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sábado, enero 02, 2021

"Loba negra", de Juan Gómez-Jurado. El 32º y último libro 2020. Para olvidar. El año y el libro.

Me lo merezco. Que dije que, después de no gustarme en exceso Reina Roja, no iba a seguir con la saga de Juan Gómez-Jurado, y he seguido.

Cuando un libro que se vende como trepidante y adictivo me ayuda a dormir... a mí, que vengo de una familia de insomnes... 

Que me resulta hasta difícil reseñar el libro porque algunos días no se si lo he leído o lo he soñado.

A ver, que igual es entretenido y si se vende por algo será, pero que el personaje que más te guste sea el malo (o la mala)... no dice mucho del atractivo literario de la protagonista. 

Y es que la Scott, aunque aquí parece más real (y más yonqui, que no se quita las pastillitas de colores de la boca a escondidas de su compañero), tampoco acaba de parecerme redondo su personaje, ni alucinante su capacidad de análisis ni sus métodos de investigación. Su compañero y ella llegan siempre tarde, y además el personaje de Jon ha perdido fuelle. Ha perdido la confianza en Antonia Scott (con razón), se pasa el libro enfurruñado y respondón y su trabajo policial no supera la mediocridad. Como si se hubiera desinflado. Además también me resultan ya un poquito cargantes las frasecitas de canciones de Sabina o Mecano, que parece que el libro no va en serio.

Lo salva el giro final, pero tener que llegar a las taitantas páginas para que apetezca seguir leyendo... pues como que no. Aunque igual es simplemente que estaba falta de sueño con los maratonianos dos últimos meses del año que nos tenían reservados los Juzgados.

Esta vez el argumento incide sobre la mafia rusa, tirando de clichés y estereotipos del mafioso ruso tipo, con sus métodos crueles y sus gustos horteras. Se desarrolla, cómo no, en la Costa del Sol. Y el enfrentamiento no es solo entre la policía y la mafia, que aquí la cosa funciona a tres o cuatro bandas, porque interviene la policía de la zona, poco fiable (y no precisamente por sus dotes policiales), la agencia o grupo o lo que sea a lo que pertenecen Antonia, Jon y el Mentor (una especie de CIA europea nada creíble) y los malos, o, debería decir las malas, que son las que más juego dan y más confunden, que no acabas de saber si son buenas, malas, regulares, malísimas o requetelistas.

El libro comienza con una llamada a deshora para que Antonia vaya a Marbella. Ha habido un tiroteo, aparentemente un ajuste de cuentas entre mafiosos, y ha desaparecido la esposa de uno de los rusos asesinados: Lola Moreno, un personaje que va ganando puntos según se avanza en la lectura y que no me hubiera importado que fuera ella quien contara toda la historia.

A Lola la buscan la policía marbellí, el ruso que ordenó la muerte de su marido, Antonia y Jon y la Loba Negra, que tiene más protagonismo en la portada del libro que en sus páginas. Todo el mundo a por ella, y ella, que intentando escapar de todo el mundo, se va metiendo en la boca de todos los lobos que se va encontrando, pese a su perro, un bicho enorme sobre el que un aparte del libro nos cuenta su origen y que tiene también su minuto de gloria.

No se, me siguen sin parecer novelas redondas las de Gómez-Jurado, pero serán cosas mías. No se si me atreveré con la tercera. Ya veremos.

domingo, noviembre 29, 2020

"Sin muertos", de Alicia Giménez Bartlett. El 31 del 2020.

 Mi Petra Delicado se toma una semana de descanso ¡en un convento!

No me lo podía creer. ¿Que pinta mi policía favorita en un cenobio gallego? Ella, tan desafecta a la religión, tan libre y tan poco dada a los retiros espirituales. Pues sí, se toma una semanita y, como Galicia es lo que tiene, el tiempo se mete en lluvias y se dedica a escribir, a repasar sus recuerdos y a contarnos su vida.

No se si se puede llamar "metaliteratura", pero eso de que un personaje de ficción escriba su autobiografía ampliando los horizontes de su vida que no conocemos por los libros en los que ha aparecido, dando razones de algunos de sus actos, reflexionando sobre su forma de ser y pasando sólo de puntillas sobre los argumentos de las obras que protagoniza, creo que es precisamente el concepto. Y ello de una forma tan magistral que te imbuye de tal manera en el relato que se te olvida que Petra Delicado no existe en carne mortal, que es un mero personaje, por mucho que le hayas tomado cariño y casi como si la conocieras de siempre por haber leído todas sus novelas.

Me ha encantado. Es fresco, ágil, entretenido, divertido... Y es Petra Delicado en estado puro contándose a sí misma. Y a la vez que su biografía, paseamos por la España que ha vivido peros siempre desde la perspectiva de su carácter analítico y crítico.

Aunque Alicia Giménez Bartlett, su creadora, es la que inventa la biografía de Petra, lo hace de tal forma que nos parece la propia Petra. No parece inventar nada. Todo lo que cuenta ya estaba en las novelas. Pinceladas de pasado que aparecían sin profundizar mucho en él y que en este "Sin muertos" se nos cuenta cronológicamente, sin que nos chirríe la historia, como recreación ficticia de la vida del personaje. Nos creemos totalmente que todo ocurrió como se cuenta, que la forma de ser de Petra se ha fraguado en ese camino biográfico que nos cuenta. No echamos nada de menos ni se nos repiten los argumentos de las novelas. Sólo Petra, mirando a la Petra que fue, que ha sido y que sigue siendo. Sin caso, sin muertos, sólo ella. Toda una delicia.

domingo, noviembre 15, 2020

"La desaparición de Stephanie Mailer", de Joël Dicker. Trigésimo libro leído en el infausto 2020.

