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miércoles, febrero 01, 2017

Vigésimo segundo (y último) libro 2016: "El oficio del mal", de Robert Galbraith.

Nueva entrega, la tercera ya, de las aventuras del detective Cormoran Strike y su antes secretaria y ahora medio socia (o no) Robin Ellacot. J.K. Rowling sigue haciéndome pasar buenos ratos con su pseudónimo Robert Galbraith, aunque este libro lo habría "podado" un poco en la primera parte que no se qué hacen recorriéndose la Gran Bretaña cuando el asesino actúa y amenaza en Londres, pero en fin, da la impresión que añade contenido para cuando lleven a la pantalla los libros y así necesitará menos guión porque ya tiene el trabajo hecho: viajecitos por la geografía británica y comidas en pubs para promocionar viajes y rutas (que entre un par de series de la BBC que sigo y un par de libros que he leído este año me están entrando unas ganas de conocer Gran Bretaña antes que ejecuten el Brexit...), conversaciones que parecen sobrar para crear más diálogo, lo que apunta a serie y no a película, vida personal de los protagonistas, que hasta ahora no salía demasiado y maldita la gracia, sobre todo Mathew, el novio de Robin, que me cae fatal...
En cuanto a la trama, preparación de la boda de Robin y amoríos de Cormoran aparte, la historia comienza con el asesino limpiándose las uñas tras cometer uno de sus crímenes y Robin recibe un paquete dirigido a ella en cuyo interior le envían una pierna cortada de mujer con una nota con parte de la letra de una canción de Blue Öyster Cult, un grupo de rock de los setenta cuyas letras sirven también para encabezar todos los capítulos del libro, relacionando siempre la frase con el contenido del texto.
Cormoran llama a la policía y se encarga del caso Eric Wardle pero como no le pone demasiada pasión y se limita a sospechar de un mafioso con aficción a remitir partes de sus víctimas, Robin y Cormoran siguen sus propias líneas de investigación con la idea de que la persona que intenta amilanar a Robin lo que pretende realmente es destrozar la carrera de detective de Strike, cosa que progresivamente va consiguiendo porque comienza a perder clientes de manera alarmante (para alegría de parte de la policía que no soporta que Strike tuviera éxito en el pasado en un par de casos que ellos no fueron capaces de resolver).
Sus investigaciones, a la vez que se dispersan geográficamente, se centran en tres individuos que pueden querer perjudicar al detective: una antigua pareja de su madre y dos antiguos soldados a los que Strike investigó en sus tiempos de policía militar. También investigan (que hay gente "pa tó") a un grupo de personas que desean amputarse miembros y con los que contactó una de las víctimas. Mientras van y vienen la cosa se va poniendo fea ya que aparece el cadáver de una mujer y las amenazas hacia Robin son cada vez más reales lo que además del consiguiente miedo le ocasionan problemas con su prometido e incluso con el propio Strike que la quiere fuera de la circulación para evitar ponerla en riesgo. También conocemos cosas de la vida de Robin que marcaron su trayectoria vital y que desconocíamos en los libros anteriores. Cada vez me cae mejor esa chica.
La novela es muy entretenida, aunque tiene una parte bastante dispersa antes de la mitad o así, pero vamos sospechando de todos como mandan los cánones del género y hay momentos en que tenemos que mirar sobre el hombro porque Rowling describe tan bien la tensión que parece que tenemos al asesino detrás nuestro, sobre todo porque el punto de vista de la narración, que cambia varias veces, en ocasiones corre a cargo del propio asesino. Por mí que siga con Cormoran y Robin y a ver si ruedan la serie, que ya tienen una seguidora.
Y os dejo una muestra de la música del grupo que escucha el asesino.

Vigésimo primer libro 2016: "Venirse arriba" de Borja Cobeaga y Diego San José.

Es de los guionistas de "Ocho apellidos vascos" y parece ser que comenzó siendo el guión para otra película que no se llegó a hacer. Para pasar el rato no está mal si no se espera alta literatura o una buena trama.
La acción se desarrolla en Amsterdam; un estudiante erasmus de esos en perpétua adolescencia y sin muchas luces recibe la visita de su padre, un original personaje que parece el estereotipo del hombre de pueblo pero que acaba siendo más espabilado que el hijo. El padre, antiguo minero asturiano divorciado, aunque no acaba de asumir la ruptura, no tiene un euro ya que se le ha acabado el paro y no tiene ninguna expectativa de encontrar trabajo así que no se le ocurre otra cosa que viajar a Holanda para intentar vivir con su hijo con cargo a la beca que el mismo disfruta.
Al principio el hijo, cuya principal ocupación reside en ganarse los favores de otra erasmus francesa, intenta por todos los medios que su padre regrese a España mientras su progenitor comienza a conocer la cuidad y hacer encajar su carácter y costumbres con el supuesto cosmopolitismo europeo que brilla por su ausencia en el libro ya que nadie parece ser muy europeo.
En la novela no pasa mucho, demasiados tópicos demasiado exagerados y sólo a veces verdaderamente graciosos, sucesivos gags que pretenden ser humorísticos y no todos los son. El hijo se avergüenza y se ríe a partes iguales de su padre aunque al final tampoco él deja de resultar patético intentando competir con el novio francés de la chica que le gusta sin mucho que ofrecer a cambio. Lo más divertido son los emails que el padre manda a sus antiguos compañeros de bar contando sus experiencias en Amsterdam.
Pues eso, que lo mejor que tiene es que es corta y para pasar un rato buena está, pero no mucho más.

domingo, enero 29, 2017

Vigésimo libro 2016: "El prisionero del cielo", de Carlos Ruiz Zafón.

Cuando ya había salido el último libro de Ruiz Zafón, en noviembre del pasado año creo, dando una vuelta por la zona de libros del Carrefour y tomando entre mis manos el ladrillo me puse a meditar sobre los pros y los contras de invertir casi veinticuatro eurazos en la compra de "El laberinto de los espíritus" rememorando los tres libros anteriores de lo que se suponía una trilogía y había devenido en tetralogía; y el caso es que "La sombra del viento" me encantó, "El juego del ángel" bastante menos y... ¿y el otro?... ¿y el otro?... pues que no me había leído el otro, así que salí del centro comercial con una escusa para no gastarme el dinero. 
Pero, mira por dónde, a los pocos días y casi a la hora de comer se personaron en el domicilio familiar dos comerciales del grupo Planeta que con la gola de agradecer a mi hermano la compra en su día de la Enciclopedia Espasa (allende los días) venían a tener un detalle con él y de paso a intentar vendernos la Gran Enciclopedia Planeta. Y el caso que con el detalle me quedé yo puesto que se trataba de un lote de libros del grupo entre los que se encontraba precisamente el tercer libro de Ruiz Zafón: "El prisionero del cielo", sobre el que ya había preguntado a mi amigo Pedro que no me quiso quitar la idea pero me dijo que no le había gustado.
Como a caballo regalado no se le mira el diente, con libro regalado procedí a su lectura sin grandes expectativas ya que a "La sombra del viento" entendía que era difícil hacerle sombra. Y el caso es que ni fu, ni fa, que no parece ni una novela completa, que te quedas como esperando, esperando... y se acaba. Y es que me da la impresión que Ruiz Zafón sólo tiene un libro en la cabeza y va dándole vueltas y vueltas con los mismos temas y protagonistas y éste en concreto parece querer explicar cosas no contadas en los anteriores y preparar el siguiente pero sin grandes méritos ni de trama ni literarios, aunque Ruiz Zafón escriba muy bien.
El libro no es demasiado grueso comparado con los dos anteriores y el que le seguirá en la tetralogía, aunque tenga casi 400 páginas incluído el detalle de mal gusto que son las ocho páginas de elogios sobre los dos libros anteriores que introduce al principio, que bueno está el fajín ese que ponen con un par de opiniones de algún periódico o de algún novelista importante, pero ocho páginas con buen cuerpo de letra y una separación entre párrafos bastante alegre ya me parece excesivo.
La novela comienza en la Navidad de 1957 en la Librería "Sempere e Hijos" donde Daniel (el de "La sombra del viento", ya casado y con un hijo y una vida aparentemente tranquila) recibe la visita de un oscuro personaje (que yo imagino entre el Juez Doom de Quién engañó a Roger Rabbit y el nazi de En busca del arca perdida) que pregunta por el empleado de la tienda, Fermín Romero de Torres, para quien compra una edición muy cara de "El conde de Montecristo" dejándosela con una nota que dice "Para Fermín Romero de Torres, que regresó de entre los muertos y tiene la llave el futuro. B". Cuando Fermín lee la nota se pone malísimo y acaba contando a Daniel su historia al acabar la guerra civil encarcelado en el castillo de Monjuic (que en otro toque Dumas más parece el castillo de If con huída y todo). La historia va hacia atrás y hacia adelante con guiños al Cementerio de los libros olvidados y aclaraciones sobre temas que ya salieron en "El juego del Ángel". La parte que más desarrolla es la del castillo con malos muy malos de manual de malo-malísimo y los buenos pícaros y listos que intentan burlarlos. El resto de la novela no me parece sólida, con persecuciones de aficionado por la Barcelona idealizada de Zafón, casualidades imposibles y poca chicha, que parece introducir novedades y recomponer historias antiguas que expliquen el cambio en la actitud de Daniel (a quien dejamos ya con la semilla del odio que clama venganza), para dirigirse a una trama que no acaba de comenzar cuando se nos acaba el libro. Me imagino que se desarrollará en "El laberinto de los espíritus" que me imagino que acabaré leyendo para quitarme (o no, ya veremos) el sabor agridulce que me ha dejado éste.

miércoles, enero 04, 2017

Decimonoveno libro 2016: "Apocalipsis para principiantes" de Nicolas Dickner.

