domingo, noviembre 18, 2018

Trigésimo noveno libro 2018: "Arderás en la tormenta", de John Verdon.

Con lo que me gustó "Se lo que estás pensando", esta última novela de John Verdon, sin embargo, me ha resultado entre soporífera y tirando a peñazo. 
No se si es que tengo crisis lectora, leo menos y más despacio y ya puede ser la cosa brillante para hacerme tilín. O eso o es que el detective David Gurney está en declive. Y eso que la acción se desarrolla en medio de conflictos raciales que darían para siete series de acción, así que convertir la investigación en algo monótono y aburrido también tiene mérito, que casi estaba esperando que aparecieran buganvillas en la casa de campo del protagonista para mandar el libro a hacer puñetas.
Gurney, que vive retirado en una casa de campo entretenido en una excavación arqueológica de unos restos en su propiedad con menos antigüedad que los de cualquier ruina de una casilla de campo manchega (porque investigar historia de los EE.UU. es lo que tiene), se deja contratar como investigador independiente por el fiscal del Distrito, en el que tiene menos confianza que en otra cosa, para dar cierta idea de imparcialidad a la investigación del asesinato de un policía en el marco de una protesta racial con motivo del aniversario de la muerte de un chico negro. Había prometido a su mujer, que en esta novela tampoco es un personaje tan interesante como en otras, que no iba a volver a la investigación pero el gusanillo de seguir pareciendo el más listo y el más justo y el menos sobornable y... pues eso, que vuelve.
Aparentemente parece que alguna de las asociaciones en defensa de los derechos civiles de los negros pudiera estar implicada en la muerte, pero resulta que han ido a asesinar al policía más íntegro del cuerpo y encima estaba casado con una afroamericana, por lo que no parece la cosa tan clara e incluso hay indicios que hacen pensar en una trama interna dentro de la policía y Gurney va poco a poco, de forma demasiado parsimoniosa para mi gusto, entresacando los hilos que llevarán a la solución del caso, aunque parece que siempre llega tarde y tampoco descubre la cuadratura del círculo. Acostumbrada a tramas más interesantes, ésta me ha parecido demasiado manida, tratando temas que están muy vistos en series, conflictos raciales, corrupción policial, fiscales con aspiraciones políticas,... aunque tal vez se trate de una novela más destinada a consumo interno, que al fin y al cabo el tema racial en Estados Unidos es una preocupación candente.
En fin, que no me ha gustado mucho. De hecho, muchas páginas me han resultado aburridísimas.

viernes, noviembre 09, 2018

Trigésimo octavo libro 2018: "Palermo es mi ciudad", de Simonetta Agnello Hornby.

Es el segundo libro que recibo por participar en Masa Crítica de Babelio y estoy encantada. Como todos los libros de gatopardo ediciones está muy cuidado. Es pequeñito y muy manejable, con las páginas no enteramente blancas y un inconfundible olor a libro bueno.
A diferencia de La Mennulara, este libro es autobiográfico. La autora relata parte de su infancia y adolescencia cuando la familia se traslada a vivir a Palermo y hasta su partida a Londres. Al principio no acababa de entrar en el libro, me descentraban los muchos nombres que me perdían en el maremagnum de la familia de Simonetta y me molestaba la reiteración de la frase que le repetía su padre y de la que deriva el título del libro. Pero poco a poco consiguió engancharme y e disfrutado mucho con él.
Se pude leer de corrido como si fuera una novela ya que el relato sigue en orden cronológico pero cada capítulo es una joyita descriptiva con entidad propia que no desmerece al ser leído sin conocer los anteriores. Se describen personas, caracteres, relaciones familiares y sociales, sobre todo de la alta sociedad a la que pertenecía la familia, realidades políticas, corruptelas... y, especialmente, la ciudad, que dan ganas de viajar ya mismo a Sicilia (que más quisiera).
El libro comienza con la autora, que observa como su madre colorea dibujos, meditando que su progenitora ya no podrá servirle de ayuda para recordar su pasado ya que ha perdido la memoria y por ello comienza a recordar y a compartir sus recuerdos con quienes leemos la historia.
El relato, que comienza en 1958 y concluye en 1962, nos va introduciendo poco a poco en la familia de la autora desde sus recuerdos. Empieza con la mudanza y las dudas  sobre lo que encontrarán en la nueva ciudad a la que llegan. Pese a que su padre siempre le dice que Palermo es su ciudad, Simonetta necesita palpar esa realidad por si misma y enamorarse de la ciudad como acabamos haciendo nosotros. 
La complicada familia de la autora con tantos tíos, primos,... unos muy queridos, otros que no se hablan, la vida familiar que en principio es meramente un mundo de mujeres para la autora, su madre, sus tías, abuelas, primas, criadas, visitas... se va poco a poco ampliando hacia el mundo de la ciudad por la que camina siempre acompañada y siguiendo unas reglas rígidas sobre las amistades que le están permitidas por el decoro y por su pertenencia a la clase social a la que pertenece.
Avanzando por los capítulos vamos viendo que la pareja que forman sus padres no es tan idílica y que los convencionalismos sociales de la época condicionan la mayoría de las relaciones personales, afectivas y sociales. La conciencia de clase es muy fuerte y la vida de las jóvenes está rígidamente organizada. Según la edad se pueden arreglar de una determinada manera, usar joyas más o menos recargadas, necesitar carabina o no, asistir a según que fiestas y relacionarse con según qué gente, siempre bajo la supervisión de algún adulto y el control social de toda la tribu. Y eso que la madre de Simonetta es un encanto y parece que el marido le permite cierta libertad en la educación de la niña. Claro que él se permite todas las libertades aunque a nivel político parece un hombre íntegro frente al mundo corrupto, caciquil, clientelista y hasta mafioso que describe de manera magistral la autora.
El elenco de personajes del libro es inagotable, la mayoría mujeres con los contrapuntos del padre, algunos familiares y sobre todo el incomparable Paolo, inventándose ocupaciones para hacer lo mínimo indispensable pero estar donde quiere estar en cada momento y donde sobre todo se coma mejor. Y esa, la comida, es otro de los puntos fuertes del libro pues muchas de las mujeres que aparecen en él son estupendas cocineras destacando sobre todo el apartado de dulces, que requiere gran parte del glosario que figura al final del libro y que me hizo salivar de envidia durante la lectura.
El tono de la obra es ameno y relata una infancia feliz en una época de cambios sociales y de crecimiento económico que enriquecía la isla pero en un sistema corrupto bajo el férreo control de la mafia. La precoz conciencia crítica de la autora discurre por sus páginas precisamente en temas de corrupción política, desigualdad entre hombres y mujeres sobre todo en materia de fidelidad, diferencias sociales... Es un libro muy recomendable y a la vez muy entretenido aunque me costara enterarme de los apellidos de las distintas ramas familiares.
Comparto un vídeo de la autora sobre su propio libro.

viernes, octubre 19, 2018

Trigésimo séptimo libro 2018: "El devorador de calabazas", de Penelope Mortimer.

Reconozco que haber investigado un poco en la vida de la autora cuando leí "Papá se ha ido de caza" me ha influido en que no me parezca tan original "El devorador de calabazas" porque cuenta mucho de sí misma. Ello no supone decir que no me ha gustado el libro, que me ha gustado y mucho.
Al igual que el otro que leí de Penelope Mortimer sorprende la actualidad de muchos temas que trata, lo que también me entristece por lo que implica en la falta de avance o incluso algunos retrocesos: maternidad, aborto, trabajo, diferentes reacciones y grados de implicación o sufrimiento según sexos.
En esta novela, con muchos tintes autobiográficos, una mujer que tiene varios hijos de parejas anteriores se casa con un hombre que todavía no ha tenido ninguno y cuando ya han tenido descendencia común la protagonista, por llamarla de alguna manera aunque lo sea a su pesar, vuelve a quedarse embarazada. La reacción adversa de su marido la pilla fuera de juego. Ella piensa que un nuevo hijo será una nueva alegría y mejorará la relación con su esposo, el cual, lejos de tomarse así la noticia, se opone frontalmente al nacimiento de su nuevo vástago pensando ante todo en su supuesto éxito profesional, en los hijos como carga y en general en mirarse su masculino ombligo que piensa que se merece todo sin dar mucho a cambio. Eso y lo que no os puedo contar de la historia hace que el marido de la prota me caiga fatal y, por extensión, John Mortimer, que no se me olvida la biografía de la autora.
La carga emocional de la problemática que rodea a la protagonista la lleva al psicoanalista pues, como en "Papá se ha ido de caza", parece que las crisis de las mujeres acaban siempre en el médico como si la traición de la pareja, el engaño, las mentiras, no fueran suficientes para justificar una depresión y como si contar su vida a un médico, un tanto imbécil también por cierto, pudiera solucionarle los problemas, Y ea que la pobre hija no se comprende a sí misma y es la última que se entera de todo lo que su marido le oculta. Familia, amigos... le esconden lo que saben como si fuera tontita y al final es ella sola quien acaba afrontando todos los problemas que centrarse sólo en una pareja que no la merece le había ido ocasionado. Deja de lado a sus hijos mayores y toma decisiones que él le inculca para su solo beneficio y que contrarían su voluntad provocándole un dolor que él ni percibe ya que es un ser pagado de sí mismo que culpa de todo a su esposa anulándola hasta que ella misma se considera poca cosa.
Es un libro que hay que leer, sí. Por lo menos todas las chicas debieran leerlo.

Me encanta.

Llevo unos días escuchando esta canción en el coche. Me gusta mucho Mark Knopfler y de vez en cuando me doy un homenaje. Me ha venido bien el coche nuevo, que tiene un sonido estupendo. En casa ya ni música casi. Qué lastimica.

domingo, septiembre 23, 2018

Trigésimo sexto libro 2018: "Oeste", de Carys Davies.