No se si os pasa alguna vez que se os quitan las ganas de leer los libros a los que se les da mucho bombo, y si no tenéis la sensación de que no es que todo el mundo los lea sino que mucha gente dice haberlo leído y resulta que sólo repiten lo que han visto en el cultural de turno o en las noticias del móvil. Pues eso me pasó a mi en su día con "La verdad sobre el caso Harry Quebert", la primera novela del mismo autor del libro que ahora reseño. Eso, y que tampoco estaba yo en 2012 para mucha tontería.
Pues, como por fin no me lo leí y ya ha llovido desde que se publicó, decidí que éste de "La desaparición de Stephanie Mailer", del mismo autor, cuya portada me saltó a la cara en la Imprenta Moderna, no sería mal comienzo con Joël Dicker, para luego, si me gustaba, volver a Harry Quebert. Pero, visto lo visto, o mejor, leído lo leído, creo que tampoco me he perdido tanto y no necesito volver al pasado.
La novela que reseño es un buen tocho de 480 páginas y con la letra pequeña, que menos mal que lo compré en edición DeBolsillo, que si llega a ser con pastas me vuelve a dar tendinitis en los pulgares.
La novela gira en torno a un cuádruple asesinato ocurrido en una ficticia localidad de los Hamptons (al este de Long Island en Nueva York) el 30 de julio de 1994 y avanza y retrocede entre esa fecha y los días previos al vigésimo aniversario de los asesinatos. Y, aunque veinte años no es nada (qué febril la mirada, errante entre las sombras...), al autor deben parecerle siglos, algo así como retrotraerse en materia policial a los tiempos de Sam Spade, pero claro nació sólo nueve años antes.
La novela es un whodunit que nos trae y nos lleva de personaje en personaje, sospechando y "desospechando" hasta que los policías cogen al malo quien, para mi enfado, permanece perfectamente camuflado en la obra, sin mucho protagonismo, para que no sospechemos de él y, al final, zás, helo aquí, que fue éste. Que no hay cosa que más rabia me dé.
No se trata de un relato exactamente coral pero se cuenta entre varios al alimón, porque, salvo las tres primeras páginas, que refieren los hechos con aparente objetividad, y aunque el resto los cuente un narrador omnisciente, cada capítulo nos lo relata desde la perspectiva de uno de los personajes que tuvieron que ver con los hechos de 1994 o que están interviniendo en 2014. Y con esa costumbre de algunos autores de bestseller de poner el nombre y la fecha en la cabecera, no se si porque piensan que si no no nos vamos a enterar de quién están hablando, lo que nos convierte en ignorantes, o porque realmente no son capaces de comunicar cuándo ocurre lo que están contando sin fecharlo ni que sepamos a qué personaje se refieren sin decir su nombre, lo que les convierte a ellos en inútiles. y, por si con eso no nos enteramos, al final del libro se incluye una lista de los principales personajes ¡Anda, que como hubieran tenido que escribir La Colmena!
Evidentemente la que aparece nada y menos es la Stephanie Mailer del título ya que, como el mismo deja claro, desaparece a la primera de cambio después de sembrar la duda en la mente de uno de los policías que resolvió el caso del cuádruple asesinato de 1994, que ocasionó la muerte del entonces alcalde, de su mujer y de su hijo y de una mujer que pasaba por la calle haciendo footing.
Jesse Rosenberg y Derek Scott, capitán y sargento respectivamente de la Policía de Nueva York en 2014, eran en 1994 unos policías bisoños que, realizando una supuestamente brillante investigación, detuvieron al presunto autor de los asesinatos que, como no pudo decir nada en su defensa porque se mató en la persecución policial, se le ha seguido considerando culpable y el caso cerrado, con el consiguiente empujón en la carrera profesional de los policías.
Pero los hechos no son lo que parecieron y como la periodista Stephanie Mailer siembra la duda en la mente de Jesse Rosenberg el día que le están despidiendo por su prejubilación, el policía, que no es malo pero sí un poco torpe, comienza a repasar lo que nos dicen que fue una pormenorizada y concienzuda investigación, pero que a mi me parece bastante chapuza, y reabren el caso cuando la que desaparece es la periodista.
Jese Rosenberg busca a su antiguo compañero, que había dejado las calles por un despacho, y ambos vuelven a repasar lo que pasó en 1994 a la vez que colaboran con la subjefa de policía del pueblo en la investigación del caso de Stephanie Mailer. También sobrevuela la amistad entre los policías algún suceso de aquella época que les separó y que tiene que ver con la novia de uno de ellos.
A lo largo de las páginas, vamos conociendo protagonistas y testigos de los hechos, algunos personajes bastante esperpénticos que, desde el ahora alcalde hasta el último mono del festival de teatro que ha dado fama a la localidad, nos van pareciendo sospechosos, uno detrás de otro hasta el final, en el que el culpable es el menos sospechoso de todos. La portada, estilo Hopper, me gusta mucho y algunos pasajes resultan bastante entretenidos. La descripción de algunos personajes es bastante buena pero, en general, no me ha perecido un libro genial, ni mucho menos. Le sobran bastantes páginas. Pero, como siempre, para los gustos...
 
Nota: por cierto, que he estado mirando, que no me acordaba cómo se llamaba la tendinitis que me da de vez en cuanto en los pulgares (tendinitis de Quervain, se llama) y me ha llamado la atención que entre las posibles causas que la produce no se reseña ninguna de las que me la provocan a mi, a la sazón, leer libros gordos (suele darme en la mano izquierda) y coger los archivadores definitivos cargados de expedientes metiendo el pulgar en el agujero (esa me da en el de la mano derecha). Claro que he debido mirarlo en una web pija o traducida del inglés porque pone que la ocasionan deportes como el tenis, el golf o el remo.

lunes, noviembre 09, 2020

"Cerdeña y el mar", de D.H. Lawrence. Libro 29/2020.

Me gusta leer y me encanta que me regalen libros. Por eso disfruto mucho cuando puedo optar a un libro de regalo a cambio de una reseña. Normalmente lo hago pagando el libro así que si gracias a Masa Crítica de Babelio de vez en cuando puedo conseguir que el libro me sale gratis, pues más que mejor.

Esta vez me tocó "Cerdeña y el mar", un libro que me hizo ilusión porque me gusta contar los viajes e incluso a veces escribir sobre ellos, aunque he pasado muchos años sin viajar nada y ahora que podría no nos dejan.

Pero este libro no es un libro de viajes como otros que relatan lo que el escritor ha visto en su recorrido. Bueno, es y no es un libro de viajes, lo que no es es una guía de Cerdeña, que es una isla que querría conocer pero con este libro lo único que aparece son las impresiones del autor, la más de las veces con unos prejuicios muy acentuados, sin acabar de describir en demasía los paisajes, salvo en la influencia que tienen en el estado de ánimo del autor.

Siempre se hace la diferencia entre turistas y viajeros, despreciando a los primeros ("esto es Londres, hoy es martes") en favor de los segundos a los que se envuelve en un halo de romanticismo y cultura.