Ya se que estamos en el 2017 pero tengo atraso de reseñas, qué se le va a hacer.
Creí la publicidad de la editorial que afirmaba de esta novela que oscilaba "entre la más aguda disección de la realidad y el surrealismo más hilarante" y como me apetecía reirme me lancé a la lectura dándome pronto cuenta que la historia no tiene nada de hilarante y acabando con un regusto triste.
Hope Randall tiene una familia un poco especial cuyos miembros desde hace generaciones han ido recibiendo la revelación del día en que tendría lugar el fin del mundo, no todos en la misma fecha claro está. Y como podéis comprobar aquí seguimos, así que ninguno de los pronósticos se cumplió.
La acción del libro comienza en el año 1989 cuando Hope y su madre huyendo del posible cumplimiento de la premonición que tuvo ésta al bajarle la regla de que el mundo acabaría precisamente en el verano de ese año, tienen una avería en el coche en Rivière-du-Loup, localidad de Quebec, Canadá, y se quedan a vivir allí.
Hope, que aunque bastante excéntrica parece la cuerda de la familia, conoce al otro protagonista del libro, Michel Bauermann, y se hacen muy amigos. Comparten mucho tiempo en el sótano de la casa de Mickey, que llaman el búnker, viendo la tele o hablando de la actualidad o de una hipotética explosión nuclear. Hay que tener en cuenta que en el muro cayó en noviembre del año en el que se desarrolla la acción del libro con lo que cualquier cosa era creíble respecto a una posible guerra nuclear. 
Hope, cuya principal lectura son los tomos de "Aprendra ruso en casa", vive con su madre en lo que fue una tienda de mascotas que todavía huele a sus antiguos ocupantes y cuyas condiciones higiénicas dejan mucho que desear debido a que la madre no toma su medicación y le da bastante al alcohol dejando progresivamente de ocuparse de la vivienda, en la que ha ido acumulando comida de manera patológica, de su hija y de si misma.
La cria parece no haber heredado la capacidad pseudo-profética propia de su familia posiblemente porque pese a su edad todavía no ha tenido nunca el periodo, pero un día comienza a darse cuenta que todos los paquetes de fideos ramen con los que tiene contacto tienen la misma fecha de caducidad, el 17 de julio de 2001. Que dicho sea de paso no sabía yo a qué se referían cuando hablaban del ramen, que no parece que coman los protagonistas otra cosa, y como no distingo los fideos entrefinos de los cabello de ángel lo tuve que buscar en Internet y parece que son una versión japonesa de la sopa china de fideos instantánea.
Hope comienza una progresiva obsesión por la fecha hasta que ve el anuncio de un libro en el que un tal Charles Smith profetiza el fin del mundo para la misma fecha momento en el que la chica comienza a buscar al autor, que publica con pseudónimo y la peripecia la lleva a Japón.
Hasta entonces la narración la había llevado a cabo en primera persona Mickey pero cuando Hope coge todo su dinero e inicia la búsqueda del autor del libro el relato pasa a realizarlo un narrador siguiendo a Hope casi hasta el final en una historia irreal y desquiciante que algunos ratos no me costaba seguir ya que la chica parece haberse descentrado totalmente y la realidad haberse puesto bastante poco real.
Al final recuperamos la narración de Mickey cuando ha pasado el tiempo y nos aproximamos a la fecha de caducidad de los fideos.
No me acabó de convencer la novela aunque relata muy bien el verano de los protagonistas y la agónica sensación de un mundo que se siente amenazado por una hecatombe nuclear con sótanos a modo de búnkers en las casas y con una sensación de que en cualquier momento todo podría acabar. También refleja la realidad de familias desestructuradas como la de Hope, con una madre con problemas mentales, y los dos protagonistas dejados un poco sin control viendo tele, comiendo comida basura... Es un libro raro y como decía al principio un poco triste en el fondo. Lo único gracioso es el intento de Hope de entenderse en Japón con una guía rápida que no parece contener ninguna frase útil pero sí muchas frases relacionadas con la protección contra un ataque nuclear («¿Dónde puedo encontrar un búnker cerca de aquí?», o «¿Puedo pedirle prestada su máscara antigás / su ropa antiatómica?»).

sábado, diciembre 31, 2016

Decimoctavo libro 2016: "Las aguas de la eterna juventud", de Donna Leon.

Igual a Donna Leon le tocaba mandar nuevo libro a su editor o editora y no tenía muchas ideas nuevas porque me da la sensación de que o Brunetti la tiene aburrida o la evolución del personaje me tiene aburrida a mi. Y es que ya es el 25, creo, que le dedica al comisario veneciano y me da la sensación de agotamiento.
En esta novela la comisaría de Venecia no debía andar sobrada de trabajo porque el comisario en una cena en el palazzo de sus suegros acepta el encargo de una amiga de su suegra, la contessa Demetriana Lando-Contini, para que averigüe qué le pasó hace un montón de años a su nieta Manuela que aparentemente cayó a un canal y quiere saber si le empujaron o qué pasó ya que la entonces niña y ahora treintañera le tenía un miedo patológico al agua. Manuela como consecuencia de la privación de oxígeno durante el tiempo que permaneció sumergida tiene la edad mental de una niña (de ahí el título, digo yo) y no puede ayudar mucho en la investigación, aunque luego si no es por ella maldita la pista que pilla Brunetti.
El comisario se ha aburguesado bastante, casi ennoblecido por contagio de su familia política, que no de su mujer que sigue siendo un encanto y que en esta novela aparece bien poquito como tampoco intervienen los hijos del matrimonio y más que a investigar en el sentido policial de la palabra Brunetti se dedica a remover el pasado, lo que como suele suceder en las novelas policiacas implica que alguien muere. En este caso el muerto es el borrachín que en su día se tiró al agua para rescatar a la niña y Guido compagina ambas investigaciones dando vueltas de casa de la contessa a los lugares por los que la niña se movía cuando ocurrieron los hechos sin demasiado éxito en sus gestiones.
La trama me ha aburrido bastante y lo único entretenido son las rencillas internas en la comisaría entre el personal nacido en Venecia y quienes provienen de otros lugares de Italia, a los que desprecian, sobre todo al teniente Scarpa a quien la señorita Elettra, secretaria del vicecuestore Patta, tiene una manía que no lo puede ver y en esta novela más porque trata de averiguar quién se dedica a hackear archivos con lo que le gusta a la secretaria hacer averiguaciones por caminos informáticos y procedimentales alternativos. También siguen con el tema del turismo en Venecia criticando como en episodios anteriores la avalancha de visitas y quejándose del encarecimiento de la vivienda y la despoblación de la ciudad al marcharse la gente bien de Venecia de toda la vida.
En conclusión, un episodo más de Brunetti sin pena ni gloria, como para cubrir expediente. Espero que el próximo la autora se ilusione con algún tema de actualidad que lleve a su nuevo libro y sirva de hilo conductor a la historia para hacerla más interesante y anime un poco a su comisario que en éste casi ni lee ni nos deleita con su buen gusto en la cocina.
NOTA: Y me quedan tres reseñas que hacer y se me ha acabado el año. En fin, seguiremos en 2017. Feliz año.

viernes, diciembre 30, 2016

Decimoséptimo libro 2016: "Los crímenes de Cater Street", de Ann Perry.