Como los americanos de los EE.UU. no tienen mucha historia ni grandes epopeyas de las que tirar, a cualquier cosa lo llaman fábula o leyenda. Fue lo que pensé cuando acabé de leer este Oeste hasta que comprobé que su autora había nacido en Gales. Pero como ha vivido mucho tiempo en Nueva York y también a los galeses les llevamos algunos siglos de adelanto, pues también sirve.
Como no quedaron muchos indios para contar su historia ni los que llegaron después dejaron de la época demasiado escrito, pues parece que a veces se tira de Hollywood para recrear ciertas historias, así que cuando alguien cuenta algo diferente, pues sorprende, así que imagino que es lo que ha pasado con este librito, que resulta fresco. Pero, de ahí a las frases de la faja que lo recubre... hay mucho trecho.
La novelita no está mal pero no deja de ser una especie de cuento largo que relata la historia de un tal John Cyrus Bellman que, tras la muerte de su esposa, decide seguir los pasos de la expedición que llevaron a cabo entre 1804 y 1806 Meriwether Lewis y William Clark, miembros del ejército americano, promovida por la Sociedad Filosófica Americana presidida entonces por Thomas Jefferson, el que fue presidente, pues tras la compra de la Luisiana se les despertó el afán colonizador hacia el Oeste y primero había que ver qué y, sobre todo quién, había por allí.
Pero el señor Bellman sigue la expedición porque cree a pie juntillas que si sigue más al oeste podrá encontrar vivos animales del tipo cuyos huesos encontraron los expedicionarios y que, por la descripción ,deberían ser nada más y nada menos que mamuts.
Pues eso, que la criatura no tiene otra cosa que hacer que dejar a su hija Bess, de diez años, y su explotación de mulas en manos de su hermana y partir hacia el oeste con la compañía de un indio bastante poco atractivo y que, aunque se oriente mejor, tampoco conocerá el terreno. Eso sí, le sale barato porque le paga con espejitos, botones, baratijas y ropa de su mujer.
Nos quedamos siguiendo la expedición con los planos que consulta en la biblioteca la niña, sufriendo con ella lo que no está escrito cada vez que un vecino con deshonestísimas intenciones se le acerca. Y a la vez que acompañamos al aficionado a explorador en su insensata travesía hacia el Oeste donde no creo cometer spoiler si os digo que no encuentra mamuts vivos y lo milagroso es que no se lo carguen a la primera de cambio. Bueno y que realicen todo el viaje sin que ni el indio aprenda una palabra de inglés ni Bellman ni una del idioma de su compañero de penas.
Está entretenido y es corto, así que se lee bien, pero tampoco me parece el libro del año.

viernes, septiembre 21, 2018

Trigésimo quinto libro 2018: "El cuento de la criada", de Margaret Atwood.

Igual si habéis visto la serie no debería recomendar el libro porque, aunque es su germen y la idea primigenia de la historia, al segundo capítulo de la serie ya casi habríais acabado el libro, así que no os iba a sorprender la historia y os habrías hecho spoiler a la primera de cambio porque en la novela de Atwood seguimos la historia que nos va contando Deffred (Offred, si la leéis en inglés) sin saber muchas cosas ni el porqué de la situación hasta que el epílogo las aclara y en la serie desde el principio tenemos las claves e incluso un nombre real para la protagonista que en el libro no se desvela. Pero en cualquier caso es un libro estupendo y que por lo menos las mujeres deberíamos leerlo todas para estar ojo avizor y oídos alerta. Y, claro, la serie aporta algo que en el libro, salvo unas láminas estupendas que nos dan la clave del vestuario de las mujeres, no aparece y debemos imaginar: la fabulosa fotografía y los espectaculares movimientos de cámara de la serie. Y que conste que sólo he visto dos capítulos.
La novela es de 1984 y da escalofríos porque refleja una distopía que no se aleja en el tiempo ni en el espacio como otras obra de ciencia ficción que proyectan temores que se realizan por lo menos a varias decenas de años después. 
El cuento de la criada se desarrolla en unos Estados Unidos sin cambios físicos pero en una situación de dictadura cuyo origen se gestó aprovechando el miedo a determinado atentados y a la amenaza terrorista (recuerdo, 1984 el libro) y cuyos efectos no afectan por igual a toda la población ya que, como en la mayoría de las dictaduras, son las mujeres quienes sufren en mayor grado los efectos, y de una forma terrorífica si lo medito desde mi condición de mujer: las mujeres han perdido todos sus derechos, pero absolutamente todos. No pueden salir solas, no pueden leer ni siquiera reconocer que saben hacerlo (en las tiendas los productos tienen dibujos con el precio, no el nombre), no tienen acceso a la educación e incluso las conversaciones se limitan a frases hechas. Una especie de país talibán pero con una ideología religiosa basada en partes del antiguo testamento y con una clasificación de las mujeres que ya vivían cuando se produjo el cambio en función de su capacidad para tener hijos, pero no precisamente para ocupar las que puedan tenerlos un puesto político importante sino para estar no sólo sometidas al varón en genérico sino resultar propiedad de uno en concreto (de ahí el "De" con el que comienzan sus nombres) con quien están obligadas a tener relaciones en una ceremonia degradante en la que también toma parte la esposa estéril del Comandante propietario.
Otras mujeres tienen otras funciones, todas están clasificadas por colores y ninguna tiene importancia en las tareas de relevancia, de poder o de mando. La represión es brutal, tanto política, como religiosa, de género... e incluso algunas mujeres que parece que tengan cierto grado de poder (las "tías" sólo lo tienen en relación a otras mujeres.
A lo largo de la obra seguimos los pensamientos de Defred que cuentan su vida y relatan algunos aspectos del pasado que nos van dando pistas de cómo percibió ella el cambio, la ruptura, la separación de su pareja y de su hija, sin que sepa si siguen vivos, y la privación drástica de derechos que creían que sería temporal y que ha devenido definitiva.
La historia es terrible y un aviso a navegantes para no cejar en el trabajo en pro de la igualdad. Muy, muy, pero que muy recomendable.

Trigésimo cuarto libro 2018: "La moneda de Akragas", de Andrea Camilleri.

No es el mejor Camilleri que he leído, pero tiene su aquél... y su maravillosa forma de meterte en la historia, que en este caso afecta no tanto a personas como a una moneda antigua cuyas peripecias de mano en mano parecen llevarnos a la conclusión de que no quiere quedarse con ninguno de sus poseedores temporales porque, un poco como la "farsa monea", ninguno se la "quea".
Es un libro corto que comienza con una cruenta matanza en una batalla cualquiera ocurrida en la isla de Sicilia en la antigüedad, concretamente en Agrigento, conocida en la época como Acagras. Bueno, no tanto una batalla cualquiera porque el autor nos pormenoriza el lugar, los contendientes y las causas y consecuencias de la contienda. 
La moneda inicia su andadura como parte de la soldada de un soldado muerto que un superviviente arrebata al cadáver para tenerla también poco tiempo en su poder pues le sobrevive sólo unos días para morir después arrojando las monedas de las que forma parte nuestra protagonista al aire.
Pasados los siglos, un trabajador encuentra la moneda y decide regalársela al médico que un día le salvó la pierna y que sabe aficionado a la numismática, pero, salvo el generoso labrador, cuantos ponen los ojos o manos en la moneda no lo hacen con buen fin sino con ambición "non sancta", lo que provoca enredos, peleas y hasta muerte.
La historia hace meditar sobre la envidia y la avaricia de los hombres (en general como humanidad y en particular como género, porque sólo los hombres del relato parece ambicionar la tenencia de la moneda), en el valor relativo del dinero o las monedas en este caso, tanto como objeto de colección como en su vertiente venal, en lo efímero de la vida humana y el sinsentido de determinadas ambiciones.
Como cada Camilleri está muy bien escrito y nos absorbe desde la primera página. Resulta muy entretenido.

sábado, agosto 25, 2018

Trigésimo tercer libro 2018: "La nieta del señor Linh", de Philippe Claudel.

"Un anciano en la popa de un barco. En los brazos sostiene una maleta ligera y a una criatura, todavía más ligera. El anciano se llama Linh. Es el único que lo sabe, porque el resto de las personas que lo sabían están muertas".
El señor Linh, cuya edad no llegamos a conocer pero imaginamos viejo, desembarca en un país que tampoco sabemos cuál es. Ha tendido que huir de su patria, cuyo nombre tampoco se nos dice pero que por las pistas puede ser Camboya o Vietnam, lo que coloca al señor Linh, dependiendo de qué guerra huya en Francia o en Estados Unidos (por lo que luego acaba contando otro personaje). Aunque en el fondo da igual la guerra de la que huya, el país que abandona y el lugar al que llega porque la historia que cuenta es universal y los temas que toca sirven para cualquier conflicto: pérdida trágica de la familia y amigos, destrucción del lugar de nacimiento, miedo a lo desconocido, soledad, desarraigo, incomunicación, incomprensión... pero todos estos temas tratados en una trama que lo que prima en medio de tanta desesperación es la ternura del personaje del señor Linh que llega a un país que no conoce, cuya lengua no entiende, en medio de personas que parece que siempre se burlan o se ríen de él, y lucha día a día por seguir adelante por su nieta a la que canta siempre la misma canción, en medio de un mundo hostil en el que se encuentra a otra alma gemela en el cuerpo grande del señor Bark con el que se sienta en el banco y traban una amistad sin ni siquiera comprender qué se dicen, ya que el señor Bark piensa que la palabra Tao-lai (buenos días en el idioma del señor Linh) con la que le saluda es su nombre y el señor Linh, un poco extrañado de que su nuevo amigo le esté dando continuamente los buenos días, decide aprender también la expresión en el idioma del nuevo país, siendo lo único que se entienden y mal en el caso del señor Bark.
A su llegada al nuevo país el señor Linh vive en una especie de casa de acogida desde la que va poco a poco aventurándose a conocer su nuevo mundo y, cuando conoce al señor Bark, salen juntos a veces pero la historia no evoluciona de forma demasiado feliz para ninguno de los personajes porque todo parece ponerse en contra del pobre hombre que no entiende qué hacen con él y dónde lo llevan ni que su única preocupación sea su nieta a la que llama Sang Diu ("Mañana Dulce").
No os cuento más que os descubro lo mejor y tenéis que llegar al final, pero ni se os ocurra buscar información del libro en Internet, que hay gente "mu tonta" y destripa la sorpresa en la primera línea de algunos comentarios. Leed y dejaos llevar, pero por favor leed este librito y os enamoraréis del señor Linh y de "su nieta" e incluso del pobre señor Bark que también carga sus tragedias a cuestas.
Es el segundo libro que leo de este autor en poco tiempo y también me ha gustado, así que seguiré investigando títulos.