Si no hubiera tenido que hacer esta reseña del libro, creo que lo hubiera dejado tras leer el prólogo, que me pareció de un cursi subido y escribiendo más de lo que dice saber de la pareja del autor, a la que desprecia y critica, que de la obra.

Y el libro no está mal pero todo el rato me sobrevuela la idea de que el narrador es un snob de tomo y lomo que se cree, o se sabe, más culto, a la manera inglesa, un viajero, superior en definitiva, aunque nos se diferencia mucho de los turistas salvo por el hecho de tener más tiempo que quienes sólo se pueden permitir una semana de vacaciones en un viaje organizado. El libro lo salva lo bien que escribe Lawrence, aunque se nota que lo escribió en un pispás sin corregir las repeticiones de palabras.

Cerdeña y el mar relata un viaje del escritor D.H. Lawrence, inglés de profesión, con su "abeja reina", que no es otra que su mujer, de la que en el libro no llegamos a saber su nombre pero que no era otra que la baronesa Emma Maria Frieda Johanna Freiin von Richthofen, que se fugó con él abandonando a su marido e hijos, pecado capital éste por su condición de mujer, que si un tío se va a por tabaco y no vuelve parece menos grave. Total para acabar siendo la abeja reina de un zángano que critica de holgazanes a quien ve un momento sin hacer nada, como si él estuviera picando piedra.

La pareja vivía no se si temporalmente o con carácter estable en Sicilia y el libro relata el viaje que realizan por la isla de Cerdeña, primero en barco, del que Lawrence critica absolutamente todo menos el horizonte. No le gusta la comida, los marineros son todos unos holgazanes, le molesta absolutamente todo. Luego vamos conociendo el itinerario que realizan parando en diversos pueblos de los que ensalza a veces el paisaje pero critica bastante a sus gentes, mostrando unos prejuicios que pretende constatar en la práctica. Los sardos son así, los italianos se comportan de aquella manera, lo siciliano es... Y así a veces resulta muy profundo pero, las más, de una superficialidad pasmosa. Pero claro, era inglés. Y aunque también despreciaba cosas inglesas, siempre compara y parece que infravalora lo que está viendo. No obstante, el autor demuestra un ojo clínico interesante para analizar la realidad histórico-política de la isla y, por extensión, de Italia. 

Me ha costado acabar el libro no porque no se lea de forma ágil, ni porque no tenga calidad literaria. Al contrario. Pero es uno de esos libros que prefiero leer más despacio porque si no me parece que estoy leyendo lo mismo todo el rato, así que leer sobre la llegada a Cagliari, dejar unos días y seguir luego el recorrido en tren hacia otra población, dejarlo otros días y acompañar a la pareja a Nuoro, Terranova u otro pueblo, donde seguro que Lawrence seguirá criticando a su abeja reina cuando intenta confraternizar con algún paisano. Él va de superior y, aunque habla de dinero porque no le debía sobrar, no le gusta que ella comente los bajos precios de ciertas cosas y a veces no le gusta ni que hable.

Está visto que al autor le gustan más los pueblos de lejos y desde luego le gustan poco sus gentes a las que siempre critica y a las que juzga antes de conocerlas y, cuando las conoce no cambia su opinión previa sobre ellas. De lejos le parece bonito, de cerca nada le parece bien, que si la calle tiene barro, que si el hotel es cutre, que si se come mal. No parece disfrutar mucho en general.

Pero, en definitiva, es un libro interesante y, al fin y al cabo, quién soy yo para juzgar las impresiones de una persona. Son suyas y ya está. Se toman o se dejan. Fue lo que él experimentó, disfrutó y sufrió durante unos días. Si algún día fuera yo a Cerdeña imagino que contaría otras cosas diferentes y tal vez serían más aburridas y peor escritas que las de Lawrence pero serían las mías. Ay, Dios, qué ganas de ir a algún lado. Odio el coronavirus.

sábado, octubre 10, 2020

"La quinta víctima", de J.D. Barker. El 28 del 2020.

Pues, después de "La quinta víctima", creo que no me han quedado ganas de llegar a "La sexta trampa", que "El cuarto mono" no me acabó de convencer, pero éste casi acaba con mi tradicional insomnio; que era ponerme y a la mitad de la página... sopa. No me ha gustado nada y me ha parecido soporífero, así que no voy a perder mucho tiempo con él.
No es que la investigación de la policía en el primer libro fuera alucinante pero es que en éste brilla por su ausencia porque, mientras las chicas son secuestradas, salvajemente torturadas y asesinadas, el supuesto primer encargado de las pesquisas, el inspector Porter, es apartado del asunto porque sigue obsesionado con el asesino de la historia anterior y se apropia de elementos de la investigación para su propia teoría y luego se va a la otra punta para intentar averiguar algo de la supuesta madre del supuesto asesino que está en prisión sin nombre conocido para acabar dando vueltas con la supuesta abogada de la madre.
El FBI toma las riendas y el equipo de Porter hace lo que puede tratando de averiguar qué les ha pasado a las chicas cuyos cadáveres van a apareciendo, tratando de no poner en evidencia a su jefe que, con el teléfono apagado, va a lo suyo, aunque les mande alguna pista de vez en cuanto que hace dudar de su cordura hasta a los más íntimos.
Y, mientras, nosotros seguimos con angustia al secuestrador/torturador/asesino en serie que mata más que el perseguido por Porter. Y palo aquí, palo allí, soñando con los angelitos las más de las veces, acabé el libro a trancas y barrancas para acabar con un final de pena, que si no sale en las últimas páginas alguien con más cabeza que toda la policía junta, no acabamos. Una pena. Con todo el bombo que le dieron y que sigue con la saga. Ahora que, conmigo que no cuente. Que si Porter sigue detrás de Anton Bishop, que lo haga por su cuenta, porque al paso que va se hacen viejos los dos y no se pillan.

miércoles, septiembre 16, 2020

"La víctima 2117" de Jussi Adler-Olsen. 27/2020.