Con esta novela Ann Perry inició la saga de su detective Thomas Pitt. He leído algunas de su otro detective William Monk y me ha parecido más de lo mismo aunque la veo más floja, no en vano fue la primera que publicó. Por cierto que su título en inglés viene a ser el verdugo de la calle Cater, lo que me parece relevante para la historia ya que hablar de crímenes en general no es lo mismo que hacer referencia a la figura de un verdugo que "ajusticia" a las personas que mata y da pistas sobre el culpable.
La historia es simple: van apareciendo cadáveres de mujeres asesinadas en la misma zona, todas estranguladas con un alambre, sin aparente motivo y sin dejar muchas pistas para la investigación de la que se encarga un aparentemente anodino policía cuyo sistema policial no pasa en este libro de preguntar y preguntar a supuestas personas sospechosas o buscar testimonios. Claro que en el siglo en que se desarrolla la acción no había pruebas de ADN ni modernos métodos policiales, aunque se hace un poquito pesado porque dan ganas de decirle al policía que puede hacer todas las preguntas juntas el mismo día todo en lugar de ir cuarenta veces a la misma casa (aunque le haga tilín una de las hijas).
Vemos los asesinatos desde la perspectiva de una de las viviendas del acomodado barrio donde vive Charlotte Ellison con sus padres y hermanas, una de ellas casada.
En el hilo argumental de la historia seguimos el relato de sospecha en sospecha pensando que cualquiera puede ser quien lleve a cabo las muertes pues enseguida se deja de pensar en un delincuente habitual buscar la culpabilidad de alguien del vecindario que cuando no está matando lleve una vida normal, lo cual desestabiliza la vida diaria de los protagonistas que comienzan a mirarse de reojo sospechando hasta de las personas con las que tienen más intimidad.
Independientemente de la trama Ann Perry se ocupa de las diferencias sociales, de la hipocresía de las clases pudientes que se permiten conductas libertinas a la vez que exigen a los demás honestidad, del desprecio al policía por considerarlo de clase baja y que se ve obligado a ir a las casas a investigar en lugar de citar a la comisaría a quienes toma declaración, las diferencias entre sexos, la doble vara de medir a hombres y a mujeres, ya que se permite a los hombres comportamientos inapropiados que serían intolerables en una mujer a quienes ni siquiera se permite leer las noticias de los crímenes en el periódico. Los métodos de investigación son rudimentarios pero la maestría de la autora nos lleva a pensar que nadie está libre de culpa aunque me pasé más de medio libro con la mosca detrás de la oreja.
Es interesante la idea de que cualquiera puede cometer el crimen con independencia de la clase social a la que pertenezca, la educación o su apariencia, así como las distintas motivaciones que se estudian en la novela como causas de las muertes, sobre todo la consideración de una especie de enfermedad o pulsión hacia el asesinato en personas aparentemente normales y con una vida familiar en principio estable. También llama la atención la forma en que se habla de las víctimas casi culpándolas de su propia muerte analizando si llevaron o no una trayectoria intachable como mujeres (porque los hombres no necesitan cumplir con esa exigencia ya que les está permitido cualquier "desliz") y casi justificando el asesinato cuando algo en su comportamiento había dado que hablar. No andamos muy lejos si ponemos atención al tratamiento de los casos de asesinatos de mujeres, que no veo yo que se haga referencia al estado civil o a si está o no en trámites de divorcio o si tiene nueva pareja cuando se trata de un varón a quien, pongamos por caso, apuñalan en la calle.

jueves, diciembre 29, 2016

Decimosexto libro 2016: "Ready Player One", de Ernest Cline.

Libro friki, friki, pero friki-friki. Y el caso es que me habló de él una jueza, que a primera impresión puede parecer la profesión menos friki del espectro laboral. No me pude resistir a un libro del que no había oído hablar y que había conseguido privar de sueño a una representante de la judicatura, así que tras dar con él comencé a leerlo.
La acción se desarrolla en el año 2045 en un mundo distópico en el que no hay petróleo, las ciudades son casi inhabitables y la miseria reina por doquier. No es que haya habido un cataclismo ni nos hubieran invadido los marcianos, solo que la civilización occidental había ido degenerando hasta convertirse en la triste realidad que refleja el libro y que provoca la evasión de los protagonistas no a otro lugar en la tierra sino a mundos cibernéticos que les resultan más agradables. La novela admite múltiples lecturas desde quien quiera centrarse en la peripecia del protagonista hasta estudios filosóficos más profundos, pero en cualquier caso sirve para reflexionar sobre nuestra propia realidad.
El protagonista principal, Wade Watts, huérfano de dieciocho años, gordito y sin nada especial que ofrecer, vive con su tía en la avenida Portland de Ocklahoma City, en una especie de colonia de caravanas que en lugar de extenderse en horizontal lo hace hacia arriba como en rascacielos de caravanas sobre inestables soportes unidos por una casi fantasmagórica red de tuberías. Su mundo real no le aporta nada, como por otra parte sucede a la práctica totalidad de los habitantes de la ciudad en la que se desarrolla la acción, así que, como hace la generalidad de las personas de ese mundo real, se evade al mundo ficticio que le proporciona Oasis, una especie de Internet a lo bestia en cuya realidad virtual puede, con la ayuda de unos guantes hápticos (y luego incluso con un traje) y un visor especial, entar en otras dimensiones, ser otra persona y vivir de forma paralela de manera aparentemente más plena que en la realidad.
Oasis ha ido poco a poco alejando a los humanos de la vida no cibernética de forma que Wade incluso estudia en Oasis en un planeta dedicado a la educación. Su avatar acude a clases virtuales pero no como si estuviera haciendo un MOOC en el ordenador ni como en un simulador sino con presencia tridimensional en ese mundo. A la vez, su avatar Parzival vive en un mundo alternativo donde tiene un amigo cuyo avatar se llama Hache y con el que queda en salas de chats que no son pantallas en blanco donde van apareciendo frases de los distintos participantes sino verdaderos salones llenos de cosas y experiencias.
El libro comienza cuando Wade ha conseguido la llave de cobre, el primero de los objetivos de un juevo que había comenzado años antes cuando tras el fallecimiento del creador de Oasis, James Halliday, se había hecho público su testamento incluido en un video llamado Invitación de Anorak en el que prometía toda su fortuna a quien encontrara el Huevo de Pascua escondido en Oasis.
Tras el reto, toda una multitud de jugadores se había lanzado a estudiar el Almanaque de Anorak donde el creador del juego relacionaba sus videojuegos clásicos preferidos, las novelas que le gustaban, los cómics, la música y todo lo que le gustaba de la cultura pop de los años ochenta intentando encontrar pistas que les hicieran conseguir las llaves que les llevaran a ganar el premio final.
Aunque nadie encontraba nada, ello no evitaba que el mundo siguiera con "La Cacería" y se hubiera dividido en dos tipos de "egg hunters": los Gunters, entre los que se consideraba Parzival que buscaban el huevo siguiendo principios éticos propios y de manera individual e independiente, y los Sixers, que eran jugadores empleados de Innovative Online Industries que no tenían entidad priopia sino que dependían de su empresa llevando un número de seis dígitos por nombre (de ahí su denominación).
Nuestro Wade no hace otra cosa que jugar en Oasis y desde que encuentra la primera llave y aparece encabezando la tabla de puntuación es objeto de persecución tanto en la vida cibernética como en la real. Pese a su independencia confluyen en la búsqueda del huevo con Parzival y Hache dos avatares japoneses, Daito y Shuto, y sobre todo Art3mis, avatar que tiene obsesionado y enamorado a Wade aunque al ser un avatar ni siquiera conoce su sexo.

El libro describe la aventura del grupo en pos del huevo recorriendo las supuestas pistas del Almanaque que les lleva a pruebas que suelen consistir en grandes batallas de videojuegos que ponen a prueba sus conocimientos de la cultura de los años ochenta tanto en juegos en sí como en música, películas, cómics y cualquier cosa que obsesionara al creador de Oasis. Así recordamos las primeras consolas, los primeros videojuegos, juegos que introducen a los jugadores en películas cuyos diálogos tienen que reproducir fielmente a la vez que juegan o averiguar títulos de canciones y año de publicación de la música. Recordamos grupos como Midnight Oil, Cyndi Louper, Duran-Duran o New Order, juegos como Zork, Pac-Mac, Defender o Black Tiger y, por su puesto, Dragones y Mazmorras, Mazinger Z o Regreso al Futuro y Blade Runner.
La peripecia en sí no es original ya que es una carrera para conseguir el Huevo antes que los sixers, buenos contra malos, de juego en juego y con la posible aventura entre Parzival y Art3mis pululando, pero el relato resulta adictivo y pueden leerse las páginas de los juegos en sí o saltarlos y seguir avanzando hasta el final. El libro está entretenido aunque es rarete.
Me ha llamado también la atención que aunque los protagonistas acceden a Oasis para evadirse de la realidad, Oasis tampoco es un mundo igualitario ya que sigue siendo necesario tener dinero para viajar de un planeta a otro con velocidad, comprar armas, escudos o herramientas y vidas para superar las pruebas ya que aunque pueden conseguirse jugando así no se progresa en exceso. Además quienes juegan no eligen avatares cualquiera sino que los escogen fuertes, guapos y con posibilidades intentando que sean los mejores para compensar sus caraceterísticas reales de forma que no hay avatares en Oasis con discapacidad, débiles, de otras razas que no sean la blanca o con identidades sexuales diferentes. En resumen, que no es que se trate igual a todos sino que pueden eligir avatares aparentemente con mejores características físicas que sus cuerpos terrenales y más posibilidades de supervivencia, cosa que en la vida real no podemos hacer, y pese a que van avanzando en el juego por su supuesta habilidad con los videojuegos, a la larga suelen ser juegos violentos y al final siguen resolviendo las diferencias y enfrentamientos mediante las armas y la violencia.
Como me parecía que el libro tiene muchas posibilidades cinematográficas busqué y parece que Spielberg le tiene echado el ojo y está en ello.

lunes, diciembre 19, 2016

Decimoquinto libro 2016: "La mujer de la libreta roja", de Antoine Laurain.

