos inesperados culpables bastante poco creíbles.
Por si os interesa, los otros tres libros eran: "Con el agua al cuello", "Liquidación Final" y "Pan, Educación y Libertad", de los que el primero me parece el mejor, pero que tampoco pueden compararse con los primeros en los que aparece el personaje de Kostas Jaritos, como "Noticias de la noche", "Defensa Cerrada" o "El accionista mayoritario". Echo mucho de menos su obstinación, su cinismo, esa apariencia de antihéroe fracasado y protestón que discute con todo el mundo, hasta con su mujer, y que encuentra en la lectura de un diccionario descanso de sus preocupaciones y nombre para sus problemas.

viernes, junio 12, 2015

Decimosexto libro 2015: "El jilguero" de Donna Tartt.

Estuve por pedirle al cura que tocara las campanas el día que terminé con el jilguerito de marras. ¡Madre del amor hermoso! No se si alguna vez he penado tanto para acabar un libro. Claro que más tonta soy yo que en lugar de empeñarme en acabarlo no lo llevé al contenedor del papel tras soportar las primeras doscientas páginas de mortal aburrimiento.
Que si la primera gran novela del siglo XXI, que si no hay media docena como ellas cada década (menos mal), que si la autora es poco menos que la nueva Dickens, que si patatín, que si patatán... Que está visto que las editoriales se trabajan el posicionamiento web para que sólo salgan buenas críticas en las primeras quinientas entradas de los buscadores, o por lo menos hasta que se aburra una de buscar las malas. ¡Y un jamón! tantísimas páginas para configurar un ladrillo insufrible.
Unos personajes planos, una trama casi inexistente, una casi total falta de descripciones tanto de los protagonistas como del entorno, que sabes que están en Brooklyn, en Las Vegas o en Amsterdam porque te lo dicen no porque nada en el relato te lleve con la imaginación a esos lugares. Que lo único que describe bien son los efectos de la explosión en el museo con la que casi comienza el libro y me temo que es porque la autora vio las imágenes de los momentos siguientes de las explosiones de las torres gemelas, con el polvo gris sobre las cosas y la gente. El resto del libro es soporífero hasta el infinito y más allá, salvo en la página 816 que consiguió sorprenderme un poco, pero ¡ojo tía Paca, tener que llegar a esa página para encontrar una mínima sorpresa! 
Relato lento, interminable y sin interés alguno la mayor parte del libro. Lenguaje infantil, facilón y simple. Que vale que comienza con recuerdos de infancia pero que el protagonista, supuesto narrador, es ya un hombre hecho y derecho cuando comienza el relato en la habitación de un hotel de Amsterdam. Que bueno está que cuando refiere conversaciones entre su yo niño y otro amigo suyo también menor utilice lenguaje de niños pero no en toda la narración. Que tiene ya el muchacho veinte años y creemos que todavía anda por los trece.
El libro comienza, como he dicho, con nuestro protagonista, Theo Decker, refugiado (no sabemos por qué) en la habitación de un hotel dispuesto a entretener su tiempo recordando su vida, a la vez que nos amarga la nuestra con su relato.
Pese a afirmarse como una especie de niño prodigio colocado en un curso superior al que le corresponde por edad un problema en el colegio hace que su madre deba perder una mañana de trabajo para hablar con su tutor, aprovechando parte de esa libranza para visitar con su hijo el Museo Metropolitan de Nueva York justo el día en que tiene lugar en el mismo un atentado que provoca la muerte de su madre, entre otras personas, y de un anticuario que también visita el museo con una sobrina.
Nuestro maravilloso Theo, en lugar de correr como un loco a buscar a su madre, acompaña al anticuario en sus últimos momentos de vida heredando un anillo que le llevará a la tienda que el moribundo tenía junto con otro de los personajes del libro y, aprovecha también la explosión para llevarse uno de los cuadros del museo: precisamente el que da título al libro, saliendo del Museo como si tal cosa y guardando el cuadro de Fabritius en su casa y luego en diferentes sitios sin que se le ocurra devolverlo mientras se siente culpable a ratos.