Trigésimo segundo libro 2018: "Los casos de Horace Rumpole, abogado", de John Mortimer.

Supe de este autor al conocer la biografía de Penelope Mortimer, la que fue su esposa durante un tiempo y que conservó su apellido para escribir. Pensando que las obras de John estarían a la altura de las de Penelope me lancé al libro que reseño porque además tiene por protagonista un abogado, precisamente el Horace Rumpole del título. Y... bueno... está entretenido pero tampoco es para tirar campanas. Escribía bastante mejor Penelope.
Son seis historias que el propio abogado relata a modo de memorias para relatar algunos de sus casos, generalmente del turno de oficio. Pueden leerse por separado ya que son totalmente independientes y sirvieron de base a una serie de la BBC sobre el abogado que debió tener fama en los sesenta. No obstante, leerlos por orden nos hace una idea de la evolución del personaje que al principio me cayó fatal pero que acabé casi tomándole cariño, aunque es de traca: siempre gruñendo, bastante misógino, sobre todo con su esposa, a la que llama "Ella, la que ha de ser obececida", poco aseado, siempre citando poetas ingleses antiguos con citas que la mayor parte de las veces sólo él ve relacionadas con lo que se está hablando, quejicoso, rimbombante y a veces demasiado pagado de sí mismo. Pero tiene una máxima que trata de llevar siempre a la práctica y es que nunca se rinde y defiende que "nunca hay que declararse culpable". Le encantan los asuntos penales y por él no saldría nunca del Juzgado (el viejo Oíd Baile, que los de provincias le gustan menos), salvo para tomarse algún crianza "de garrafón".
Rumpole está casado con la hija del que fue dueño del bufete para el que trabaja y no se llevan demasiado bien, aunque Hilda no pierde la esperanza de que su marido triunfe. También tiene un hijo en el que tenía puestas sus esperanzas en la continuidad de la saga jurídica familiar pero que ha orientado sus estudios a la sociología en vez de al Derecho.
Y Rumpole no avanza en su carrera porque a Rumpole no le gusta el politiqueo ni los tejemanejes del poder ni siquiera en los tribunales, y así le va. Prefiere mil veces defender a sus habituales y marcarse un buen alegato ante el jurado para evitar así que un pobre desgraciado cumpla condena. Y es capaz de eludir las presiones para aceptar conformidades cuando considera que la verdad conseguirá demostrar la inocencia de su cliente o, por lo menos, que una defectuosa instrucción del caso le permita eludir la cárcel. No obstante lo anterior, tampoco su defensa de los casos es de una brillantez extraordinaria; su resolución suele ser bastante simple, no porque no sean casos difíciles sino porque luego se resuelven porque alguien dice la verdad (cosa rara en los Tribunales) o por coincidencias o pruebas de última hora que resultan poco creíbles.
La policía no le acaba de caer bien al colega porque se las ve con asuntos amañados y agentes corruptos no muy diferentes de sus clientes y los comentarios contra los jueces con los que tiene que bregar son a veces bastante fuertes aunque a la recíproca sus Señorías tampoco se quedan cortos con Rumpole.
Los diversos casos tocan temas muy variados, imagino que para que los capítulos de la serie fueran diferentes y dieran que hablar: drogas, manipulación de pruebas, violación (interesante lectura para comparar si ha cambiado la cosa desde Mortimer hasta La Manada), divorcio,... y, de fondo, una anodina vida familiar, un bufete con sus intriguillas y sus cosas, un Juzgado y unos compañeros que ilustran la práctica forense inglesa de la época sobre todo en materia penal y algunos episodios bastante entretenidos.
Se deja leer, aunque se le notan los años al libro. Creo que Impedimenta tiene otro de Rumpole que igual cuando pase un tiempo vuelvo a la vida del compañero Horace Rumpole.

Trigésimo primer libro 2018: "Que nadie duerma", de Juan José Millás.

Definitivamente no me acaba de cuadrar este autor. No me convenció "La mujer loca" y no mucho más este último con protagonista tampoco demasiado cuerda, que si no hubiera sido porque me llegó en el bookish sin conocer cuál era no me habría animado a leerlo.
Lucía, programadora informática, acaba de ser despedida de la empresa para la que trabajaba y viajando en un taxi, al comentar el conductor que compró la licencia con el dinero del despido, ella decide también convertirse en taxista.
No le gusta la ópera pero desde su baño escucha un día el Nessun Dorma (de ahí el título de la novela) de la ópera Turandot de Puccini que tiene a todo volumen un vecino del bloque. Sorprendida de que escuchar así la obra le resulte placentero queda intrigada por el vecino y con una excusa cualquiera sube al piso para conocerlo. El vecino dice llamarse Calaf como el príncipe de la obra y no vuelven a verse, así que Lucía, sin conocer su verdadero nombre decide que recorrerá las calles de Madrid buscándolo porque sabe que algún día subirá a su coche y, queriendo estar preparada para el encuentro, circula siempre con la misma ópera en el equipo del taxi adaptando progresivamente su físico y peinado a la apariencia chinesca de la princesa Turandot de la ópera, orientándose por la ciudad como si se tratara de Pekín con el plano de la capital china en el navegador del coche en lugar del de Madrid y llegando a tatuarse el nombre del aria en el pubis.
Acompañamos a Lucía por su deambular por la ciudad cuidando o maltratando clientes, acostándose con alguno y contando su vida, intenciones y deseos a quien quiere escucharla, que así le va luego con la confianza. No me resulta ni medio verosímil la historia salvo la parte que se desprende de la soledad de la protagonista, que ni ella misma parece percibir y que encamina su locura al atroz desenlace final que es casi lo mejor del libro, sin que la gente con la que se cruza, ni siquiera la clienta que ya considera amiga, hagan otra cosa que sorber su historia aprovechándose del tirón de su original personaje. Y otro de los hombres del libro que me recuerda demasiado al autor como me pasó con la otra novela y que aquí no aparece con nombre y apellidos pero resulta igual de cargante. Pues, eso, que lo he terminado porque no soy capaz de dejar libros a medias.

viernes, agosto 17, 2018

Trigésimo libro 2018: "Esperando a Mister Bojangles", de Olivier Bourdeaut.

No recuerdo cómo llegué a este libro pero desde luego ha sido un gran descubrimiento. Me ha gustado mucho pese a dejarme un sabor agridulce al acabarlo y hacerme pensar mucho mientras lo leía.
Seguimos la historia desde dos puntos de vista, el de un padre y su hijo. El niño aparece como narrador principal y nos introduce en la vida de su familia mientras podemos leer una especie de memorias de su padre que aparecen en cursiva, aunque no hubiera hecho falta porque la forma de escribir es muy diferente. Ambos nos cuentan prácticamente los mismos hechos pero sus perspectivas son diferentes pues evidentemente muchas cosas pasan desapercibidas al niño, o eso quiere hacer creer a sus progenitores.
El matrimonio que forman el padre y la madre del niño, entre escéntricos y locos de atar, vive una vida totalmente diferente a la que puede llevar una familia común y eso les hace especiales tanto para su hijo como para quienes nos acercamos a su historia. Son una pareja original, extravagante, vital y tremendamente divertida que educan a su hijo de manera que puede parecer discutible pero que, visto el resultado, funciona para criar a un niño más o menos feliz. No tienen horarios, le acaban sacando de la escuela para educarle personalmente de forma muy peculiar y los mayores esfuerzos los realizan para disfrutar de su vida en común.
El principio del libro es muy, muy divertido. Vemos cómo se conoció la pareja y cómo viven su relación así como la "educación" de su hijo y los acompañamos de jolgorio en jolgorio.
Él, un hombre de negocios de éxito que ganó una fortuna de forma parecida a la de algún Pujol que otro: tenía un amigo senador que instó un cambio legislativo que convertía en obligatorias las inspecciones técnicas de los coches mientras a su sombra el padre de nuestro narrador abría los talleres necesarios para reparar las deficiencias que las ITVs detectaban. 
Ella, que no quiere que su marido trabaje, una mujer vital, optimista y divertida que parece que sólo tenga interés en vivir de la mejor forma la vida al lado de su hijo y su esposo con quien siempre acaba bailando la canción de Nina Simone que da título al libro en un disco para escuchar el cual tienen en exclusiva un tocadiscos (el resto de la música la escuchan en equipos más modernos). Fiestas, bailes, alcohol, viajes a España (al Paraíso, como lo llaman)... todo parece muy años veinte hasta que la locura que parece acompañar y enamorar a los protagonistas toma un cariz más trágico.
Cuando la narración se oscurece, y vemos que nada es tan happy como parece, volvemos a conocer la historia desde las dos perspectivas de padre e hijo sin que acabemos nunca de conocer la de la madre (aunque la veamos entre líneas), que parece no darse cuenta de su propia tragedia (o, sí), como tampoco llegamos a saber su nombre pues desea que su marido cada día la llame por un nombre diferente y siempre llama de usted a todo el mundo, costumbre a la que obliga también a su marido y a su hijo a quienes quiere por encima de todo.
El amor, la búsqueda de la felicidad en el espacio familiar, el disfrute de la vida sin límites, la pasión en todo lo que hace... son características de la mujer de innumerables nombres que marca la pauta a quienes la rodean y que es capaz de disfrazar de felicidad y teatralizar su propia tragedia para intentar evitar que su problema perjudique a su familia. Y, en medio, un niño que todo lo ve, disfrutando y sufriendo a la vez, y que aprende también a mentir desde pequeño al resto del mundo porque se da cuenta de que su familia no funciona como las demás y a mentir a sus padres porque su pequeño mundo de relación tampoco acepta su excepcional situación.
En definitiva, un relato hermoso, divertido y triste a la vez que me hizo pensar y que me ha dado a conocer la canción Mr. Bojangles que no conocía. Comparto la versión de Nina Simone, que es la que escuchan y bailan los protagonistas del libro y que es bonita de verdad y otra versión de Whitney Houston, no tanto por la canción como por el homenaje de Bobby Brown a Sammy Davis Jr., que parece ser que es quien hizo realmente famosa la canción, aunque la ha cantado muchísima gente. Me encanta cómo baila.

miércoles, agosto 15, 2018

Vigésimo noveno libro 2018: "La habitación", de Jonas Karlsson.