Pues será que hace mucho que no puedo ir de vacaciones y como la mayoría de las críticas recomiendan esta novela como libro fresco para leer en vacaciones y yo me lo leí en mi casa, pues igual por eso no me gustó. Me pareció simple, poco creible y aburrido. Sólo el gato me pareció que cumplía con las expectativas. Belphégor se llama el minino. Pero bueno, que como a tanta gente le ha gustado, lo mismo soy yo la equivocada y no es el libro cursi que yo he creído leer sino la gran novela del verano que me he perdido por leerla en otoño.
Laurie, que ya parece asustada antes de que ocurra nada, recibe un tirón de su bolso en la calle justo en la puerta que da acceso a su edificio. Le roban el bolso con las llaves, dinero y su documentación y a resultas del tirón cae contra el suelo y recibe un golpe en la cabeza. En lugar de tocar el timbre y solicitar la ayuda de algún vecino de su bloque prefiere cruzar la calle y pedir en el hotel de enfrente que le hagan el favor de alojarla y que ya si eso mañana paga. Durante la noche entra el coma por la conmoción del golpe y es ingresada en un hospital sin que aparentemente durante su coma nadie la visite ni la busque salvo el otro protagonista del libro, Laurent, que encuentra el bolso sobre el contenedor de la basura ya sin dinero ni documentación y decide buscarla cuando no le prestan mucha atención en la comisaría donde ha ido a entregar el bolso, teniendo como única pista un cuaderno que la mujer lleva en el bolso y donde ha ido escribiendo lo que le gusta y lo que no le gusta.
Como la novela es francesa el protagonista no puede ser un obrero de la construcción sino el dueño de una librería que dejó su trabajo en un banco para dedicarse a algo más chic y siguiendo las pistas para encontrar a la autora de la libreta no se encuentra para ayudarle en su pesquisas con cualquier mindungui sino con el escritor Patrick Modiano. Además como quien no quiere la cosa y con la bienintencionada colaboración del compañero gay de Lauri que alimenta al gato, Laurent se mete en el piso de Laurie cotilleando toda su vida privada lecturas incluidas hasta que sin conocerla todavía personalmente se va enamorando de ella.
Entre medias la víctima del tirón de bolso se despierta y va recibiendo noticias de Laurent sin conocerle tampoco decidiendo buscarle también, pero que ni uno ni otro responden a la supuesta "absorbente labor detectivesca" que promete la sinopsis del libro, ni nada aproximado ni de lejos, que me ha parecido un poco ñoño y el final bastante moña. Pero no voy a ser yo quien os impida llevar el libro de vacaciones a ver si en ellas adquiere dimensiones que yo no le he visto.
Nota: Laurent el prota, Laurie la mujer a la que busca y Laurain el autor. Yo, mi, me, conmigo.

viernes, diciembre 02, 2016

Decimocuarto libro 2016: "El país de las últimas cosas", de Paul Auster.

No sabemos dónde ni cuándo estamos ni qué ha pasado en la ciudad desde donde Anna Blume nos cuenta su vida desde que llegó a ella buscando a su hermano William. Escribe a lápiz en una libreta azul que debía ser grande si cabe todo el libro de Paul Auster que reseño. 
Anna llega a la ciudad en barco tras diez días de singladura pero no sabemos si está en una isla o en territorio continental, ni tampoco desde dónde parte para calcular distancias y conocer su ubicación. No parece haber río y se trata de una ciudad que debió ser grande porque está dividida en zonas y la narradora tarda en desplazarse andando de un sitio a otro pero podrá ser cualquier ciudad importante de nuestro primer mundo. 
"El país de las últimas cosas" describe un mundo distópico en el que la carencia de petróleo y carbón convierten a los cadáveres y los desperdicios en materia prima. La ciudad está rodeada de crematorios o "centros de transformación", como se llaman en la historia, y está prohibido disponer de los cuerpos de las personas que fallecen ya que su uso como fuente de energía parece prioritario. Los "fecalistas" recogen los desperdicios y los llevan a las centrales energéticas.
Aunque debe haber más país porque hay destierro, toda la historia se desarrolla en esa ciudad de la que Anna parece no querer marcharse, al principio porque quiere encontrar a su hermano al que tampoco busca de manera terriblemente activa, pero luego, poco a poco y como en una pesadilla sin fin, porque el entorno que la envuelve va acabando con su poder de decisión. Y no es que nadie le imponga nada porque aunque entreveamos que hay un poder organizado, la vida de Anna se desarrolla en las calles o en lo que fueron calles ya que parece que deambula entre los escombros de lo que fueron edificios que a ella le parecen que pueden desaparecer de un día a otro cambiando el entorno y dando una sensación de irrealidad que me recuerda la narrativa de Saramago, salvando las distancias.
La protagonista se va quedando sin dinero y en lugar de intentar volverse a casa adopta el "trabajo" más habitual en la ciudad que es recoger los restos de la civilización que fue para venderlos como los traperos, en plan barojiano, con un carro como los de las grandes superficies que llevan algunos sin techo y en cuya compra invierte gran parte de su efectivo.
Mientras Anna recorre las calles vamos conociendo que sus habitantes no tienen ganas de vivir e intentan arreglásealas para acabar cuanto antes con sus vidas. Para quienes tienen suficientes glots (la moneda de la ciudad) hay clínicas de eutanasia (con servicios como el viaje de retorno, el viaje maravilloso o el crucero de placer) y también clubes de asesinato. Y luego hay diferentes sectas: los "corredores" corren en grupo hasta morir de agotamiento, los "saltadores" caminan hacia el abismo y se lanzan, los "risueños" están convencidos de que las cosas mejorarán mientras los "rastreros" consideran que la cosa siempre puede empeorar si no se espían las culpas dividiéndose a su vez en "perros" que caminan postrados y "serpientes" que se arrastran sobre el vientre. Nadie parece tener esperanza y las personas se temen unas a otras, se roban, no se ayudan, no parecen muy solidarios, a veces ni siquiera humanos. Se desarrolla en un tiempo futuro pero no hay extraterrestres ni invasiones sino que la civilización parece haber acabado consigo misma derrumbándose y disputándose los despojos hasta que no quede nada ni nadie.
Anna va perdiendo sus referencias y se va dejando caer en la desesperanza aunque siempre parece encontrar un asidero de cariño y relaciones afectivas para aguantar, peor que mejor, sus días: Sam, el único que parece que vió al hermano de la protagonista y del que se enamora, Isabel, una mujer encantadora con un marido que no lo es tanto,... y refugios bajo techo en los que evitar el frío clima de la ciudad (la casa de Isabel, un sanatorio, la biblioteca, un submundo en sí misma,...), aunque también hay personajes que sobreviven en la ciudad sacando tajada de lo poco que se puede comprar y vender, como restos de la sociedad de consumo de la que debió formar parte la ciudad antes de convertirse en lo que leemos.
Es una novela inquietante y que hace reflexionar qué nos hace ser lo que somos, si mantendríamos nuestras seguridades si nos faltara nuestro entorno cultural, nuestras creencias, nuestros iguales, nuestro trabajo o nuestra función en el mundo... qué nos hace ser personas civilizadas o simplemente personas. Resulta agobiante y aunque a veces dan ganas de sacudir a la protagonista para que mueva ficha y no se hunda o no entendamos por qué no se decide a cambiar de actitud, a dar el paso y salir de la ciudad (que sólo muy avanzada la novela conocemos que tiene murallas), acabamos a ratos sucumbiendo con ella y refugiándonos en las islas de humanidad en las que se refugia, olvidando como ella que no sabemos dónde está, en qué día vive, ni qué pasará al momento siguiente. Anna está perdida; por su edad (tiene 19 años), por su desconocimiento del entorno, por su inacapacidad para investigar su mundo, se limita a malvivir y recibir los golpes de la fortuna en un mundo hostil cuyo funcionamiento ignora, sin asideros morales, intelectuales, religiosos o de otro tipo que la ayuden a orientarse y tomar decisiones. ¿Símbolo de la humanidad actual cuando si se derrumbara la sociedad de consumo? Lo que está claro es que el libro hace pensar y replantearse cosas sobre nuestra sociedad postmoderna en la que cualquier cambio puede deshumanizarnos, un despido convertirnos en mendigos, un desahucio en indigentes y vivir en la calle restarnos dignidad. Resulta interesante y hay que leerlo despacio. Además estaba pensando que saldría una buena película, en plan Blade Runner, así que como el libro es antiguo (1987) he buscado a ver si se le había ocurrido a alguien llevar la novela al cine y resulta que sí, que hay una coproducción franco-británico-argentina dirigida por Alejandro Chomsky que lo hizo pero no puedo opinar porque no he encontrado ni el trailer ni a nadie que la haya visto, así que no se si se llegaría a estrenar.

lunes, noviembre 21, 2016

Decimotercer libro 2016: "Blitz", de David Trueba.