No se si será efecto del pasado confinamiento o de la actual situación de "sometimiento a medidas" pero se me están cayendo los palos del sombrajo de algunos de los autores que más me gustaron en el pasado reciente. 
Y ese es el caso del famoso "Departamento Q", del danés Jussi Adler-Olsen, que cada vez me gusta menos. Ha ido cambiando tanto la personalidad de los personajes y el tono del relato que no responde ya, ni mucho menos, a lo que comenzó siendo y cae nuevamente en la costumbre de que los propios investigadores estén inmersos en primera persona en la investigación. 
En esta última entrega es Assad quien se transforma; que no es que en libros anteriores no se viera que no era quien decía ser, pero de ahí a transformarlo en un medio Rambo perseguido por un acérrimo enemigo del pasado que inició una terrible venganza primero sobre la familia de Assad y luego sobre él mismo y, por extensión, a media ciudad de Berlín... hay un un gran paso.
La novela comienza con un mediocre periodista de Barcelona, Joan Aiguader, que se ha quedado sin trabajo, lo ha dejado la novia y no tiene ni para café, así que, tras abrir las cuatro últimas cartas de rechazo de sus demandas de empleo, repasa el pasado suicida de sus progenitores, tomando la decisión de que tal vez también él debería suicidarse para poner fin a su desesperación. 
Pero cuando se dirige hacia el mar, la grabación de un reportaje ante el llamado contador de la vergüenza en la playa de San Miguel en la Barceloneta, que contabiliza el número de personas fallecidas en el Mediterráneo cada año, y aplaza su idea del suicidio. Investigará a la muerte de una de esas personas, que apareció en la playa de Ayia Napa en Chipre. Le quita a la novia los ahorros que tenía en el piso y pone rumbo a Chipre con la corazonada de que será el reportaje de su vida. Y desde luego, su vida se ve muy, pero que muy comprometida como consecuencia de esa decisión. 
Cuando llega a la playa es testigo de la llegada de un grupo de inmigrantes de Siria así como del cadáver de una mujer mayor a la que Joan, recordando el número que aparecerá en el poste en Barcelona, llama la víctima 2117. Escribe un reportaje, lo manda al periódico para el que había trabajado y se lo publican, pero nada es como él piensa y el éxito que espera se trunca por lo que decide iniciar una investigación como freelance que se le va de las manos viéndose involucrado, primero como periodista y luego como víctima, en una trama de venganza y terror de la que quieren que sea involuntario testigo.
Paralelamente, en Dinamarca, Assad ve la fotografía de la mujer de la playa y la reconoce, así como a parte de su familia que también aparece en la foto, así como al hombre que fraguó su desgracia en el pasado, así que el tranquilo musulmán del Departamento Q recupera su antiguo ser y se propone buscar a su familia y enfrentarse a su enemigo, quien a su vez viene con aviesas intenciones vengativas contra Assad y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, cometer un atentado terrorista en alguna ciudad famosa.
También en Copenhague un chico llamado Alexander ha decidido que para vengar precisamente a la víctima 2117 que ha visto en el artículo del periódico, asesinará primero a sus padres y luego a cuanta más gente mejor, pero primero tiene que alcanzar un número determinado de victorias en un juego al que es adicto y lo tiene encerrado en su habitación prácticamente sin vida social ni familiar.
Así que, con un par de amenazas graves (aunque a la del chico no le dan mucha importancia al principio), Carl Morck y Assad cambian de país para investigar e intentar frenar las intenciones criminales del antiguo "conocido" de Assad. Y a todo esto, Mona, la novia de Carl, está embarazada y, como ya tiene una edad, debe ser hospitalizada y el antiguo compañero de Carl, el tetraplégico, está de viaje buscando un remedio milagroso para su situación.
En resumen, que no parece una novela del Departamento Q porque los personajes están muy cambiados y no investigan nada que tenga que ver con las funciones que en principio les fueron encomendadas, cuales son la revisión de casos antiguos sin resolver para averiguar qué pasó y encontrar a los culpables. En esta novela, la trama no tiene mucho que ver con eso y el desarrollo de los acontecimientos no resulta muy creíble. No me ha acabado de convencer.

domingo, septiembre 13, 2020

"La Nena", de Carmen Mola. El libro nº 26 que he leído este aciago año.

Después del aburrimiento del anterior, cualquier cosa me hubiera parecido frenética, pero es que los libros de Carmen Mola lo son. Te pueden gustar más o menos, pero lo que no se les puede negar es que animan a seguir leyendo compulsivamente hasta el final, aunque pienses que la trama está manida y que has visto setenta capítulos de series sobre asesinos en serie (valga la repetición) que resulten más creíbles. Entretiene unas horas y a otra cosa mariposa. ¿No es eso un bestseller? Al menos lo americanos lo son y los libros de Carmen Mola lo parecen; americanos, digo, porque bestseller no sólo lo parecen, sino que lo son porque con su tercera mosca (cada nueva novela tiene una más en su portada) ha seguido vendiendo ejemplares como churros.

En “La Nena” la Inspectora Elena Blanco ya no está en la Brigada de Análisis de Casos, ni siquiera en la Policía, sino que, al parecer, tras recuperarse de sus dos aventuras anteriores, ha seguido los consejos de su glamurosa madre y se ha animado a trabajar en la colecta de fondos para diferentes causas, hasta que, tras la desaparición de Chesca, que la sustituía temporalmente en el cargo, sus antiguos compañeros le piden ayuda.

El libro comienza con la precipitada boda de Valentina, una chica embarazada que trabajaba en un club de carretera y que hace solo quince días recibió la propuesta matrimonial del padre del que va a ser su marido prometiéndole sacarla del club y hacerse cargo del niño y de su vida si se casa con su hijo. Valentina acepta y su marido ni la toca pero poco a poco irá tomando conciencia de la casa donde se ha metido.

Paralelamente Chesca conoce en un bar a un atractivo hombre con el que se marcha pensando en un rollo de una noche pero que en lugar de eso la lleva directamente a un infierno.

Cuando sus compañeros son conscientes de que la desaparición de Chesca ha sido involuntaria emprende su búsqueda pidiendo incluso la ayuda de la que fue su jefa, Elena Blanco, que no tiene muchas ganas de acudir a la cita que le ha concertado su madre en Berlín con un posible donante para su causa.

Y es lo que más me fastidia últimamente en los thrillers y novelas negras, que la víctima es alguno de los investigadores, con algo en su pasado que vuelve para tener alguna tragedia a las espaldas que les persigue y que hace que la trama gire sobre ellos y no sobre la investigación de un delito cometido por terceros. Que ojo trágicos que tienen que ser todos. Aquí por lo menos no vuelve a ser Elena Blanco, pero sí otra del equipo.

Pues eso, trama veloz, una prosa que no es del otro jueves pero que total tampoco es lo que importa sino la carrera para evitar un desenlace fatal, preguntándote qué pinta el título en todo ello hasta que muy al final aparece. En fin, entretenida, pero de las que acabas la lectura y abur. Sin mucha raya.