Si alguna vez habéis trabajado en una oficina de cualquier administración este libro os resultará familiar en algunos aspectos, pese a lo inquietante y aparentemente irreal que pueda parecer la propuesta. 
Me ha gustado bastante y me ha hecho pensar sobre ciertas cuestiones que pueden afectar a las personas que trabajan con otras en el ambiente cerrado y demasiado estructurado a veces de una organización.
Björn comienza a prestar sus servicios en un nuevo empleo, en un departamento de una organización que no acabamos de saber a qué se dedica pero que esencialmente tramita papeleo y trabaja con dossieres y memorándums. Este nuevo desempeño no le supone mejoras económicas aparentes, pero espera ascender pronto y alcanzar grandes logros para lo que se autoimpone un horario más exigente que el del resto, con periodos de trabajo y descanso muy tasados y llevándose incluso trabajo a casa para alcanzar pronto el nivel y superarlo. Al principio el protagonista, que nos relata su propia historia, parece un poco demasiado engreído y bastante trepa, si bien poco a poco le vamos viendo ciertas características extrañas que chocan con el personal con el que comparte espacio.
Björn se siente un poco desplazado pero a la vez rechaza consejos de algún compañero porque parece sentirse muy por encima de la media, aunque si nos atenemos a las opiniones del jefe parece que estamos ante un empleado que ocupa plaza de persona con alguna discapacidad, pese a que su excelencia en el trabajo puede desmentir también la idea. Como vamos conociendo sus más íntimos anhelos laborales y sus ideas con respecto a los demás, la verdad es que su comportamiento me pareció un poco Asperger, el de un tipo un poco extraño, en una oficina que estaba organizada o desorganizada de una forma aparentemente inamovible contra la que desde el principio choca por su forma de trabajar en piloto automático y sus requerimientos de orden y organización casi patológicos que pueden resultar inexplicables y a veces insufribles para el resto.
Un día descubre una habitación a la que entra por equivocación y que poco a poco va focalizando su atención hasta convertirla en un lugar privado donde desarrolla todo su potencial intelectual que luego revierte en la organización aportando propuestas nuevas y redactando la documentación en una forma que gusta a la jefatura y que nadie había conseguido lograr lo que parece que puede evitar el cierre que desde hace tiempo amenaza al departamento. Pero, hay un pequeño gran problema: la habitación sólo parece verla Björn, e incluso él mismo no comprende cómo puede existir ya que midiendo la oficina tampoco le cuadran los metros.
La forma de ser de Björn rápidamente ocasiona críticas y recelos entre el resto del personal que lo ponen en conocimiento de un jefe bastante poco resolutivo que pretende resolver todo con reuniones y más reuniones, algunas al borde del esperpento, y votaciones que no solucionan nada hasta que la Dirección impone su criterio.
La situación se vuelve cada vez más extraña y como la percibimos desde el cerebro de Björn no acabamos de ver si padece algún tipo de psicopatía que le hace ver lo que no existe y crear situaciones que no han ocurrido o realmente se trata de la organización atacando al disidente intentando volverle loco porque esté o no en una habitación ficticia o real, es allí donde fuera del ambiente comunitario de la oficina, descansa, medita y desarrolla sus ideas para mostrarse luego más creativo y mejor profesional que el resto.
Como decía al principio, me ha gustado y, leyendo entre líneas o incluso en la propia lectura literal, son muchos los temas que pueden entresacarse: las aspiraciones iniciales al acceder al puesto, la recepción en la organización, la convivencia en el espacio de trabajo, los proyectos, la mala distribución de tareas, la desorganización, la duplicación de procedimientos, el papeleo por el papeleo, el presentismo como norma con independencia del resultado, la mala interacción con quienes nos han tocado en suerte, o desgracia, como compañeros y compañeras, los roces y piques, la frustración de las expectativas, la necesidad de un espacio silencioso o incluso privado para desarrollar el propio potencial (como la habitación del título), la inutilidad de algunas tareas, el desaprovechamiento de personas válidas, el peloteo, la jefatura mal dirigida, el cotilleo, los límites del grupo a quien destaca o resulta de algún modo original o no asume las costumbres o pautas preexistentes, el burnout... En fin, la vida administrativa misma.

jueves, agosto 02, 2018

Vigésimo octavo libro 2018: "Papa se ha ido de caza", de Penelope Mortimer.

Últimamente no está el personal por los comentarios, así que ver un día uno en una entrada del blog supuso una sorpresa, mayor si cabe por su contenido: "Hola, nos ha gustado tu blog y te invitamos a participar en Masa Crítica de Babelio, programa con el que podrás recibir un libro gratis a cambio de una crítica desde el 18/04" y una dirección de correo.
Al principio pensé que era uno de esos mensajes automáticos que lo único que pretenden es su propia difusión pero, al comprobar que quien mandaba el mensaje trabajaba en Babelio como editora, me lancé en picado.
Seguí todos los pasos para registrarme y al elegir libros me encontré con que la campaña parecía estar cerrada así que me decepcioné bastante ya que casi pensaba que tenía el libro en la mano y... no. Por eso me llenó de alegría recibir poco tiempo después un email en el que me informaban sobre la posibilidad de volver a aprovechar la invitación al encontrarse nuevamente abierto el programa. Seguí los pasos y esta vez elegí un único libro del que había oído hablar y tenía entre los pendientes y que es el que reseño hoy, con lo que ya os descubro que por fin pillé libro: "Papá se ha ido de casa" de Penelope Mortimer, que tenía yo interés en los Mortimer.
Los libros de la Editorial Impedimenta me suelen gustar mucho pero además éste es especialmente bonito tanto en la portada como en el tamaño y el color de las páginas. La ilustración de la solapa es preciosa y al quitarle la camisa, la cubierta, tanto portada como contraportada, reproduce la misma ilustración pero en grande.
Con el libro además recibí un pequeño marcapáginas, una postalita con la portada de la obra y una tarjeta manuscrita de la responsable de comunicación de la Editorial Impedimenta que se dirigía a mí como "Querida Maria Nieves, Espero que disfrutes con la lectura de esta novela. Penelope Mortimer es inigualable. Saludos. Raquel".
Y la verdad es que la obra no me ha decepcionado. Es muy buena y toca temas que pueden reconocerse como propios por muchas mujeres, haciéndolo desde un punto de vista personal de la protagonista, bajo la que subyace en muchos aspectos la propia autora, cuya biografía también es digna de repasar. No en vano en la faja del libro se refieren a la obra como "un clásico del feminismo inglés" y Edna O'Brien (la de la trilogía de las chicas del campo, que sigo teniendo pendiente) defiende que "todas y cada una de las mujeres que conozco deberían leer a Mortimer al menos una vez en la vida".
Y entrando en la obra en sí, la historia recoge un tiempo no muy largo pero sí significativo en la vida de Ruth Whiting, desde que acabado el verano deja a sus hijos varones regresando al internado en el que estudian y regresa a casa tras realizar compras para tener algo que hacer a la vuelta y donde supuestamente la espera su hija mayor, hasta poco después de las Navidades.
Queda claro desde el principio que Ruth no está a gusto con su vida, que no la ha elegido y que no es solo que esté insatisfecha, es que está en plena crisis cayendo en plena depresión pese a que la palabra no llegue a aparecer en el libro. Habla consigo misma, bebe a solas, no ve salida a su desesperación, se siente oprimida y sin aliento, sabe que no tiene elección y, sin embargo, nos hace una disección del ambiente en el que se encuentra apresada y de las diferencias entre la vida de los hombres y las mujeres en ella que resulta verdaderamente brillante.
Su marido, Rex (bien elegido nombre), la ve rara y, ayudado por las ideas médicas de la época, busca solución a la "crisis nerviosa" de su esposa contratando a una especie de cuidadora rottweiler parecida a la señora Rottenmeier de Heidi y planificándole un viaje al extranjero. Deja el funcionamiento de la casa a su mujer a la vez que la culpa de cualquier cosa que a ellos se refiera pero aleja a sus hijos varones de ella, contra su deseo de tenerlos cerca, supuestamente para evitar su afeminamiento.
Y lo que a ella le pasa es que con dieciocho años se vio obligada a casarse con un hombre por el que no siente nada, que la minusvalora y desprecia, un estúpido integral que dice "qué puñetas" cuando se enfada y vive toda la semana en Londres donde trabaja, controlando telefónicamente la vida de Ruth y decidiendo por ella y contra su opinión en las cosas importantes, a la vez que le pone los cuernos. Y a Ruth le pasa que no sabe que hacer sola en casa con una hija que también la menosprecia, que adulta para unas cosas no deja de ser una adolescente que se aburre soberanamente en el Common y no mira más allá de su ombligo, que piensa que su madre nunca ha tenido un problema y que vive en los mundos de Yupi, mientras pretende que le resuelvan de un plumazo y sin complicaciones todos sus problemas, incluso el más grave que pone a su madre en el brete de tomar en su nombre la elección más grande de su vida que la retrotrae al pasado y actualiza sus peores recuerdos. La niña me ha puesto de los nervios. Transfiere su problema a su madre y se queda tan fresca y cuando conoce ciertos hechos que las hacen acercarse, lo hace solo aparentemente para darle luego la espalda. Tope insolidaria la  nena, empatía cero.
La sociedad del vecindario del Common, en la que todos se conocen, saben sus secretos y los difunden sin piedad como si tuvieran derecho a ello, no ayuda en modo alguno a Ruth. Gente más o menos bien que vive en absoluta separación de sexos durante la semana laboral: los hombres trabajando en Londres y las mujeres solas en casa, con los aparentemente los mismos gustos y costumbres, aunque por debajo fluyan problemas graves. Los fines de semana las cosas cambian y aparentemente la vida familiar retorna hasta el lunes.
La novela machaca con pocas frases ese mundo, hace aflorar en un par de líneas lo que subyace bajo la apariencia social del vecindario y critica despiadadamente la hipocresía y falsedad de su mundo.
La obra toca varios temas clave en la vida de Ruth y, podría decirse, de muchas mujeres en una situación parecida: compromisos forzados, libertad de decisión y elección, maltrato psicológico, machismo, aborto, agobio por el entorno, hipocresía social, soledad... y está muy, pero que muy bien escrito. Pese a los años que tiene (es de 1958) el lenguaje y el tratamiento de los temas resulta muy actual. Yo también lo recomiendo a todas las mujeres y pongo en lista de espera "El devorador de calabazas".
Nota: he descubierto a la vez que a Penelope al otro Mortimer, John, que fue su marido, pero "Los juicios de Rumpole" que me estoy leyendo no me están pareciendo tan desopilantes como prometen. Aunque el ser llevados a la BBC los hizo más famosos, no me parece que estén a la altura de la escritura de Penelope.
Nota 2: No se si esta reseña merecerá el aprecio de Masa Crítica como para que me sigan facilitando algún libro en el futuro pero les estoy muy agradecida por haberme regalado este libro y darme a conocer a Penelope Mortimer
Nota 3: Se me ha olvidado comentar que el título del libro deriva de una canción que suena en la caja de música infantil que la protagonista compra al principio del libro.