Cuidado que había dicho que no volvía a leerme un libro ensalzado en el cultural de un periódico, que parece que se hacen las críticas entre ellos y no se atreven a decirse las verdades para evitar la reciprocidad. Pero como además el libro es corto dije: "poco puede ser" y me atreví a leerlo. Pero, que si quieres arroz Catalina, ¡vaya una gansada!, por no decir otra cosa más fuerte.
El protagonista, un treintañero que parece no haber salido de la primera adolescencia ni siquiera por el nombre (Beto, que se llama la criatura), recibe por error (o no, que la novia demuestra ser la única espabilada del libro) un whatsapp de la mujer con la que lleva cinco años (desde que la dejó un cantautor uruguayo) que dice: «aún no le he dicho nada. me cuesta tanto. uff. tq ♥». Ambos están en Alemania donde han ido a presentar un proyecto de paisajismo en un congreso ya que Beto es arquitecto si bien, con más pájaros en la cabeza que proyectos ejecutables, se dedica al diseño de jardines. Tanto él como Marta, que así se llama ella, se percatan del error y resulta que ella ha vuelto a conectar con su antiguo novio y pese a que la ruptura parece inminente nuestro Beto con el tacto de un elefante y preocupado únicamente por su pito le pide tener sexo con una expresión bastante poco "fina", así que ella coge la maleta y al día siguiente vuela hacia Madrid dejado al imbécil del paisajismo plantado en Munich.
Beto que tiene menos recursos que un palo de tender la ropa hace una presentación de pena, se queda sin dinero y parece buscar a la figura materna en Helga, pese a que también le habla mal aunque ha tenido que soportarle los mocos y acostarse con él. Total que varias hojas después, que menos mal que tiene pocas, no pasa gran cosa en el libro ni merece su estilo comentario elogioso alguno ya que no es mucho mejor que la historia, así que llegué al final porque quería saber a qué debe el libro su nombre ya que no le veía al título ninguna relación con la trama (que busqué la palabra en el diccionario y podía ser bombardeo rápido o relámpago), y lo acabé maldiciendo al protagonista, al autor y al que escribió la crítica en el periódico, que merece más la pena como ficción que el libro que comentaba. 

jueves, noviembre 17, 2016

Duodécimo libro 2016: "Matar a un ruiseñor", de Harper Lee.

Normalmente primero leo el libro y luego veo la película pero por razones cronológicas no me leí el libro en su época y aunque sólo sea por las veces que la han puesto en la tele he visto la película varias veces antes de tener contacto con el libro, y como cada vez que la veo me gusta más, cuando encontré el libro en el Carrefour a módico precio lo compré de inmediato aun temiendo que no pudiera imaginarme otro Atticus Finch que no llevara la cara de Gregory Peck y la voz de su doblador al castellano (por cierto el mismo que el de Cark Gable). Pero como pasa siempre que un libro es bueno disfruté muchísimo leyendo y no me importó en absoluto seguir imaginándome a Gregory Peck por las páginas del libro.
Tanto el libro como el principio de la película están narrados por Jean Louse Finch, una niña de seis años a quien todo el mundo llama Scout. Vive con su hermano Jem con el padre de ambos, un abogado del sur viudo llamado Atticus Finch a quien encargan la defensa de un acusado de violación. La película está muy centrada en el juicio, no en vano es una de las mejores películas de juicios de la historia del cine, pero el libro nos introduce, desde el punto de vista de la niña, en la vida del pueblo, las experiencias en la escuela, el vecindario, cómo ve los conflictos subyacentes, la discriminación racial (el acusado es negro y la supuesta víctima blanca), la pobreza, aspectos morales, las armas, las normas... y las relaciones con su padre al que tanto ella como su hermano nombran por su nombre de pila.
El tranquilo verano de Scout con su hermano y su amigo y medio noviete Dill intentando hacer salir de casa a Boo Radley, sobre el que cuentan historias para asustarse, se ve interrumpido por las repercusiones que la defensa de un negro por parte de su padre tiene tanto en el pueblo como en la propia vida de los niños. 
La protagonista, inteligente, belicosa, luchadora, que nunca se queda con dudas ni deja una batalla por pelear, nos va haciendo ver qué pasa en el pueblo, sufriendo cuando oye llamar a su padre "aficionado a los negros" o le cuentan que "defiende a los cafres". Pero es una niña especial y tiene un padre muy, pero que muy especial, que ha educado a sus hijos de forma diferente permitiéndoles preguntas y dándoles respuestas.
La historia principal de la que se ocupa la película aparece más tangencialmente en el libro: una mujer blanca denuncia a un joven negro de haberla agredido y violado y parece que todo el pueblo no tiene dudas al respecto y sin buscar pruebas parece que lo ha condenado antes del juicio, mientras Atticus intenta desempeñar su trabajo de abogado de forma honesta y creyendo en el principio de presunción de inocencia y en la búsqueda de la justicia por encima de los prejuicios raciales que imperan en el pueblo.
Ante las preguntas de su hija asegura que "si no lo defendiese no podría caminar por la ciudad con la cabeza alta" y le explica que "por la misma índole de su trabajo, todo abogado topa durante su vida con un caso que le afecta personalmente" y le aclara "éste es el mío, me figuro". Sabe que puede no ganar porque lucha contra prejuicios antiguos y contra la forma de pensar del pueblo pero le asegura que "el que hayamos perdido cien años antes de empezar no es motivo para que no intentemos vencer".
Como me imagino que casi todo el mundo ha visto la película sabréis cómo acaba y cuando lees el libro este conocimiento hace que el final parezca previsible pero el libro está muy bien escrito y trata otros muchos aspecto de la vida de la sociedad campesina del sur americano en la depresión: la existencia de pobres que por soberbia no aceptan ayuda, las relaciones con el servicio negro, las diferentes iglesias, la perspectiva de los negros (por ejemplo a través de Calpurnia, la cocinera de Atticus, y de la gente de la iglesia a la que pertenecen tanto ella como el acusado), la dignidad del ejercicio de mi profesión, el sistema educativo, la paternidad responsable... 
Me llama mucho la atención el tema de la escuela y los sistemas educativos. Scout aprendió sola a leer y la maestra le regaña por ello ya que el sistema que se está implantando en su centro no permite que una niña tan pequeña lea ni escriba. Ella tiene un conflicto enorme porque lee sobre las rodillas de su padre, y quiere seguir haciéndolo, pero no desea tener problemas con la maestra. Además practicaba la escritura sin querer cuando la cocinera para que no la moleste le hace transcribir el alfabeto y versículos de la Biblia. 
La niña se aburre en clase con "el sistema decimal Dewey" que según ella "consistía, en parte, en que la señorita Caroline nos presentara cartulinas en la que había impresas palabras" sin esperar ningún comentario por parte de su alumnado. Me ha recordado cuando en Quero regañaron a mi prima Adori porque mi tío Alejandro había enseñado a leer a su nieto y también la forma en que yo aprendí a leer y a escribir con mi padre dos años antes de comenzar la escuela. Aunque a mi no me regañaron por ello, sino que solucionaron el problema de que acabara las cartillas y el parvulito sin despeinarme a mitad de curso haciéndome llevar libros de mi casa para seguir leyendo otras cosas. Y hasta hoy.
En fin, que recomiendo el libro, y la película también y comparto un par de escenas.

miércoles, noviembre 09, 2016

Undécimo libro 2016: "Cinco esquinas" de Mario Vargas Llosa.

No se por qué no esperaba mucho de este libro. Igual ayudó el hecho de tener "El sueño del celta" durmiendo en la mesita de noche desde su publicación con tres intentos de leerlo que no pasaron de la página 240. Pero no está mal, a ratos recupera al mejor Vargas Llosa en argumento y lenguaje. No es "La ciudad y los perros" ni "La fiesta del chivo" pero regresa a la crítica política. La frivolidad de algunos temas si me ha parecido cosa nueva en él y algunos aspectos eróticos de la historia.
Refleja un mundo de gente de buen poder adquisitivo con una vida como la que pudieran llevar en España y algo del mundo de los pobres, aunque no mucho, de las cinco esquinas que da título al libro y cuya foto incluyo abajo.
Periodismo y poder, prensa amarilla (que aquí sería la rosa), negocios turbios, corrupción, libelos para intentar cambiar decisiones, tejemanejes del poder, información falseada, chantajes...
Algunos personajes resultan muy creíbles pero otros parecen más esperpénticos y la historia hace aguas en algunas páginas pero se deja leer hasta el final y las pinceladas críticas destacan por encima de los tríos amorosos. Y no recuerdo mucho más que hace bastante que me lo leí y sigo con retraso en las reseñas. A ver si me pongo al día.

jueves, octubre 06, 2016

Décimo libro 2016: "Tuya" de Claudia Piñeiro.