"El mal de Corcira", de Lorenzo Silva. El 25/2020.

Cuidado que me caía bien Bevilacqua cuando era un guardia civil normalito que investigaba con empeño, y entre él y Virginia Chamorro se dedicaban a desfacer entuertos pateándose España durmiendo en cuarteles y comiendo de menú. Me resultaba familiar y me recordaba a muchos guardias concienzudos y trabajadores que he conocido a lo largo de mi carrera profesional. 

Pero, de un tiempo a esta parte, me está pareciendo un pedante de mucho cuidado con citas textuales de libros, recomendaciones de leer a Tucídides (por lo del título del libro y la referencia al mal endémico de matarnos entre paisanos), pero con poco trabajo de campo, del de verdad. Y encima Chamorro no tiene mucha cancha en los libros.

En este último la pobre se lleva un tiro a la primera de cambio que la aparta de la historia casi hasta el final y deja a Bevilacqua intentando, y casi fracasando, aclarar las circunstancias de la muerte de un antiguo etarra gay en tierras baleares. Tenemos a un aparente culpable desde el principio, pero teniendo en cuenta quién fue la "víctima" se intenta atar y bien-atar todos los flecos de la investigación para no meter la pata, lo que lleva al subteniente a recordar sus tiempos de guardia bisoño en Intxaurrondo y sus inicios en la relación con el que ahora es su jefe, quien le fichó para una brigada medio infiltrada en la lucha contra el terrorismo.

La historia es poco creíble en muchos puntos y abusan de las cámaras de vigilancia y de tráfico, que permiten seguir los pasos del supuesto asesino y del muerto como si fueran las cámaras del CSI a cuyas imágenes pasan un programa de corrección de enfoque y en vez de verse los granos en la imagen se distinguen hasta los del acné delincuente.

Reconozco que la novela me aburrió soberanamente, a lo mejor por no soportar más de cinco páginas cada noche, lo que la convirtió en eterna. Al final, con la recuperación de Chamorro, sube un poco el ritmo narrativo y la trama toma otra velocidad hasta la solución final, que llevaba esperándose desde muy al principio. En resumen, decepcionante. Esperemos que el próximo, si lo hay, me resulte un poquito más entretenido. Si es que no se jubila Bevilacqua.

domingo, agosto 02, 2020

"El carrusel de las confusiones", de Andrea Camilleri. 24/2020.

No se qué voy a hacer cuando me acabe todos los Camilleri. Lo voy a echar mucho de menos. Aunque, siempre nos quedará alguna relectura. Y además uno que dejó escrito Don Andrea para cerrar el ciclo de su comisario cuando él muriera.
Este empieza, como varios de la saga, con el despertar de Montalbano. Despertar provocado para su fastidio, por una insistente mosca que, pese a ser siciliana, resulta tan pesada como son las manchegas.
Cuando la mosca ya le ha paseado varias veces la cara y realizado varios intentos de colársele por la nariz, con traumático resultado para Montalbano, el comisario procede matarla sumariamente, sin celebración de juicio y sin darle después cristiana sepultura. Pero, seguidamente, percibe otra segunda mosca, lo que le genera remordimientos por las dudas de haber matado a una mosca inocente.
Y esa es la primera de las aparentes confusiones que pueblan la novela y le dan título.
La trama se centra en los extraños secuestros de dos mujeres que son después liberadas sin consecuencias físicas reseñables salvo el susto que se llevaron, sin saber siquiera quién las secuestró ya que las dormía con cloroformo.
Como una de las secuestradas es hija del dueño de su restaurante favorito, Montalbano toma especial interés en el asunto mientras un pesado intenta quedar con él en la comisaría sin que sean capaces de coincidir en el espacio-tiempo hasta el final del libro. Algo que suele pasar con algún cliente que se las arregla para intentar quedar contigo en horas, días o momentos en que no hay forma de atenderle y que luego nunca está él disponible cuando intentas tú concertar la cita. Panem nostrum cotidianum.
Paralelamente se produce un incendio en una tienda despareciendo el dueño y su novia, y tiene lugar el secuestro de una tercera mujer que sí aparece lesionada con cortes superficiales por todo el cuerpo. Todas tienen en común trabajar para bancos, así que, pese a que la imagen de la mafia sobrevuele las sospechas, el Comisario dirige la investigación a la vida y trabajo de las mujeres, de confusión en confusión, pues no acaban de encontrar el hilo que dirige las vengativas acciones del secuestrador ni averiguar quién es hasta el final en que el círculo de la novela se cierra.
No es el mejor Montalbano que he leído pero, como todos, se deja leer y está entretenido.

viernes, julio 10, 2020

"Voz", de Cristina Dalcher. 23/2020.