lunes, julio 30, 2018

Vigésimo séptimo libro 2018: "El homenaje", de Andrea Camilleri.

Es sencillamente genial. 
Un relato corto de mi amado Camilleri que con ironía, humor y espíritu crítico pone de manifiesto en pocas páginas la estulticia del seguidismo ciego de una ideología, del fanatismo político, en este caso el fascismo, pero que podría aplicarse sin problemas a cualquier -ismo que se os ocurra; las mentiras cotidianas públicas y privadas que generan imágenes de las personas, las instituciones y las ideas que nada tienen que ver con la verdad y a veces ni con la realidad. 
Al día siguiente de la entrada de Italia en la segunda guerra mundial, en pleno dominio del Duce y con el país eufórico "como si la guerra fuera un billete de lotería premiado", la geopolítica deja paso a la pequeña política en Vigàta cuando Micheli Ragusano regresa a la localidad tras su confinamiento de cinco años en la isla de Lipari condenado por "difamación sistemática del glorioso régimen fascista, de modo que no era prudente mostrarse cordial con él". Nadie le saluda y cuando entra en el Círculo Fascismo y Familia, una especie de casino, quieren echarle haciendo efectivo un antiguo acuerdo de expulsión que se tomó a raíz de su condena.
El interfecto acepta la situación como ineludible, pese a que su esposa ha venido pagando religiosamente las cuotas del Círculo en ausencia de su marido, pero cuando se levanta para marcharse le sale un inesperado pseudodefensor de su derecho a ser reintegrado en las cuotas satisfechas desde la expulsión: Manueli Persico, un anciano de 97 años, héroe de las brigadas fascistas, que había desfilado con Mussolini, improvisa una colecta entre los miembros del casino para devolver las cuotas a Ragusano.
Cuando Cocò Giacalone, el espía del secretario general, va a entregarle con un insulto el dinero en un cenicero en el que ha escupido, Ragusano no lo acepta y le dice a Persico que le devuelve el favor callando lo que le contaron sobre en el confinamiento y al decirle que si el nombre de Antonio Cannizzaro le dice algo el anciano fallece de una apoplejía. 
Ragusano es detenido y pretenden acusarle de asesinato mientras preparan los honores que consideran que merecía el difunto (de ahí el título) en un esperpéntico debate en el que elevando las propuestas para el homenaje acaban decidiendo dedicarle una calle y conseguirle a su jovencísima viuda una pensión, para lo que tienen que remover todos los hilos del poder.
La viuda, a quien le va la marcha, aprovechando las notificaciones de los honores a su marido y la idea de conseguirle una pensión así como el espíritu de consuelo que parecen tener todos los caballeros que la visitan, se deja consolar y reparte sus favores entre dos hombres, pero... no aprecia los acercamientos de un tercero que está prendado de ella en secreto desde hace años que la visitó por motivos profesionales ya que es médico.
El doctor Alletto planea su venganza y decide averiguar por qué la frase proferida por Ragusano provocó la repentina muerte de Manueli Persico y ahí comienza la mejor parte del relato que tiene párrafos verdaderamente hilarantes si no fuera por el trasfondo de tragedia que apreciamos; pero los juegos con el nombre de la calle, las investigaciones del historiador y los tejemanejes para intentar quedar bien ocultando la verdad y los secretos del supuesto camarada son, como decía al principio, geniales.
El libro se lee rápido y es muy, muy entretenido, pero da que pensar también mucho porque la clave jocosa del relato no sirve sino para destacar lo que ello ocasionó en la realidad histórica y meditar y pensar en la colaboración de la ciudadanía anónima en el desarrollo de los acontecimientos. Esas reuniones del círculo tan parecidas a algunas tertulias de casino en las que se decidían la vida o la muerte de las personas, como sin dar importancia y en aras de un supuesto ideal o dogma político que no permite disidencias, hacen que el relato con el que nos hemos reído nos deje un regusto amargo cuando nos paramos a analizar lo que hay debajo.
El libro lo publicó Salamandra y os lo recomiendo.

domingo, julio 29, 2018

Vigésimo sexto libro 2018: "84, Charing Cross Road", de Helene Hanff.


Me estaba leyendo otros dos pero se me cruzó éste como un buen recuerdo y no pude evitar releerlo. 
Es un libro encantador y muy original. Son las cartas (no todas, por supuesto) que la autora se cruzó con una librería londinense situada precisamente en la dirección que sirve de título a la obra en su búsqueda de libros de segunda mano a un precio asequible que coincidieran con sus peculiares gustos que excluían prácticamente la ficción. Tal vez por ello, quitando "Orgullo y Prejuicio", "Tristram Shandy", "Diario de una dama de provincias" y "Los Cuentos de Canterbury" no me suenan ninguno de los otros títulos que la autora solicita a la librería.
La correspondencia se inicia el 5 de octubre de 1949, cuando Gran Bretaña todavía se recupera de los efectos de la Segunda Guerra Mundial, en pleno racionamiento y con muchas carencias. Las primeras cartas que se cruzan entre la autora y "Marks & Co," son muy formales y siempre son contestadas por el mismo empleado de la librería, Frank Doel, pero poco a poco y a lo largo de los años la confianza entre Helene Hanff y los empleados de la librería se va incrementando, siempre a instancias de la autora que, como buena americana, es más abierta e impetuosa que los destinatarios de sus cartas, ingleses hasta la médula. Vamos conociendo incluso al resto de hombres y mujeres que trabajan en el 84 de Charing Cross Road y sus familias, que a veces escriben también, pero, sobre todo, vamos conociendo a la autora y resulta sorprendente cómo en pequeñas pinceladas y datos que desliza en sus cartas o relata abiertamente vamos conociendo su trabajo, el lugar donde vive, sus problemas e incluso sus ideas políticas y sucesos de su país, a la vez que de las cartas londinenses podemos extraer la situación que atravesaban tras la guerra, cómo va mejorando según avanzan las cartas y datos incluso de otros países por los familiares de los empleados.
Resulta gracioso que Helene Hanff siempre pague sus libros en efectivo metiendo el dinero en la carta ya que confía más en el servicio de correos que en otro tipo de formas de remitir dinero, y que además pague en dólares, importe que debe traducirle a esta moneda un amigo porque nunca llega a saber el equivalente de las libras, chelines y peniques de la moneda inglesa en que se le envían las facturas.
Además de solicitar libros (limpios y hermosos, eso sí), que a veces deben buscarle porque no disponen de ellos en la librería, les envía comida ya que es consciente de la situación tan precaria que están atravesando en Londres así como del papelón que hacía su país al respecto.
La relación llega a ser tan estrecha que Helene desea ir a Londres para conocer la librería y siempre que algún amigo viaja a esa ciudad le ruega que se acerquen a saludar a sus amigos epistolares. Pese a que tienen casi arreglada su estancia en Inglaterra, a la autora siempre se le cruza algún imprevisto económico (sus dientes, su trabajo, el cambio de casa...) que se lo impide, si bien mantienen la idea de que algún día el viaje será posible.
Las cartas son muy cortas, normalmente de una página, pero son muy entretenidas y el libro se puede leer en un día o ir degustando algunas cartas cada vez y que dure más tiempo. Yo no tuve paciencia y me lo leí de corrido. Os lo recomiendo sobre todo si os gustan los libros.
Nota: Sobre el libro se hizo una obra de teatro y hay una película que a ver si la encuentro protagonizada nada más y nada menos por Anne Bancroft, en el papel de Helene Hanff, Anthony Hopkins, en el de Frank Doel, y Judi Dench, en el de Nora Doel, la esposa Frank.

domingo, julio 08, 2018

Vigésimo quinto libro 2018: "Contra la lectura", de Mikita Brottman.