No perdáis el tiempo que cuesta acostumbrarse a leer con acento argentino. 
Parece que va a ser una tragedia amorosa, luego aparenta ir por el humor negro y piensas que va de tragicomedia que intenta ser un thriller pero fracasa en todos los intentos. No me gustó.
La protagonista, Inés, no lleva una vida de casada terriblemente feliz y al comienzo del libro lleva unos dos meses sin tener relaciones con su marido sin que parezca importarle mucho pero tampoco se atreve a preguntarle por si acaba abandonada como su madre. Un día, buscando "una lapicera" en el maletín de su marido encuentra "un corazón dibujado con rouge, cruzado por un "te quiero" y firmado"tuya"."
A partir de ahí comienza una trama errática en la que buscando pruebas de la infidelidad de Ernesto es testigo de algo peor: su marido comete un asesinato y a fuerza de querer ayudarle va empeorando poco a poco la situación de ambos metiendo la pata a cada momento. Entremedias la niña del matrimonio se queda preñada y nadie parece enterarse hasta el desenlace del evento en forma de parto. No es que le hagan mucho caso pero no notar la tripa ya huele.
En fin, que podéis prescindir de él aunque algunos ratos reconozco que me reí con las que lía la Inesita, pero que lo acabé por la fuerza de la costumbre de acabar lo que empiezo.

miércoles, septiembre 14, 2016

Noveno libro 2016: "La brigada de Anne Capestan", de Sophie Hénaff.

Menos mal que sigue habiendo libros divertidos. No conocía a la autora, como no puede ser de otra forma ya que es su primera novela, pero una portada tan agresiva y un título tan beligerante me llamaron la atención: una brigada policial dirigida por una mujer en una novela escrita por otra... podría salir cualquier cosa pero lo que no me esperaba era humor, así que me llevé una grata sorpresa al encontrar una novela policíaca escrita en clave de humor por una francesa.
Lo leí hace tiempo pero tengo atrasados los resúmenes así que intentaré ponerme al día y remover lo que recuerdo.
Comienza el libro con nuestra protagonista de baja forzosa en la policía porque parece ser que pecó de gatillo fácil y mató a alguien. En una situación personal bastante complicada, ya que entre col y col la ha dejado el marido, recibe una llamada del que denomina su "mentor", no sabe si para echarla definitivamente del cuerpo o para reincorporarla al servicio.
Con un estado de ánimo sombrío y sin muchas expectativas profesionales el caso es que su mentor la coloca al mando de una brigada formada poco menos que por deshechos de tienta de todos los departamentos de la policía recibiendo el encargo de coordinar a un grupo con un número indeterminado de efectivos quienes por edad, problemas personales, falta de aptitud o pocas ganas de trabajar han estado como ella bastante tiempo de baja, aparentemente para que se ocupen de casos que dormían el sueño de los justos sin haberse resuelto y con la idea de que tal grupo de ineptos siga sin resolverlos.
No obstante, entre las cajas y sobresaliendo entre morralla policial sin importancia, sin mucho buscar aparece un caso que interesa a nuestra protagonista que intenta tomarse el trabajo de manera profesional aprovechando a la gente que va llegando poco a poco al piso en el que se ubica una comisaría nada convencional, que no se yo que la policía francesa pueda tomarse el empleo de manera tan laxa y cobrar incluso sin trabajar o incorporarse al servicio a voluntad. Pero lo importante es que Ann consigue formar un variopinto grupo que a su manera avanza en la investigación a la vez que van poco a poco cohesionando el equipo que componen una rica gionista de televisión, un recién viudo a quien nadie considera tal porque lo ha sido por perder a su pareja masculina, un gafe o que al menos es tenido como tal por todos y por él mismo dado que sus compañeros suelen acabar muertos, un calvo borrachín y siempre con manchas de comida, un supuesto experto informático bastante corto, la propia Capestán y algún otro que ahora no se me viene a la cabeza. Ah, y un perro de pura raza chucha propiedad de la guionista. Lejos de acabar a farolazos y volverse a sus respectivas casas la cosa funciona y entre piscolabis y paseos en el coche de la millonaria consiguen acabar de decorar la comisaría y resolver una trama que resulta bastante flojita.
El punto fuerte de la novela son los personajes y el humor que rezuma y para una primera novela no está mal pero enseguida comienzas a sospechar muchas cosas y otras están muy cogidas por los pelos o encajan demasiado rápido pero es entretenida y resulta fresca. En cuanto la autora le coja el truco a las historias y no resulte tan transparente puede hacer que la brigada tenga más casos y dar continuidad a su obra. Y también podemos olvidar el tropezón de Capestan que dada su mano izquierda y la paciencia que destila para coordinar a su equipo es difícil de creer que en algún momento pudiera incurrir en un hecho violento. Quedo a la espera de la siguiente aventura de la comisaría de la calle Les Innocents, 5.

jueves, mayo 05, 2016

Octavo libro 2016: "Operación Cochinillo", de Maite Pagaza.

No se si es que necesitaba alegría después del desánimo de "Ánima" y cualquier cosa me hubiera parecido divertida o es que realmente este libro de Maite Pagazaurtundúa lo es. Llegó a mis manos como un regalo de Reyes a destiempo y lo aparqué en la mesita de noche junto a los históricos durmientes que sobre ella reposan, pero desesperada tras mi experiencia con los animales de nombre en latín lo cogí una noche y no lo dejé hasta acabarlo.
No esperaba que alguien a quien sólo conocía en su vertiente política pudiera escribir ficción y resultar tan entretenida a la vez que desliza puntazos de realidad española tan agudos.
"Operación Cochinillo" es una novela policíaca, o por lo menos de policías, con un punto de humor triste. Atilino García Fernández es inspector de policía en Segovia y lleva una trayectoria profesional poco lustrosa, ya que no ha ascendido ni por escalafón. Vive en un sinvivir comido por el aburrimiento viendo que la delincuencia en la ciudad se encuentra bajo mínimos sin que la policía tenga mucho que hacer mientras que la Guardia Civil acaba de colgarse las medallas de la "Operación Bobina" en la que han desmantelado una banda de delincuentes albano-kosovares.
Tras dar las quejas a su mentor, que se encuentra en hispanoamérica dando charlas sobre las bondades del DNI para la persecución de la delincuencia, decide que la situación tiene que cambiar y que la Policía de Segovia debe emprender operaciones que les den visibilidad, sobre todo porque Borjita el de inmigrantes le ha quitado el despacho y Atilino es relegado a la recocina de la comisaría donde antes estaba la máquina del café, con los azulejos llenos de churretes de grasa y olor a tabaco incrustado en las rendijas.
Un poco depre, el protagonista no se achanta y reúne a su equipo, que está tan bajo de moral como su jefe o más, y decide iniciar una operación contra el menudeo de drogas y la venta de drogas por encargo, emprendiendo "Telecosto-Telecoca" con el apoyo de chicos y chicas de la academia de policía que les mandan para las prácticas y que se infiltran en el botellón de Segovia.
Una noche que nuestro héroe baja a la farmacia para comprar una loción antipiojos para sus hijos se cruza con un antiguo etarra que conoce de su época de San Sebastián y decide seguirlo hasta un McDonalds donde ha quedado con una pareja y que mosquean sobremanera a Atilino que piensa que no traman nada bueno pero su jefe no parece pensar lo mismo y le prohíbe investigar, aunque sigue haciéndolo de tapadillo, lo que le lleva a darse de bruces, además de con un intento de atentado, con una trama de blanqueo que tiene por centro justo un empresario local supuestamente ejemplar relacionado además con políticos locales.
De encontrarse prácticamente sin actividad y tener como única ocupación la organización de la fiesta de los Ángeles Custodios, Atilino pasa a coordinar varias operaciones que nos pasean por las corruptelas locales (aunque son perfectamente extrapolables a cualquier ciudad patria) y los politiqueos de la época que nadie parece querer investigar sino él y que intereses aviesos parecen querer truncar.
El personaje de Atilino me ha encantado. Al principio me recordó al primer Bevilacqua de los libros de Silva, mezclado con Fermín, el compañero de Petra Delicado, por la forma de hablar y su afición al bar de Tulio. Por el lugar donde lo relegan en el trabajo me ha traído a la cabeza el cuarto de las escobas del Departamento Q de Carl Mork, por la relación con su esposa al Jaritos de Márkaris y su suegra tiene un poco de los suegros de Brunetti salvando las distancias y ganando el personaje de Fuencisla, que es de traca. Muchos personajes en uno hasta que me di cuenta que es todos y ninguno porque Atilino tiene personalidad propia, de antihéroe perdedor y trabajador incansable al servicio de una sociedad que conoce y comprende pero que no le devuelve su entrega en modo alguno porque siempre los que triunfan son otros que se llevan las medallas, los méritos y hasta los dineros, mientras Atilino ni asciende ni le dan las gracias y por poco acaba un poco como el loco de Eduardo Mendoza, que resuelve los casos y nadie se acuerda ni de su nombre.
Me lo pasé muy bien leyendo el libro, que además genera unas ganas enormes de volver a Segovia (ciudad a la que homenajea hasta el título). No es un novelón pero es una novela divertida a la vez que incisiva, crítica contra la corrupción, el blanqueo, los trepas, los enchufes, las relaciones que prevalecen sobre las leyes... Y Atilino firme, intentando hacer las cosas bien, contra el mundo. Y su suegra, la leona Domínguez, Doña Fuencisla, que es para echarle de comer aparte.
Si le tengo que poner un pero es el corto tiempo en el que se desarrollan tantas operaciones a la vez, que en poco más de una semana tiene lugar toda la trama. Pero muy entretenida.

miércoles, mayo 04, 2016

Séptimo libro 2016: "Ánima", de Wajdi Mouawad.