El principio es muy bueno, aunque solo sea porque recuerda, tal vez demasiado, al Cuento de la Criada. Promete muchísimo pero me ha resultado muy decepcionante. Sobre todo el final.
Tras unas elecciones en Estados Unidos resulta elegido un gobierno conservador condicionado por la influencia de un líder ultrarreligioso que quiere retrotraer la situación entre hombres y mujeres a una etapa que tiene idealizada en que las mujeres estaban en casa dependientes del poder masculino y, según él, eran más felices, a la vez que evita que protesten o se revelen negándoles la palabra. Literalmente, vamos, que en este nuevo Gilead de Christina Dalcher les permiten pronunciar al día únicamente 100 palabras. A todas las mujeres y niñas les ponen una pulsera con un contador que les provoca descargas eléctricas de progresiva intensidad según el número de palabras que pronuncien de más. Respecto de las niñas es más grave porque la ausencia de voz impedirá su correcto crecimiento intelectual.
Yo, que para decir buenos días, ya puedo necesitar más de 100 palabras, estaría electrocutada el primer día si la distopía de esta novela tuviera lugar.
Para más inri la protagonista de la historia, Jean McClellan, era neurolingüista, especializada en el área de Wernicke, la zona del cerebro que influye precisamente en el habla, habiendo realizado investigaciones para la creación de un suero que devolviera la capacidad de expresión a personas con afectación de esa zona por algún tipo de lesión, trauma o enfermedad.
Jean siempre se había centrado en sus estudios y no había sido demasiado participativa en el activismo feminista, pese a tener una amiga que lo era por las dos. Está casada, con un marido un poco pánfilo, y tienen una niña pequeña y un hijo adolescente. Desarrolla su carrera en un empleo que le gusta y le llena, del que se ve expulsada un día como los son todas las mujeres trabajadoras del país por decisión unilateral y nada democrática del Gobierno. Como en el Cuento de la Criada, las mujeres pierden su capacidad de decisión, no tienen derecho a manejar ni su propio dinero y, aunque pueden leer, son privadas de su libertad de hablar. De ahí el título del libro.
Al principio las mujeres no reaccionan, no se acaban de creer qué pasa, pero enseguida la pulsera que portan servirá de mecanismo de control del que no pueden escapar. No pueden hacer prácticamente nada y en el caso concreto de Jean su marido tampoco hace nada por ella.
Todo esto lo vamos sabiendo a través del repaso que Jean realiza mentalmente de sus recuerdos y su experiencia en el nuevo régimen mientras se de desarrolla la novela.
La trama comienza básicamente cuando el hermano del presidente, que es quien partía realmente el bacalao, sufre un ictus que le afecta precisamente a la parte del cerebro en la que está especializada Jean, por lo que le realizan una oferta, que como en El Padrino, no puede rechazar: la reintegrarán a su trabajo para que acabe de desarrollar el suero y, mientras, le devolverán la voz sin limitaciones. Sabe que es algo temporal pero lo acepta, sobre todo para que su hija pequeña pueda usar su voz, lo que desde muy pequeña tiene prohibido.
El sistema implantado, que limita la voz de las mujeres y las relega al ámbito estrictamente doméstico, sin que los hombres participen en el mismo, desarrollando en exclusiva toda la vida pública, ha imbuido plenamente al hijo adolescente del matrimonio, que se dedica a machacar a su madre y desempeñar con alegría su función de control de otras mujeres y chicas a modo de comisario político o vigilante de las costumbres, sin ser consciente de lo que ello supone y que el sistema también le oprime a él, ya que los hombres están obligados a casarse a temprana edad y formar y mantener a la familia y a encajar plenamente en el estereotipo masculino sin poder capacidad de decisión posible.
Las investigaciones de Jean se desarrollan a buen ritmo y mientras la novela describe el sistema, y Jean nos transmite cómo le está afectando, el relato me iba gustando, hasta que aparece un compañero de trabajo y la distopía se transforma en telenovela a ratos. Y, aunque la trama se complica, cuando son conscientes de que las investigaciones que se realizan en el Centro en el que trabajan, no avanzan únicamente en el sentido positivo de reintegrar la voz a quien no la tiene, sino hacia algo mucho más siniestro, el final resulta tan peliculero que no resulta creíble.
Ya digo, una primera parte bastante buena pero no me gustó cómo solventa la autora el final de la novela. La originalidad de la idea primigenia no parece desarrollar todas las posibilidades. Evidentemente, no es el Cuento de la Criada.

viernes, junio 19, 2020

"Con el agua al cuello", de Donna Leon. El 22º libro del 2020.

No me puedo resistir cuando Donna Leon publica un nuevo Brunetti pero la verdad es que el comisario me resulta ya bastante descafeinado y sus andanzas me llevan casi al aburrimiento. Ni siquiera consigue que me retrotraiga a los días que pasé en Venecia. No se si el personaje está agotado o es que la autora ya se repite.
En este "Con el agua al cuello", Donna vuelve a tocar el tema de la contaminación y la corrupción que conlleva todo lo relacionado con ello, a la vez que sigue criticando la carga turística de la ciudad de los canales. Que casi le soluciona el problema el coronavirus e igual tenía que escribir otra novela con Guido en la pandemia contento de no ver turistas atestar las calles y canales de Venecia, lo que dicho de paso ha debido ser alucinante, si no fuera por lo que ha sido.
El comisario protagonista de la saga recibe una llamada para acudir a entrevistarse con Benedetta Toso, paciente de una clínica que sólo atiende enfermos terminales que no pueden pagar una atención privada en sus últimos días de vida. Ello significa, pues, que a la joven le queda poco tiempo.
Benedetta padece un cáncer muy avanzado que la tiene postrada en cama y cuando Brunetti y la comisario Griffoni acuden al hospital apenas puede hablar, si bien entre las palabras que pronuncia parece poner en duda que su marido muriera debido al accidente de tráfico que le sacó de la carretera. El "ellos lo mataron" y la mención a un supuesto dinero sucio intriga a los comisarios, pero cuando tras una somera consulta sobre el accidente Guido y Claudia vuelven al hospital, Benedetta fallece delante de ellos tras mencionar a sus hijas, lo que les genera una especie de obligación moral de averiguar si hay algo de cierto en las sospechas de la moribunda.
Paralelamente, la comisaría de Brunetti no parece tener otra preocupación más importante que conseguir que dos mujeres romaníes, que se dedican a robar carteras en la ciudad, desaparezcan de la misma durante el tiempo en que la ciudadanía y las empresas turísticas olvidan un artículo que elogia la seguridad de las calles de Venecia. Vamos que a quien preocupa es al jefe de Guido, el vicequestore Patta, siempre interesado en su imagen pública, y quien está empeñado en endosar el problema a la cercana localidad de Treviso mediante el subterfugio de mantener que el primero de los múltiples delitos que cometieron lo fue en esa ciudad para lograr que la competencia en el asunto salga de Venecia, por lo menos unos días.
Una vez encarrilado el asunto de las romaníes, Brunetti y Griffoni, con la impagable colaboración de la signorina Elettra, intentan averiguar qué paso al marido de Benedetta, Vittorio Fadalto, comenzando por el accidente de moto y centrando luego la investigación en Spattuto Acqua, la empresa privada encargada del control de la potabilidad del agua para la que trabajaba Vittorio y, sobre todo, en el laboratorio que procesa las muestras de agua recogidas en los diferentes controles de la canalización de las aguas.
La investigación no es una cosa del otro mundo pero van atando cabos y confirmando sospechas hasta dar con la corruptela que intentó encubrir el falso accidente de moto del empleado de aguas y descubrir al culpable. Nada nuevo y vuelta de tuerca a lo de siempre. Corrupción, sobornos, juego sucio y dinero más sucio aún para callar bocas y ganar voluntades. Y, en medio, un hombre con necesidades económicas por la enfermedad de su mujer. Una pena.
No es de los libros más entretenidos de Donna Leon y me sigue fastidiando el poco protagonismo que tiene ya la mujer de Brunetti, que es el personaje que siempre me había resultado más atractivo. Junto a la ciudad de Venecia, claro.

domingo, junio 07, 2020

"La dependienta", de Sayaka Murata. 21º del 2020.