No se me ocurre nada más que a mí, apasionada lectora, ponerme a leer un libro titulado "Contra la lectura". Y es que cuando alguien en un vídeo blog mencionó el título entre sus futuras lecturas, me pareció interesante. 
Además, puesto que su autora (de la que entonces no sabía nada y en los restos me libraré muy mucho de seguirle la pista) parecía haberse doctorado en Oxford y haber dado clases en diversas universidades (aunque ahora lo sea en Baltimore en un Instituto de Arte o así) esperaba que el título fuera pura ironía y que realmente su interior fuera una especie de curso de animación a la lectura inteligente sin seguir modas, listas de libros más leídos o las recomendaciones del cultural del periódico del domingo.
Por otra parte el subtítulo del libro versa "un ensayo dedicado a los lectores que no creen que los libros sean intocables", en la parte de abajo pregunta si "¿se puede ser infeliz en una habitación llena de libros?" y en la contraportada una serie de frases encabezadas por "te dijeron que..." que acaban con "Y tú no puedes evitar leer. Pero quizá lo haces boli en mano y en pijama, quizás has conocido a grandes lectores que eran malas personas y quizá tu vida te parece aburrida comparada con tus novelas favoritas".
Ante eso, y ante un libro que además es físicamente muy bonito, ¿qué haces? Pues, lo que yo hice, pedir el libro a Blackie Books, que tiene unas encuadernaciones cuidadísimas y con unos colores poco frecuentes entre los libros y lanzarme a su lectura como si el color de la portada fueran aguas para darse un agradable chapuzón.
Para empezar, el título en inglés es más largo y les debió dar aquel de traducirlo también para que la obra se titulara, como en la lengua de Shakespeare: "El vicio solitario. Contra la lectura"; aunque ya en la introducción deja bien claro que la autora pretende abordar otro vicio solitario diferente al del eufemismo victoriano para la masturbación, si bien encuentra entre ambos muchos aspectos comunes.
La obra tiene una primera parte interesante en la que critica las campañas de animación a la lectura, sobre todo en Estados Unidos, y plantea que no siempre y no toda lectura es beneficiosa así como que leer por obligación no es recomendable. Hace algunas apreciaciones sobre el paso del temor a los libros de algunas épocas antiguas a la idea de que leer es siempre bueno y que ni tanto ni tan calvo, tontea con ciertas recomendaciones en las que parece que defiende que la literatura sólo sea entretenimiento o evasión y luego comienza a mirarse el ombligo contando experiencias personales que interesan una castaña, y el resto del libro lo dedica en plan snob postmoderna a criticar la práctica totalidad de la historia de la literatura, desde los clásicos griegos hasta los textos antiguos de su británico lugar de nacimiento y hasta casi todo el siglo XX, pasando por todos los rusos y tocándome las narices diciendo que la primera parte del Quijote le parece más un ejemplo de maltrato animal que un libro divertido, con lo que estuve dudando seriamente entre tirar el suyo a la basura o comenzar a redactar una querella. Al final, arrepintiéndome de no seguir la recomendación de la autora y haber dejado de leer en la página 60, que es el cuartelillo que ella da para saber si debe dejar por imposible una obra, continué hasta el final, para cerrar el libro concluyendo que las únicas frases inteligentes que contiene son las que la editorial a colocado fuera para hacerle publicidad. Absténganse ustedes de su lectura.
Nota: si hasta critica que se incluyan agradecimientos en los libros y ella incluye nada más y nada menos que 32. No se si es ironía, porque la ironía que no se distingue como tal no lo es en modo alguno, pero se podía haber ahorrado un par de páginas, así como las otras 13, sí 13, que dedica a enumerar por orden alfabético las obras citadas y fuentes, que igual cree que alguien se va a animar después de tragarse su libro. Aunque, como hay tantos lectores casi como libros, igual no faltará otro roto para este descosido.

Vigésimo cuarto libro 2018: "Lejos del corazón", de Lorenzo Silva.

Con lo que me gusta Silva y lo fan que soy de Bevilacqua y Chamorro y hay que ver qué poco me ha gustado esta última entrega. No se si es que no la he leído de corrido sino a ratos entre otras lecturas o es que no me ha gustado de verdad, pero lo acabé con sensación de aburrimiento. Igual si fuera guardia civil me habría encantado pero, que la novela ocupe la mayor parte del tiempo repartiendo el trabajo entre guardias y reportando sobre la investigación sin que la trama tenga demasiada acción hasta el final, pues me ha dejado fría. Y que Chamorro tenga tan poquito protagonismo no me gusta, ni que Bevilacqua se dedique a repasar su pasado en el norte que parecen el capitán y él el abuelo Cebolleta.
En fin, que la cosa va sobre la desaparición de un tal Cristófer, informático de éxito, aunque investigado por determinados trapicheos, por quien pidieron un rescate y que, pese a haber pagado la familia, sigue sin aparecer. 
El ya subteniente Rubén Bevilacqua, que acaba de ver a su hijo jurar bandera para unirse al cuerpo de su padre, es requerido para la investigación ya que dado el tiempo transcurrido no se tiene mucha fe en que el empresario de la informática aparezca vivo, así que Vila y su equipo bajan hacia Algeciras y allí forman un equipo mixto con los guardias de la zona para repartirse el trabajo y avanzar en las pesquisas que los van llevando, con la desaparición del socio del primer desaparecido de por medio, por los "negocios" de la zona, Gibraltar incluido, tocando desde el narcotráfico, los delitos informáticos, el blanqueo de dinero, los bitcoins y otras criptomonedas y, en general, las nuevas formas de la ciberdelincuencia en las que, si se roba poquito a muchos y los delincuentes no ponen cara a las víctimas, ni siquiera tienen la sensación de delinquir. Vamos lo de ojos que no ven, corazón que no siente o, de donde viene el título del libro, "lejos de los ojos, lejos del corazón".
Bueno, al final sí hay un poco de acción, así que igual si la leéis sin paradas resulta que está muy entretenida y que me he perdido la sensación.
En cuanto a los personajes, aunque Bevilacqua está un poco misántropo, se siente viejo y no acaba de ver su relación con la jueza del libro anterior, Chamorro le ayuda de una manera que no acabo de ver. Que me preocupa a mi más esta chica, que no acaba de despegar en lo profesional, sin que le pueda echar la culpa al techo de cristal porque en lo personal no tiene muchas cargas a las que culpar y su personaje no anda tampoco muy allá. Tengo la sensación de que el personaje de Bevilacqua impide a Chamorro ascender ya que que si Silva prefiere que su guardia no sea de muchos galones pese a sus éxitos profesionales no puede poner a Virginia a estudiar para superiores destinos. En fin, no se, que por lo menos intervenga más en los interrogatorios y se le vea el potencial, que en este libro tiene casi más espabile la ya cabo primero Salgado.

Vigésimo tercer libro 2018: "La investigación", de Philippe Claudel.

Muy bueno. Un libro para pensar, para repensarnos en nuestra sociedad, para dejar de funcionar en piloto automático, mirar alrededor y tomar decisiones por nuestra cuenta. 
Me ha recordado mucho, mucho "El Castillo" de Kafka, que releí hace años cuando Esteban, un compañero de oposiciones (que imagino andará ahora de magistrado por alguna Audiencia) me regaló "América y otros relatos", también de Kafka, y que juntos y con la inestimable ayuda de "La insoportable levedad del ser" acabaron de hacerme inaguantable la insoportable pesadez de las Judicaturas, obligándome a replantearme las cosas y dejar las oposiciones para dar un pequeño salto al vacío.
No había leído nada de Philippe Claudel pero no es mal momento para empezar.
En esta novela de personajes sin nombre, en una ciudad inhóspita con características, e incluso climatología, distintas según sea de noche o de día, en un ambiente opresivo, agobiante y alienante, el protagonista, muy a su pesar, es El Investigador; un hombre gris que se baja del tren un atardecer lluvioso con una misión que cumplir: realizar una investigación en La Empresa en relación al alto número de suicidios detectados entre los empleados.
Desde el minuto uno las cosas no funcionan como El Investigador está acostumbrado a que lo hagan, nadie le espera en la estación como estaba previsto y todo se pone en su contra para iniciar su tarea. El Investigador nos parece un hombre metódico, quizás demasiado, como demasiado funcionario, demasiado acostumbrado a que los engranajes del sistema funcionen de forma automática sin desvíos. Está tan seguro que vendrá un coche a buscarlo que se queda de pie esperando y se pone como una sopa hasta que llega a la conclusión de que se han olvidado de él. Y los engranajes de su historia sólo han comenzado a desviarse poco a poco.
Vemos algo raro desde el principio porque el Investigador no parece ser la persona más decidida del mundo y no se acaba de dar cuenta que ya no está en su esquema de trabajo ni de vida hasta demasiado tarde, aunque las circunstancias son las que son y no parece poder hacer otra cosa porque en su esquema no entra el absurdo, protagonista principal.
Sin batería en el móvil, poco a poco va discurriendo por una ciudad que le resulta hostil hasta lo indecible, desde el bar en el que entra al principio. La ausencia de taxis, de personas, de establecimientos abiertos le hacen deambular bajo la lluvia y la nieve, calado hasta los huesos, dando vueltas, perdido, aterido y solo hasta que da con La Empresa, una enorme mole que parece dominar la ciudad y a la que desde cualquier sitio parece poder llegarse aunque sólo para dar contra el muro que la rodea sin que encuentre la puerta y para no poder entrar cuando la encuentra protegida como un búnker y sin que se le permita entrar por cuestiones burocráticas.
La nochecita toledana del Investigador nos llega a agobiar mucho, tanto que incluso, en pleno mes de julio, sentía el frío que debía estar pasando y la desesperación de buscar un hotel o cualquier refugio y no encontrarlo. Y cuando encuentra hotel, el rechazo, la locura del lugar, las escaleras, la habitación, sin baño... La situación no resulta en modo alguno normal, pero hemos acompañado al Investigador en su agonía nocturna y, como a él, ya todo nos parece creíble.
A la mañana siguiente, ya con sol, El Investigador, hecho un cromo debido a la noche anterior, vuelve a emprender su misión y entonces el agobio es otro no menos absurdo que el de la noche anterior: la calle está llena de gente en las aceras que caminan todos en la misma dirección, acera arriba los de una y acera abajo los de la otra, y la calzada llena de coches, sin que El Investigador pueda cruzar la calle para llegar a la Empresa hasta que aparece en escena El Policía.
El libro hay que leerlo, no os puedo contar mucho más sobre la experiencia de El Investigador en La Empresa porque temo descubrir cosas que deben descubrirse leyendo pero la situación de extrañeza, agobio y pérdida no desaparece en ningún momento ni siquiera al final digno de La Cabina, de José Luis López Vázquez.
La novela da para mucho: el poder, la alienación, lo intercambiable o prescindible de las personas en las organizaciones, trabajos o funciones, la falta de empatía, la desesperanza,... Si estáis un poco depres o vuestro trabajo no acaba de ajustarse a vuestras expectativas, dejaría el libro hasta que no os afecte demasiado. Pero, en cualquier otro momento, os animo a leerlo. Y en todo caso, volver a las fuentes: Kafka, Kafka, Kafka.
Nota: por cierto, que he buscado a Esteban por la web y efectivamente es magistrado aunque no en la Audiencia, es titular del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria nº 6 de Barcelona y se conserva bastante bien, según se le ve en una foto de una ponencia que impartió el año pasado en unas Jornadas de Derecho Penitenciario del Colegio de Abogados de Barcelona.