Tal vez me llamó la atención la portada pero el caso es que, en contra de lo que suelo hacer, leí algunas críticas del libro (sobre todo porque el autor no me sonaba de nada) y lo ponían por las nubes: que si era un libro excelente, que si tenía una ingeniosa estructura, que no dejaba indiferente a nadie... Pues eso, que comencé su lectura pese a que también leí que el autor había tardado diez años en escribirlo, que no se cómo no se me vino a la cabeza Donna Tartt para evitar darme otro disgusto con otro libro de tantísimo tiempo de gestación.
Pese a los elogios de la crítica, sorry mucho pero las primeras tres cuartas partes me aburrieron lo indecible, que acabé de animalejos describiendo lo que hace el protagonista hasta el gorro. Y es que la supuesta originalidad del libro radica en que la acción la cuentan diferentes animales de tierra, agua y aire. Los capítulos, a veces incluso los párrafos, aparecen encabezados por el nombre en latín del bicho que relata la acción de la novela. Un pez, algún pájaro, muchos perros, incluso arañas, nos van contando qué hace Wahhch Debch, que por cierto, con ese nombre tan raro que sufre, no se le había ocurrido hasta casi el final del libro averiguar su significado.
El autor parece querer hacernos creer que es el cerebro del animal quien realmente describe qué ocurre mediante el subterfugio de evitar utilizar nombres comunes de los objetos, de forma que no dicen "cigarro" y les hace decir que el hombre se introduce un cilindro de papel en la boca, como si fuera normal que una araña no supiera lo que es un cigarrillo pero tuviera claro lo que es un cilindro y lo que es el papel.
La novela empieza con el descubrimiento por parte del protagonista del cadáver de su esposa, que ha sido brutalmente asesinada junto con el bebé que espera y además el asesino ha eyaculado en las heridas. Wahhch se siente en la obligación de buscar al asesino, que todo el mundo sabe quién es ya que tienen su ADN pero que nadie parece querer atrapar. Pero su idea no es buscarlo para vengar la muerte de su esposa sino verle la cara para convencerse que no ha sido el propio protagonista quien ha causado la muerte.
Como la policía no le ayuda mucho, Wahhch emprende un viaje que lo lleva por Canadá y Estados Unidos, principalmente por una reserva india, unas veces persiguiendo al asesino y otras huyendo porque el perseguido es él, mientras los caballos, perros y demás animales siguen describiendo su periplo sin que nos aclaremos mucho qué le pasa pero viviendo episodios violentos de los que es víctima o verdugo y sin que ni su padre adoptivo, que supuestamente lo salvó de morir, ni el coroner que lleva a cabo la investigación le ayuden mucho en sus pesquisas.
En un momento dado le salva la vida una especie de perro-lobo y dejamos al resto de los animales para que sea éste quien no solo nos cuente qué va pasando sino que también nos endose su propia peripecia vital de animal maltratado.
El caso es que cuando ya estaba a punto de mandar al perro, al dueño y al libro entero a hacer puñetas, el protagonista ve una foto de la masacre de Sabra y Chatila y la trama da un giro glorioso que hace que podamos terminar la novela y comprendamos de alguna forma las razones de tanta violencia y algo del comportamiento del actor principal pero, vamos, que llegué al final del libro porque tengo que terminar los que empiezo, que si no lo habría dejado antes de acabar su relato cualquier animalito de los que pululan por sus páginas.

domingo, abril 17, 2016

Sexto libro 2016: "Paranoia", de Franck Thilliez.

Hasta ahora los libros de Thilliez habían tenido la virtud de engancharme de principio a fin y la capacidad de provocarme pesadillas. Este último me ha provocado más sueño que pesadillas y me ha enganchado más bien poco. No se si porque no me gustan los juegos de rol, y éste parece uno, o simplemente porque me fastidia estar aguantando páginas y páginas pensando "¿a que va a ser que...?", "¿a que no hay tanto misterio y va a ser que...?" y después de tragarme todo el libro... sea lo que venía sospechando desde el principio y no precisamente debido a mis grandes dotes para resolver tramas intrincadas.
En fin, el libro se llama como el juego en el que se embarcan ocho personas (que iban a ser nueve) entre las que están nuestro protagonista, Ilan, hijo de dos grandes científicos que fallecieron en extrañas circunstancias y cuya muerte le obsesiona, y Chloé, una ex, que a ratos no parece tan ex. Ambos parecen haber estado muy enganchados a los juegos de rol y pese a que Ilan vive de manera anodina tras haber sido abandonado por Chloé e intentando soportar el mono de juegos, la chica reaparece y le convence para participar en Paranoia, un reto en el que pueden ganar un sustancioso premio económico. Reticente al principio, se acaba embarcando con ella en una experiencia que se desarrolla en el edificio abandonado del antiguo hospital psiquiátrico de Swanessong, situado en medio de ningún sitio en una zona montañosa aislada tanto por el lugar donde se encuentra como por la eterna tormenta de nieve que dura todo el libro. Un lugar encantador para jugar, vamos.
El juego no es virtual pero me recuerda a esos juegos de ordenador en los que el protagonista tiene que ir buscando y recogiendo objetos, claves o instrucciones en distintas habitaciones para poder usarlos más adelante y que si por ejemplo no coges un martillo en la habitación 2 luego no puedes darle al clavo que ajusta la ventana de la habitación 22 y entra el oso y te come provocando el game over. Pues en el libro los concursantes están encerrados en el psiquiátrico con planta de murciélago donde deben deambular cumpliendo los objetivos que reciben al principio y recogiendo llaves que les abrirán puertas o secciones del hospital y cisnes negros que subirán la recompensa final hasta supuestamente ganar el premio. Se les advierte que aunque les parezca real no deja de ser un juego con lo que no deben creer todo lo que vean pero que, no obstante lo cual, alguien va a morir.
Los concursantes, que tienen habitaciones individuales y deben ir vestidos como médicos o como pacientes según la ropa que tienen en sus armarios, son bastante variopintos y, aunque en teoría todos deberían estar contra todos, comen juntos, se duchan en el mismo lugar e incluso tienen relaciones sexuales entre ellos.
Ilan, que parece ya de por sí bastante paranoico sin necesidad de juego, sospecha de todo el mundo y cree que le están inyectando algo que le genera sueños que luego parecen cumplirse y que juegan con sus recuerdos quitándoselos o añadiéndoselos. Se siente perseguido, electrocutado y agredido mientras el resto de los concursantes no percibe lo que él cuenta. 
Todos deambulan sin mucho criterio por los pasillos y habitaciones recogiendo llaves y visitando zonas del hospital, unas más terribles que otras: la zona de los electrosocks, de las lobotomías, las bañeras... que no tenéis más que poner en Google "hospital psiquiátrico abandonado" y ya os hacéis a la idea.
No parece haber reglas claras para las búsquedas y trayectorias que siguen los participantes en el juego, quienes en principio están siendo observados por los supuestos organizadores que a modo de Gran Hermano controlan su vida, pero comienzan los muertos y la cosa se complica porque nadie parece ya dirigir el cotarro, mientras la situación se va tornando desesperada, sigue nevando y a modo de los diez negritos de Ágatha Christie, los concursantes cada vez van siendo menos mientras sobrevuela la trama la figura de Lucas Chardon, un antiguo paciente que conocemos al principio del libro. Y no os cuento nada más porque tampoco la trama aguanta pistas, que ya da bastantes el autor como para saber cómo acabará la cosa.
No se si a los amantes de los juegos que se pasen la vida con la Play o el ordenador les parecerá ameno y emocionante pero debo reconocer que a mi no me lo ha parecido y para ser un juego lo veo un poco falto de dinamismo. Pero claro que reconozco que no me han llamado nunca la atención los juegos de rol, que trajo una vez mi hermano uno, que por la presencia omnipresente de la nieve me lo ha recordado el libro, y me estuvo dando la tabarra una temporada sobre los enigmas, pistas y pruebas del juego hasta que acabé buscando en Internet una web friki donde facilitaban las soluciones y se las pasé para que lo acabará de una vez. Y creo que me pareció más interesante que el libro, aunque por ser constructiva debo decir que me ha hecho meditar sobre las barbaridades que se han cometido con los enfermos mentales a lo largo de la historia. que me va a dar cierta cosa la próxima vez que me toque electroencefalograma y voy a mirar los cables con detenimiento por si las moscas.

domingo, abril 03, 2016

Quinto libro 2016: "La muerte de Ulises", de Petros Márkaris.