Un libro muy corto que se puso de moda hace un tiempo y no quise leer entonces por llevar la contraria y al volverlo a encontrar me puse con él. Me ha sorprendido muy gratamente. Si al final no me va a disgustar tanto la literatura japonesa.
Keiko Furukura era rara ya de pequeña. Demasiado literal en la comprensión del lenguaje, poco empática, incomprendida e inadaptada pero muy inteligente. Cuando comienza la universidad empieza a trabajar por horas en una konbini, una especie de tienda de alimentación abierta las 24 horas, donde encaja tan bien y se encuentra tan cómoda que a los 36 años sigue trabajando en ella sin buscar un trabajo a tiempo completo.
Toda su vida gira en torno a la tienda y, para justificar su permanencia en ella por horas, utiliza la excusa de una supuesta enfermedad que no le permite trabajar en un empleo fijo. 
La tienda no parece contratar nunca a trabajadores permanentes pues, pese a la cantidad de años que Keiko trabaja en ella, no le han ofrecido esa posibilidad, y nuestra protagonista ha visto pasar a muchos universitarios y mujeres que buscan un complemento a la economía familiar mientras ella sigue con el mismo sistema.
Keiko es feliz a su manera, se considera realizada como dependienta, de forma que considera su trabajo más como una esencia que como una ocupación. Siente que "es" dependienta. Pero todo el mundo a su alrededor la presiona para que explique por qué no busca algo mejor y, sobre todo, por qué no tiene pareja y sigue soltera a su edad.
A ella le da lo mismo y no cambiaría la tienda por otro trabajo. Allí sabe lo que se espera de ella a cada momento y no tiene que pensar ni responsabilizarse de otra cosa que el trabajo diario de colocar los productos, atender a los clientes, cobrar y estar pendiente de que todo se desarrolle como debe hacerse según las directrices de los diferentes jefes que ha tenido a lo largo del tiempo. No necesita pensar mucho e incluso copia frases de compañeras en sus propios diálogos para intentar así acertar en sus opiniones y el tono de su voz imita a veces a quienes considera que hablan bien y son aceptadas por los demás.
Keiko no necesita mejorar en su trabajo, no quiere cambiar ni necesita para nada un hombre a su lado, pero la presión de un grupo de mujeres, con las que se reúne a veces con idea de socializar, la obliga a intentar buscar una vida distinta para ser aceptada y encajar en la idea de mujer que tienen los demás. Así que aprovecha que un compañero nuevo de la tienda, aparentemente más inadaptado que ella, es expulsado por incompetente, para generar la falsa apariencia de vida en pareja e intentar que la dejen en paz cuando consideren que ya "se ha adaptado" o "curado" porque tanto sus padres al principio como su propia hermana consideran que hay algo raro en Keiko que puede solucionarse, que puede curarse. 
Keiko ofrece a Shiraha, el hombre que conoce en el konbini, irse a vivir a su casa. 
Él, más perro que una manta y aparente defensor de la idea de que no hemos cambiado desde la Edad de Piedra y que siempre se ha venido exigiendo que hombres y mujeres deben comportarse de una determinada manera, no ha sabido tampoco adaptarse a lo que le exige el rol masculino. No tiene empleo ni ganas ni intención de trabajar, ni de ayudar a Keiko, sólo refugiarse en su casa para no pagar sus deudas y que sea ella quien se ocupe de llevar dinero a casa mientras él se dedica a entretenerse con el móvil y la tablet en la bañera del cuarto de baño.
Keiko no eligió bien al hombre que debía dar cobertura a su "normalidad" y hacer evidente su "curación" y adaptación al concepto tradicional de mujer japonesa, aunque intenta seguir lo que se espera de ella, pero no solo no se le soluciona el problema sino que le complica la vida.
Es un libro muy corto y refleja los problemas de las personas para adaptarse a rol que por su sexo o condición se espera de ellas, con independencia de lo que les guste o les haga feliz. En alguna ocasión seguro que hemos experimentado esa presión, sobre todo las solteras de una edad, je, je. En Japón la cosa debe ser más habitual porque ya he visto el asunto en varias novelas, pero tampoco por aquí somos ajenos a esos condicionantes.
Si eres varón, tienes que trabajar, ganarte el pan, triunfar, tener pareja, hijos... Si eres mujer, a cierta edad o tienes un trabajo importante o exigente que justifique el hecho de no tener pareja o tienes que tenerla sí o sí. Menos mal que si sigues cumpliendo años se considera que ya el arroz se te pasó y dejan de preguntarte. O eso espero, por lo menos.
El libro ha respondido a mis expectativas. Es interesante.

"Boulder", de Eva Baltasar. Y ya van 20 libros este 2020.