domingo, julio 01, 2018

Vigésimo segundo libro 2018: "El cielo robado", de Andrea Camilleri.

Cada vez me gusta más Camilleri. Me conquistó con su Montalbano pero me enamora cada obra suya que leo que no pertenece a la saga de su personaje estrella.
"El cielo robado" es una pequeña joya que consigue convertir a un notario, Michele Riotta, en personaje de novela negra, que ¡habrá profesión menos novelera! Y conocemos casi toda la historia por las cartas que le dirige a una mujer y los informes del oficial de la notaría de Agrigento, sobrino del notario, y de la policía. 
No podemos leer las cartas de ella, así que vamos teniendo una visión parcial de la trama que comienza cuando el Notario contesta a una primera carta que le ha dirigido Alma Corradi interesándose por un librito que en su día publicó defendiendo la tesis de que el pintor Pierre-Auguste Renoir había intervenido en dos frescos de la iglesia de Capistrano.
El notario Riotta, viudo desde hace años, se siente alagado y contesta a la carta dando pormenorizada información sobre lo que se le pregunta dando inicio con ello a un intercambio epistolar de alto nivel cultural que progresivamente va ganando en voltaje erótico cuando el notario se va enamorando de la destinataria de sus cartas en las que siempre tratan de arte y principalmente de la presencia de Renoir y Aline Charigot en Sicilia y en concreto en la zona en la que se mueve el notario.
En un momento dado, cuando el notario y Alma ya parece que hayan tenido algo más que una prolija correspondencia, el señor Riotta desaparece y a partir de entonces la historia la cuenta su sobrino en un informe que escribe para la policía y los propios informes de la policía que nos descubren el inesperado final y el resto de la historia.
Es cortito pero me ha gustado un montón. Os lo recomiendo.

Vigésimo primer libro 2018: "La desaparición de Edith Hind", de Susie Steiner.


No recuerdo cómo conocí este título. Posiblemente en la web de Siruela por la que de vez en cuando me doy una vuelta. Y no es que lo confundiera con el último de Dicker, el nuevo del autor del de Harry Quebert (que se debe estar gastando en publicidad lo que no está escrito), porque no he leído todavía nada suyo y, sobre todo, porque no se había publicado todavía cuando me leí el que reseño. Éste salió en mayo y el de Dicker en junio. El caso es que comencé a leerlo y me enganchó.
La novela trata, como de su nombre puede concluirse, de la investigación que tiene lugar tras la desaparición de una joven en extrañas circunstancias.
No se cuántos personajes deben narrar la historia para que una novela pueda ser considerada coral; imagino que pasará como con los coros y las corales, que depende de cuántas personas cantan juntas reciben unos nombres u otros. Pero, a lo que voy, que ando dispersa, en esta novela de Susie Steiner la narración no es cosa de un único personaje sino que son varios los que cuentan la historia: Manon Bradshaw, oficial de policía, el agente Davy Walker, la madre de Edith, Miriam, su mejor amiga, Helena e incluso la propia Edith. Los capítulos aparecen encabezados por el día de la semana y sólo el primero fechado, el sábado 17 de diciembre de 2010, con lo que sabes en qué día estás pero no exactamente la fecha lo que confunde un poco, no se si por pretenderlo así la autora y que nos agobie el tiempo tanto como a los protagonistas, aunque de vez en cuando dice el número de días que han pasado desde la desaparición. Luego cada día tiene varios subcapítulos encabezados por el nombre del personaje narra la acción a la par que sus propias vidas e inquietudes personales que es una de las cosas buenas que tiene la novela aunque en algunos pasajes me saltaría los problemas de Manon para encontrar pareja y la achucharía para que se centrara en la trama.
La verdad es que me ha gustado mucho el libro porque me encontraba tan perdida en la búsqueda de Edith como los personajes del libro. Según se avanza en la lectura vamos conociendo la forma de ser y la vida de Edith como normalmente se conoce a las personas en la realidad, con trozos de descripciones, con opiniones diversas, con mentiras incluso, que forman un caleidoscopio que va cambiando constantemente nuestra perspectiva y nuestra opinión sobre ella y sobre lo ocurrido. Se nos pone ante dilemas morales, prejuicios, dudas que parecen esconder la verdad y no encontrar el camino para solucionar la desaparición y temernos que a la vuelta de la siguiente página nos encontremos el cadáver.
Se tocan muchos temas en el libro sobre todo desde los diferentes puntos de vista de las mujeres protagonistas, con el contrapunto del único hombre que también narra la acción. Maternidad, aspiraciones profesionales de las mujeres, las expectativas que cada personaje tiene en su carrera, las jerarquías laborales, las relaciones de pareja en su compleja diversidad, los prejuicios de clase, el lesbianismo y la homosexualidad, distintas masculinidades, la necesidad de afecto... todo ello en una trama cada vez más enrevesada en la que vas de sospechoso en sospecho hasta el sorpresivo final de la historia.
Está muy entretenida la novela y tal como acaba tendremos con seguridad una nueva entrega de las investigaciones de la oficial Manon Bradshaw.

lunes, junio 11, 2018

Vigésimo libro 2018: "Los perros duros no bailan", de Arturo Pérez-Reverte.

Los perros duros no le bailarán el agua a nadie pero yo tampoco hoy a Pérez-Reverte, que espero esté entretenido en Twiter y no tenga noticia de mi blog. Y es que su último libro me ha dejado un sabor agridulce, tirando más a agrio que a dulce.
Leí Online el principio de "Los perros duros no bailan" y me esperaba más de lo que me he encontrado. Esperaba una novela negra con protagonistas perrunos y, aunque mucho de ello tiene, no pasa de ser un divertimento en el Pérez-Reverte aprovecha los ladridos de los personajes de la novela para contar la misma historia de siempre con los mismos personajes estereotipados que le gustan: protagonista masculino, muy macho, con mucha historia a sus espaldas, amigo de sus amigos, terrible con sus enemigos y con principios muy suyos de los que se siente orgulloso y que defiende preferiblemente de manera violenta. Los perros que no reúnen los requisitos de masculinidad perruna los considera maricas o causan risa.
Esta vez el protagonista es un perro, pero salvo por lo forzado de utilizar "ladridos", "lametazos", "chocar la pata"... podría ser cualquier otro de los personajes humanos de otro libro de Pérez-Reverte.
Por contra, los personajes femeninos, las perras del libro, no tienen término medio: si se dejan montar por todos son "putillas" y la que nos se deja montar por cualquiera es una "feminista resentida". Para que una perra merezca respeto tiene que ser única, no sirve cualquiera y por eso en el libro sólo hay una.
Respecto de la historia, no da para mucho, si bien, casi todas las novelas de Pérez-Reverte, resulta entretenida y se lee rápido (también porque es muy corta) pero me molestaban las repeticiones en las frases y comportamientos de los perros, que vale que el perro marque su territorio, pero tampoco hay que decir "aquí estuvo..." cada vez que lo haga. Además, no acaba de decidirse la cosa, si son perros que no dominan el lenguaje de los humanos, cómo es que conocen su historia y sus personajes y casi leen el periódico; pero claro, en los dibujos animados todos los animales hablan, entienden y algunos se comunican con los humanos, aunque resultan en el libro contradicciones bastante evidentes al respecto.
La trama tampoco da para mucho: el Negro, el perrazo protagonista de la historia, con un relevante pasado en las peleas de perros, sabe de la desaparición de un muy amigo suyo y de otro perro que conoce y decide buscarlos. Pronto necesita hacer uso de sus habilidades como luchador, y, aunque desde el principio se describe como no muy listo, no acabo de entender que deba meterse en la boca del lobo para rescatar a sus amigos. Pero en eso consiste la cosa.
Lo que más me ha gustado es la descripción de los personajes: el perro filósofo, la argentina, la novia del perro desaparecido que gusta también al Negro... Lo que menos, el machismo de que hace gala la narración, ya que, aunque sean perros y, como dice el protagonista, no necesiten ser políticamente correctos, no deja de resultar sorprendente la afirmación, pues parece que no fuera concebible una masculinidad que no fuera machista y que la otra posibilidad para los machos sólo fuera hacer el paripé para no parecerlo en exceso.

domingo, junio 10, 2018

Décimo noveno libro 2018: "No me toques", de Andrea Camilleri.