Primero en casa de un amigo rico pero con una personalidad retraída y medio friki, después con el padre y su nueva pareja que se dedican a actividades poco lícitas en Las Vegas, Theo Decker nos cuenta su vida y la de un amigo suyo ruso casi día por día, trago de vodka tras trago de vodka, colocón de droga tras colocón de droga (que ni el profesorado del cole ni la familia detectan nunca), paseo de perro tras paseo de perro... pocos amigos, nulas relaciones personales, tedioso relato prolongado en el tiempo con una simpleza que desespera.
Yo con ganas de dejar el libro volví a buscar críticas a ver si alguien se había dado cuenta de que no merecía la pena y podía justificar el abandono y leo: "No se trata solo de suspense y de intriga... (¡¡¡dónde!!!) Donna Tartt ha creado una novela gloriosa, que nos devuelve el placer intenso y compulsivo (¡¡¡Uh!!!) de la lectura". Claro que esto lo dice Michiko Kakutani que aunque americana algo tiene de japonesa y lo japonés y yo no acabamos de entendernos. Y además también le dieron el Pulitzer como a Donna Tartt y tendrán que apoyarse entre sí para retroalimentar sus elogios.
En fin que seguí soportando a Theo Decker colando otros libros pero volviendo al jilguero a ver si por, casualidad cantaba algo mejor en alguna página. Pero "que si quieres arroz Catalina", que salvo la sorpresa de la página 816, que también sorprende al propio Decker, no le he visto la gracia al libro, que además incumple alguno de los principios de la trama como es ocultar cosas al lector, que pese a contar minuto a minuto su vida, en las últimas páginas dice que ha estado escribiendo siempre una especie de diario siendo así que nunca lo menciona en las casi mil anteriores páginas. Se cruza Estados Unidos de punta a punta y los personajes del libro siguen siendo prácticamente los mismos sin evolución ni sorpresas. Y que parece que al final, cuando por las páginas que quedan no puede animarse la cosa, hace un intento de buscar acción pero... nada. Se acaba el libro con una solución simple, pero simple, simple. Humo y final americano sin consecuencias nocivas para el prota.
En fin, que me parece una fabulosa operación de marketing a gran escala, generando expectativas cuando la autora está todavía perpetrando el libro (casi diez añitos), anuncio a bombo y platillo, grandísimas tiradas en varios idiomas, mucha publicidad y elogiosas críticas (todas buenas o bonísimas), premio Pulitzer... y si luego no lo lee nadie (que dice Amazon que se queda todo el mundo en las primeras páginas y casi nadie lo acaba) ya han conseguido que lo compren millones de personas. Negocio redondo y a otra cosa mariposa que total hasta dentro de otros diez años que la señora Tartt publique otro les da tiempo a volver a repetir la jugada.
Nota: en cuanto a la ausencia de críticas negativas (en castellano casi no las he encontrado) parece que hay una corriente en contra de las mismas, lo cual no entiendo, porque una cosa es hacer crítica destructiva de cada libro o de cada autor que apunte maneras e intentar cargarse a quienes escriben y no tienen todavía fama, o hundir un libro porque quien critica en tal periódico no lo considera digno de su crítica, y otra muy diferente que sólo suban a los medios los libros que ensalzan quienes escriben en ellos, aunque sean más raros que un burro a cuadros o no merezcan ser leídos.
Que si casi nadie es capaz de terminar la lectura de un libro determinado que los estetas que escriben en determinados medios consideran una obra de arte, igual el problema no es del público lector sino de que hay mucha tontería suelta. O, peor todavía, cómo no caer en la tentación de pensar que en esta época de corrupción a discreción, ni las críticas estén ausentes del sistema.
Que vale que las editoriales que publican los libros sólo les tiren flores y haya pactos de no agresión entre editoriales (que al fin y al cabo cada vez son menos las independientes y entre un par de grupos tienen todo el mercado) pero la ausencia total de crítica me preocupa enormemente y limita la posibilidad de elección de quienes leemos que ello puede ocasionar que todo el mundo lea lo que las grandes editoriales quieran que leamos.Bueno, pues mi afán de llevar la contraria a la corriente hace que no esté de acuerdo con el sistema. Que conste en acta.
Idea: estoy por abrir un blog de críticas negativas de libros que solo las tienen buenas.