Cuando me llegó el libro pensé que el "Boulder" del título era un apellido de alguno de los personajes de la novela pero parece ser que se trata de una piedra de gran tamaño (como la fotografía de la portada), "una de esas grandes rocas solitarias, aisladas, expuestas a todo, que hay en el sur de la Patagonia, pedazos de mundo que sobraron después de la creación. Nadie saben de dónde provienen. Ni ellas entienden por qué siguen allí, por qué no se desgastan", según se describe en el libro, y que es como llama a la protagonista su pareja, describiendo perfectamente lo que acabará siendo ella en su relación amorosa, su resistencia al desgaste, su firmeza, su aguante en la relación, incluso cuando ya la sabe agotada.
La mujer que nos guía por el relato de su vida es diferente al estereotipo de mujer que se nos venga a la cabeza, y no principalmente por gustarle las mujeres, sino por su forma de desenvolverse en el mundo, sobre todo al principio. Es libre, independiente, no quiere ni someterse a los convencionalismos de trabajo, familia y relaciones...
Es de Barcelona pero se encuentra en el embarcadero de Quellón en la provincia chilena de Chiloé. No sabemos qué le ocurrió para que se encontrara allí enfrentada al vacío "buscando el cero primigenio", "cansada de inventar currículums, de tener que decir y hacer como si la vida fuese un relato", pero tampoco eso importa mucho para entender la historia que nos cuenta, aunque sí diga mucho de la forma de ser de la protagonista.
El caso es que decide embarcarse como cocinera en un barco mercante en el que parece haber encontrado una especie de felicidad, de equilibrio, sin ataduras, ni siquiera un salario que le genere obligaciones. Pero, en uno de los puertos que desembarca conoce a Samsa (sí, como el protagonista de "La Metamorfosis", de Kafka) y su mundo da un vuelco. Se enamora perdidamente de ella y la sigue hasta Islandia, dejando atrás toda su buscada independencia, para atarse a la mujer que quiere, asumiendo como propio el mundo de ella: trabajo, casa, búsqueda de una estabilidad de la que había estado huyendo... Pero parece feliz, abre un food track y ahoga sus deseos de libertad bebiendo en la taberna con el único amigo que parece tener.
Todo va aparentemente bien hasta que Samsa decide tener un hijo y la vida de la pareja comienza a hacer aguas. Nuestra protagonista no había deseado nunca un hijo y hacer lo que Samsa desea va destrozándola poco a poco. Samsa la va desplazando, la aparta de su recién creado mundo y la hace sufrir, a la vez que le genera sensación de culpabilidad. Aunque la idea que nos hacemos no acabe de responder a la situación real porque no es solo el enfrentamiento con una maternidad no querida que no acaba de asumir.
La verdad que el libro me ha gustado mucho. Había leído una crítica que no hablaba nada más que la forma de tratar el sexo por la autora y me había hecho una idea de la novela que no responde a la realidad. La manera de escribir de la autora me encanta. Es como poesía en prosa. Frases cortas, rotundas, muy descriptivas con poquísimas palabras... No me suele gustar la poesía pero me ha parecido poético en algunos párrafos. Y, como la poesía, concentra en pocas páginas, poco más de cien, casi todo el ciclo vital de adulta de la protagonista sin que echemos nada de menos de lo que no nos cuenta.
Pues eso, que me ha gustado y no lo esperaba, así que me ha sorprendido gratamente.

lunes, junio 01, 2020

"Territorio de luz", de Yuko Tsushima. 19/2020.

Hay que reconocer que los libros de la editorial Impedimenta son preciosos. Y si además me llegan en la caja de Bookish con todo su bloque de complementos (marcalibros, ilustraciones...) y ¡unas galletitas de la fortuna!, pues casi me reconcilio con la literatura japonesa, que se me atraganta con demasiada frecuencia. Y encima el libro sale hoy a la venta y yo ya me lo he leído.
Ahora bien, mientras lo leía tenía una doble sensación que me impedía disfrutar enteramente de él. Por un lado, el libro no está mal pero a la vez tenía todo el rato las ganas de sacudir a la protagonista a ver si espabilaba o para que buscara ayuda, hasta que me di cuenta de la fecha de publicación de la obra original. 
Y es que, no sé en Japón, pero en España desde 1978 se han experimentado tantos cambios en la vida de las mujeres, y en la vida en general, tantos como para que la actitud de la mujer del libro me resultara casi extraña hasta que fui consciente de cuándo tenían lugar los hechos. Una vez revisada la primera impresión a la luz de la época, comencé a entender a la protagonista y, en general, la obra.
La protagonista, de la que no conocemos su nombre de pila, sólo su apellido de casada, Fujino, ha sido abandonada por su marido. El señor Fujino ha tenido a bien encontrar otra mujer más joven y decide acabar con su matrimonio o por lo menos con la convivencia con su esposa.
Ella, no acaba de darse cuenta del abandono y eso que el marido está tan dispuesto a que se vaya que la lleva de inmobiliaria en inmobiliaria para alquilar una nueva casa donde vivir, pretendiendo incluso ser él quien elija cómo debe ser y cuánto se debe gastar en el alquiler, pese a que es ella la que tiene ingresos fijos como bibliotecaria y él, que estudió cine pero no ha rodado ni un metro de película, no tiene trabajo ni ingresos, ni muchas expectativas ni ganas de matarse a trabajar. Eso sí, lo reconoce y por eso determina que la hija del matrimonio se quede con su madre, si bien no queda claro cómo desea ejercer su responsabilidad paternal, ni si como parece quiere incluso habitación en la nueva casa y acceso libre para ver a su hija, ya si eso. De yenes, nanai de la China, aunque sea japonés.
Tanto buscar casa, que cuando la protagonista ve que el marido ya le está buscando una que no va a poder pagar, es ella la que encuentra un apartamento en un tercer piso de un edificio que por curiosa coincidencia tiene el mismo nombre que el apellido de su marido. El apartamento debía ser como mi piso de Villafranca, con más ventanas que paredes y con tanta luz que es lo que más llama la atención de la señora Fujino cuando se muda allí con su hija.
Acompañamos a la pequeña y a su madre durante el primer año de la separación (todavía no se ha divorciado e incluso piensa que su marido puede volver). La madre no está acostumbrada a criar a la niña sola y arrastra un cansancio y una depresión de la que no parece consciente que la lleva a gritarle a la niña, a llegar tarde a la guardería y a trabajar, a beber alcohol y a no saber qué hacer con su vida la mayor parte del tiempo.
Cuenta con la ayuda de su madre, pero no quiere abusar porque no quiere volver a vivir con ella, ni renunciar a su independencia, pero tampoco sabe todavía cómo desenvolverse sola con una niña, cómo poder con todo lo que se le ha venido encima por el abandono de su marido. Gritos a la niña, que está blanda hasta lo indecible y es cabezona hasta resultar a ratos insoportable; protestas de los vecinos por cualquier cosa, quejas de la guardería, exigencias del marido cuando aparece, incluso maltrato y ella... en plan japonesita, reverencia va, reverencia viene, sin saber por dónde tirar hasta que poco a poco va ganando terreno a su incapacidad y sobreponiéndose a los problemas y a la dependencia emocional que todavía tiene respecto a su marido.
Y la luz omnipresente en el libro, en el piso, en los jardines, en las vistas... como un contrapunto a la oscuridad de la vida de la protagonista.
Una vez que fui consciente de la época en que se escribió el libro cambió mi percepción de la protagonista y de la historia y comprendí lo que pretende reflejar y la forma tan realista que plasma los problemas de una maternidad en exclusiva en una situación psicológica precaria y con una niña un poquito borde que exige más de lo que en ese momento su madre puede darle. No está mal. Para meditar.
Por cierto, que el mensaje de la galletita de la suerte decía: "un beso no es un beso si no se pone el corazón". Mal mensaje para los tiempos del distanciamiento social.