Camilleri no deja de sorprenderme. Y, Dios mío, que me pongo mala cuando pienso la edad que tiene y que puedo quedarme sin mi ración de Camilleri cada cierto tiempo. Siempre quedarán las relecturas, pero no es lo mismo.
Este "No me toques" es corto, fresco, no es de Montalbano y parece que lo haya escrito un Camilleri en plena juventud experimentando con las formas de la novela y no uno nacido en 1925. 
Me gustó mucho, pero me pasó que acabé el libro una noche y a la mañana siguiente no era capaz de acordarme cómo terminaba. Recordaba toda la trama, lo que me llamó la atención el método de investigación, muchas cosas sobre la mujer a la que buscan, pero del final, nada de nada. Tuve que volver al libro y releer el último capítulo para recordar. Y es que el libro lo peor que tiene es el anodino final que da a la historia, por otra parte bastante verosímil si nos atenemos a lo que sabemos de Laura y su trayectoria vital, que en el fondo busca una salida y qué mejor salida que la que Camilleri le da.
La novela narra una investigación policial llevada a cabo por el comisario Luca Maurizi, de la Jefatura de Roma, quien, al contrario que nuestro Montalbano, es concienzudo metódico y constante en sus pesquisas. El libro se ordena en capítulos encabezados por una fecha y avanza linealmente según lo hace la investigación desde el 5 de junio de 2010 al 5 de julio del mismo año con algún flash back a que obliga la lectura de cartas de Laura, pero no es una narración como tal porque los capítulos son entrevistas con el marido, algún amante, una amiga, testigos..., es decir, que son casi todo diálogos, conversaciones, alguna carta copiada literalmente... sin que ello impida que vayamos construyendo un relato de la vida de Laura sin perdernos detalle pero conociéndola como se conoce a las personas, que nunca lo hacemos de una vez y en un relato completo y cronológico, sino por las impresiones de otras personas, sus opiniones, experiencias compartidas o deseos. La estructura es muy buena. Y además el investigador no parece tomar partido ni opinar, se limita a recabar datos, pruebas, noticias y seguir su investigación minuciosamente, para fastidio y enfado de su superior, llegando a conocer qué sucedió y por qué sin prejuzgar nada y, lo que resulta más extraño, sin juzgar a Laura.
Y es que la trama policial tampoco es importante, porque realmente no hay tal, no hay crimen, no hay delito y todo lleva a pensar que estamos ante una desaparición voluntaria, por lo que se trata más de una investigación psicológica para averiguar el por qué de la decisión de Laura.
La novela comienza con el marido de la desaparecida, que es un escritor mucho mayor que su esposa y un poco tontolaba, llamando a la policía porque su mujer, que dijo que se iba a escribir a otra vivienda propiedad de la familia tras uno de esos días en que le mudaba el humor (el lebeche, lo llamaba, como el viento del desierto), nunca llegó a la casa. No teme por su vida ni por su integridad, pero está preocupado.
El policía se va entrevistando con personas que conocieron y se relacionaron con Laura, lee sus cartas, sigue su trayectoria, y, a la vez que él, la vamos conociendo. Sabemos que es culta, que su tesis doctoral versó sobre Fray Angelico, que estaba obsesionada con su "Noli me tangere" (de ahí el título del libro), que tuvo una idea sobre el significado del cuadro que influyó en su propia vida (ya que tuvo una vida amorosa muy activa y libre antes de casarse y a partir de ese momento -salvo alguna excepción- pareció renunciar a su sensualidad), que está escribiendo un libro... y poco a poco nos vamos acercando a la propia Laura. Pero... ya lo dije arriba el final lo vi entre tirando a decepcionante y decepcionante del todo. Aunque, tal vez no. No sabemos si Laura encontrará lo que busca. En cualquier caso, una delicatessen de Camilleri.

Décimo octavo libro 2018: "El crimen del conde Neville", de Amélie Nothomb.

Uno o dos Nothomb al año no hacen daño. Son cortos, originales y no decepcionan, pero al ver que ya en la primera línea aparece una vidente se me vino a la cabeza la de "El cielo ha vuelto" que leí hace poco y estuve a punto de no seguir, que dos videntes en tan poco tiempo podrían acabar con mi paciencia. 
Pero seguí leyendo y al ver que Madamen Portenduère, la vidente, no tenía más intervención en la novela que su pronóstico inicial, me tranquilicé y disfruté del guiño a Oscar Wilde de esta nueva cápsula del genio de Amélie Nothomb.
El conde Neville del título pertenece a una familia venida a menos (su padre por lo menos era abogado, pero el protagonista de la novela no parece dar palo al agua) que está a punto de vender su castillo como única solución para seguir viviendo del cuento, no obstante lo cual, su única preocupación importante parece ser que su última garden party esté a la altura de siempre como el acontecimiento social más grande de las Ardenas belgas que ha venido siendo hasta la fecha. Que bien parece que Neville no sirve para otra cosa que como anfitrión de esa fiesta.
El conde ha recibido una llamada de la vidente porque la noche pasada encontró en el bosque muerta de frío a Sérieuse, la hija pequeña de Neville, a quien ni su esposa ni él habían echado de menos. Tras realizarle algunas recomendaciones para que se interese sobre "las vivencias" de la pequeña, que en su día fue la alegría de la huerta y ahora casi ni habla, Madame Portenduère le vaticina que en su próxima recepción matará a uno de los invitados, pese a lo cual todo irá de maravilla.
Neville se preocupa en primer lugar sobre la causa por la que su hija salió a escondidas para dormir en el bosque, pero enseguida pasa a ocuparse de lo que en realidad le afecta: la posibilidad de asesinar a un invitado en su propia fiesta, delante de la crème de la crème, siendo su condición de anfitrión aquello de lo que más orgulloso está y, sobre todo, no puede dormir pensando en las consecuencias del acto en sí, no precisamente de las consecuencias penales, sino de cómo afectará a su relación con sus iguales el hecho de haber cometido un crimen en público. No soportaría que le dejaran de hablar o le apartaran de la sociedad a la que considera que tiene derecho a pertenecer.
La niña, que es la única inteligente de la casa y atraviesa una adolescencia trágica y desesperada, ofrece una posible salida al dilema de su padre que estudia la muerte de cuál de sus invitados le supondrá menos repercusiones sociales. No os voy a descubrir la aparentemente descabellada idea de Sérieuse pero el padre se lo llega a plantear en serio, si bien los absurdos razonamientos de Neville, bordeando la tragedia, llegan a provocarnos la risa. Sus dilemas morales, su preocupación por las apariencias y el que dirán, por seguir perteneciendo al ambiente nobiliario en el que se nació, a costa de lo que sea, convierten a Neville en un personaje a la vez original y estereotipado y a la novela en un divertimento que incluye una crítica mordaz de ese mundo al cual la Nothomb no resulta ajena.
Muy entretenida, esta novelita admite muchas lecturas. Seguiré leyendo a esta autora que nunca deja indiferente.

lunes, mayo 14, 2018

Décimo séptimo libro 2018: "La mujer singular y la ciudad", de Vivian Gornick.

Cuando me llegó esta última entrega de Bookish me sentí un poco decepcionada, por aquello de la relación precio/número de páginas, pues esta pequeña joyita sólo tiene 148. Pero la verdad es que merece la pena porque me ha dado a conocer a una autora que no conocía, pese a que el mes que viene cumple 83 años, a esta neoyorkina del Bronx, feminista hasta la médula, cosmopolita y brillante que creo que sólo tiene otro libro en castellano (que me está faltando tiempo para conseguir).
No es una novela ni un libro de relatos sino trocitos de reflexiones, paseos, conversaciones, voces, disgresiones... que pueden leerse en el orden que se quiera y tienen como elemento en común a la autora (no se si de verdad es autobiográfico o se permite licencias poéticas, pero me da el perfil) y, sobre todo, a la ciudad y la gente de Nueva York pues la mayor parte de los textos (de entre media página y página y media) tienen que ver con personas que encuentra en su deambular por las calles de la gran manzana, aunque incluye también charlas con jugosos diálogos, especialmente con Leonard, su gran amigo gay con quien se reune con periodicidad marcada en el calendario, o experiencias con amantes con los que puede decaer una atracción física extraordinaria si no dan la talla como conversadores. No obstante, la mayoría de los textos son impresiones de conversaciones escuchadas o mantenidas, de voces de la calle, filtradas por el agudo tamiz de su incisivo juicio, de pensamientos que le surgen paseando, de recuerdos que le vienen a la memoria, de revisiones de opiniones pasadas... en pocas palabras pero de una agudeza y acierto verdaderamente dignos de elogio.
Los textos no figuran por orden cronológico ni tienen una línea temática homogénea que no sea la pasión de Vivian por su ciudad y la defensa a ultranza de sus ideas que la convierten en la mujer singular del título, que es como se ha traducido al castellano el "'odd" inglés del título original, un mujer terriblemente inteligente con una prosa capaz de expresar en dos líneas un pensamiento profundísimo, capaz de transmitir en un diálogo de apenas cuatro frases la insatisfacción, la soledad o el hastío de quien habla. Solidaridad en la calle, cuestiones de género, sexo, feminismo, cultura, cierto snobismo... y una desbordada pasión por su ciudad. 
Me ha gustado mucho descubrir a Vivian Gornick y en cuando pueda tengo que leer sus "Apegos feroces". Además, de paso, he descubierto la editorial mejicana que ha publicado la obra, Sexto Piso, cuyo anagrama, un edificio de pisos con un hombrecillo saltando de una de las ventanas del sexto, parece ser que tiene explicación en una frase dicha por uno de los socios de la editorial cuando todavía no tenía nombre. Estoy repasando el catálogo y tiene cosas originales.