Me resulta complicado reseñar un libro de relatos sobre todo si cada uno tiene una entidad propia y la temática es variada. 
El último libro de Petros Márkaris compila en 176 páginas ocho relatos, sólo dos de los cuales tienen como protagonista al comisario Jaritos, el famoso personaje del autor. Son el primero, "El asesinato de un inmortal", y el último, "Poemas y crímenes" y parecen argumentos o guiones para una nueva novela policíaca. Faltan la vida familiar de Kostas Jaritos, sus recorridos por los atascos de Atenas y los desvíos en la trama pero está la esencia del caso, su esqueleto y su punto de crítica social del mundo de la cultura, escritores con pretensiones de académicos en el primer relato y cineastas en el último. "Los directores de cine son asesinados, los polis escriben poemas, las editoriales se convierten en salas populares y Grecia está yéndose al carajo", piensa Jaritos en el último relato del libro.
El título que se ha dado al libro en España coincide con el del quinto de los relatos, uno de los más cortos, cuyo protagonista se llama precisamente Ulises, un griego de Estambul que emigró a Grecia y quiere volver a su ciudad natal para morir. La referencia al héroe de la Odisea, aunque sea en su nombre latino, no pasa desapercibida. No se si Márkaris en su libro le llama Odiseo o también Ulises.
En la versión original, el libro lleva por título "Trimeria" que después de investigar un poco he llegado a la conclusión que debe ser el título en griego del relato más largo de los ocho del libro: "Tres días" y que es el más crudo de todos ya que relata disturbios con los que el propio autor está familiarizado, por sus propios orígenes (nació en Estambul) y circunstancias.
Tras la lectura de todos los relatos queda un regusto triste, de frustración, como de falta de esperanza en que las cosas cambien, de ciclos violentos que se repiten. Todos tienen en común personas que han emigrado, que han regresado o que contemplan como otros vienen y van, minorías apaleadas por intransigentes de diferentes orígenes, personas agredidas incluso por los que son sus propios compatriotas como en el relato "En terreno conocido", mundos, creencias, ideologías,... que chocan pero que en los relatos afectan a personas con nombres y apellidos que sólo pretenden vivir en paz.
Márkaris tiene una enorme capacidad para percibir la realidad y poner el dedo en la llaga de los problemas que afectan a la sociedad en la que vive, que en muchos aspectos se parece a la nuestra, y estos relatos nos ayudan a reflexionar sobre el tema de los refugiados, tan de actualidad, y sobre todo sobre cómo afectan las grandes tragedias a las personas concretas viendo las distintas posturas y puntos de vista desde la perspectiva de hombres concretos (por cierto, que hay pocas mujeres en este libro) que no acaban nunca de sentirse cómodos en el lugar en que se encuentran, añorando lugares que a veces sólo existen ya en sus recuerdos, o que han intentado adaptarse y siguen siendo considerados extraños por sus propios vecinos que no acaban de verlos como compatriotas. 
Y esta vez Márkaris no se limita sólo a Grecia y Turquía sino que también se adentra en Alemania en alguno de los relatos porque no se trata sólo de problemas de territorios, idiomas o banderas sino esencialmente de mentalidades, intolerancia y desigualdad.

viernes, abril 01, 2016

Cuarto libro 2016: "Con anuncio", de Rosa Ribas.

Poco que me gustó y encima he ido dejando tiempo y tiempo la reseña, que ahora casi ni me acuerdo. En cualquier caso creo que no os perdéis nada si os lo saltáis. 
No se si es que la protagonista me aburre o que no me ha gustado el libro o ambas cosas pero el caso es que ni la trama policial ni los métodos de investigación hacen amena esta novela. O por lo menos no me dejó gran huella y me costó acabarla porque leía "de a poquito" y de un día para otro se me había ido el hilo. Pues eso, aburrido y sin sustancia. Y me da rabia porque otras cosas que he leído de Rosa Ribas sí me han gustado.
La protagonista es una comisaria germano-gallega que ha unido los apellidos de sus padre que en diferentes idiomas significan lo mismo y está obsesionada con su nariz (la tiene torcida desde que se cayó de la bici cuando era pequeña). En este libro tiene problemas con su marido, que regresó de Australia tras un viaje sin ella para encontrarse a sí mismo, y comparte el tiempo que resta a otras investigaciones más truculentas que su comisaría tiene pendientes intentando averiguar quién envía anónimos a los empleados de una agencia de publicidad (Baumgard amp; Holder) haciendo mención a circunstancias o hechos íntimos de los destinatarios, como por ejemplo algo tan sutil como escribir "Maricón de mierda" en el capó del coche de un homosexual.
Más que investigar en profundidad y con criterio parece que la comisaria está de vacaciones en la agencia dedicada a enterarse de los cotilleos y rencillas que se cuecen dentro, dejando a sus subordinados las investigaciones de campo, hasta que las cosas se van complicando y aparece el primer muerto, con la cara pintada de payaso y sin que hayan averiguado quién lo mató aparece el segundo. Que si es de la agencia, que si un asesino en serie, que si patatín, que si patatán, que si su marido, que si sus orígenes gallegos... que si un grupo homófobo llamado "Alemania Limpia", que luego nada es lo que va pareciendo y casi decepciona la resolución del caso.
Pues eso, que no me ha dejado mucho rastro.

jueves, marzo 10, 2016

Tercer libro 2016: "Un filo de luz", de Andrea Camilleri.

Cuidado que me fastidia comenzar un libro y darme cuenta al cabo de unas páginas que ya lo había leído. Pues me ha fastidiado más conocer la historia según iba leyendo pese a saber que no la había leído, hasta que caí en la cuenta de que lo que pasaba es que había visto el capítulo de la serie del comisario Montalbano que se relata en la novela.
El libro de Camilleri comienza con un sueño del comisario que al principio parece muy real pero que se va tornando bastante surrealista hasta que el policía se despierta, aunque va resultando algo premonitorio de muchos aspectos del relato.
Pese a que los libros dedicados a este Comisario son ya muchos y Camilleri tenía ya 87 años cuando lo escribió (ahora tiene ya 90) sus personajes no han perdido frescura. 
Como en otros libros de la saga, Montalbano no se ocupa de un solo caso sino de varios a la vez. Al principio un empresario local llamado Salvatore di Marta denuncia que su mujer, Loredana, mucho más joven que él, ha sido objeto de un atraco y le han quitado el dinero de la recaudación. Los policías tienen dudas desde el principio y más cuando se dan cuenta de que también parece haber habido agresión sexual, lo que complica la trama con un antiguo amigo de Loredana y la posible implicación de la Mafia, que como sospecha omnipresente, pero no demasiado implicada, se deja sentir como casi en todas las novelas de Camilleri.
Paralelamente, un tal Gaspare Intelisano acude a la comisaría a denunciar que le habían colocado una puerta a una casa que tiene en el campo y sospecha que pueda haber algún tipo de negocio "non sancto" que pueda utilizar su propiedad como improvisado almacén. En las pesquisas aparecen unos árboles como decapitados por un arma potente, un bazuca o así, lo que hace intervenir a la brigada antiterrorista, con lo poquito que le gustan a Montalbano los conflictos de competencias y lo que le divierte seguir investigando los asuntos que le prohíben. Entre medias unos inmigrantes que desaparecen y que lejos de ser los agricultores que dicen ser parecen estar implicados en otros negocios.
Y junto a todo ello, nuestro comisario que se nos enamora de María, la propietaria de una galería de arte que bebe los vientos por Montalbano y pone en serio riesgo su tradicional relación a distancia con Livia, que está la pobre llorando por los rincones y no porque sepa que su novio le pone los cuernos sino porque tiene una especie de depresión y la sensación de que algo grave está ocurriendo o va a ocurrir y que al final deja un regusto de tristeza en la novela.
Con el telón de fondo de los inmigrantes que buscan refugio en Sicilia, los problemas de amores del comisario y la resolución de los casos que se le plantean, siempre de forma poco ortodoxa y a veces, como nuestro tomellosero Plinio, a base de pálpitos, vamos avanzando en la trama con esa sensación de familiaridad con el paisaje y las gentes que siempre dejan las obras de Camilleri.
Nos reímos con las situaciones graciosas que provocan los problemas del guardia Catarella para decir bien algún nombre o apellido, casi olemos las delicias que Adeli deja a Montalbano en el horno para la cena (siempre y cuando no esté Livia, ya que no se soportan) y casi podemos degustar las delicias que Montalbano y su buen apetito degustan en la trattoría de Enzo o relajarnos en el diario paseo hasta la roca plana para bajar la comida sintiendo la brisa del mar en la cara. Nunca me canso de las novelas de Camilleri.