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jueves, enero 06, 2022

"El nudo Windsor", de S. J. (Sophia) Bennett. El 20º y último de 2021.

La Reina Isabel II convertida en investigadora. Un libro encantador, entretenido y muy divertido. 

A la mañana siguiente de una fiesta en el palacio de Windsor, uno de los invitados, Maksim Brodsky, un guapo pianista ruso aparece muerto, aparentemente asfixiado en una práctica erótica. Lo que parece un accidente pronto queda claro que es un homicidio.

La misma reina, afectada porque el hecho haya tenido lugar en su casa, toma pronto cartas en el asunto, sobre todo cuando ve que el servicio secreto y la policía se centran en una línea de investigación que afecta a la servidumbre de palacio y comienzan a interrogarlos intentando encontrar un agente encubierto del gobierno ruso. Como el pianista había sido crítico con Putin, dirigen sus pesquisas hacia el Kremblin.

La Queen, que acompañada de sus inseparables corgis, reconoce en persona la habitación donde han ocurrido los hechos y enseguida se da cuenta de que un nudo tan flojo no había podido ahogar a nadie y que tampoco hubiera aguantado el peso un armario tan poco resistente que formaba parte de las últimas habitaciones amuebladas sin mucho glamour por su esposo para invitados de menor renombre en una zona del palacio que antes servía poco menos que de trastero.

Isabel inicia una investigación paralela y, como no puede hacerlo abiertamente ni contradecir a los detectives, se apoya en Rozie Oshodi, una secretaria adjunta de ascendencia nigeriana, que lleva poco tiempo trabajando para ella y que, sobre unos tacones de vértigo, se entrega a la causa como si no hubiera un mañana, interrogando a quien no puede hacerlo la reina, concertando reuniones y haciendo llegar las pistas de la reina a quien puede hacerlas llegar a la policía y al MI5, hasta hacerles creer que son ellos quienes siguiendo chivatazos anónimos han averiguado la verdad hasta llegar al culpable, consiguiendo así la reina solucionar el caso y evitar la nefasta publicidad que le reportaría un asesinato no resuelto en Windsor. La policía se lleva los éxitos y ella, la verdadera detective, hace que su casa salga airosa del incidente.

El libro, como digo, es divertidísimo y plasma una imagen de la reina muy positiva, ya que, además de la trama en sí de la novela, conocemos la forma de ser de la reina, su sentido del humor, su pasión por los caballos, el amor por sus corgis, su perspicacia, el conocimiento de la forma de ser de su esposo y su familia, su habilidad para conquistar a todo el que tiene trato con ella, aunque se le acerque con todos los prejuicios del mundo por su edad y con la idea de que es un poco simple. Me ha gustado mucho y me ha recordado otro sobre la reina que leí ("Una lectora nada común"), que por cierto es de un autor con el mismo apellido que el de la autora de este, sin que sean familia, creo.
 
Parece ser que esta escritora no ha agotado las historias de detectives de la reina y que el es el primero de una serie sobre "Su Majestad, la reina investigadora", cuyos pasos seguiré de cerca.

"Killing Eve. Codename Villanelle", de Luke Jennings. 19/2021.

Imagino que mucha gente habrá seguido la serie, pero a mí sólo me sonaba el nombre, así que cuando vi el libro, pensé que mejor comenzar con la historia y luego, si me resultaba atractiva, seguir con la serie.

Ésta es la primera de una saga de tres novelas sobre una asesina a sueldo (o casi mejor falsa autónoma del asesinato, porque los objetivos siempre se los encarga la misma organización) y la agente del MI5 encargada de darle caza. O por lo menos en este primer volumen, que no termina para preparar el resto de la trilogía.

La asesina, cuyo nombre ruso original era Oxana Vorontsova, es una psicópata que, por no tenerlas, ha aprendido a fingir emociones y que, tras una truculenta infancia, fue "fichada" para recibir formación militar especializada para realizar labores digamos que "de limpieza" en pro de los intereses de quien le paga. Domina artes marciales, aguanta psicológicamente casi cualquier cosa, conoce y domina el uso de casi cualquier arma y sus dotes camaleónicas para cambiar su apariencia y fingir personalidades diferentes provocaría envidia a la Lisbeth Salander. Su nombre en clave es "Villanelle".

Villanelle es muy guapa, hace a pelo y a pluma en la cama, se mueve como pez en el agua en cualquier ambiente, desde el más sórdido al más sofisticado, y es capaz de seducir y atraer a su víctima desplegando su encanto para seguidamente quitarle la vida sin remordimiento alguno. Es tremendamente original en sus métodos de matar, actividad que realiza sin despeinarse, y pocas veces mata por venganza.

La otra parte del juego, Eve Polastri, es casi lo opuesto a Villanelle. De apariencia vulgar, acomplejada de su físico, aburrida en su trabajo en el MI5, donde no realiza trabajo de campo, con un marido aburrido de nacimiento... Tiene una vida tranquila y está un poco cansada de que en el servicio de inteligencia en el que trabaja no tengan muy en cuenta sus opiniones y propuestas.

En un momento dado, las vidas de estas dos mujeres se cruzan y comienza un peligroso juego de persecución mutua que en este libro solo vislumbramos dado que acaba cuando todavía se están conociendo y se ponen las bases de los que en los siguientes será la relación entre ambas.

Esta primera novela se centra sobre todo en los orígenes de Villanelle, en sus primeros años en Rusia, cuando todavía era Oxana Vorontsova, su reclutamiento y entrenamiento y sus primeros asesinatos, a la vez que conocemos la anodina vida de Eve, así como el despertar de su verdadera personalidad, bastante más peleona de lo que nos parece al principio.

Como en otras novelas de este tipo, el ritmo es frenético, el contacto con la realidad discutible y nos enredan de tal forma que llegamos a sentir con Villanelle una relación de amor/odio como con muchos malos del cine. Con Eve, pasa lo contrario, nos parece un poco pava y queremos que espabile, como con muchas víctimas en el cine, aunque luego parece hacernos caso y espabila. 

No se si seguiré con la saga por pasar el rato y desconectar. Después de leer el libro he visto el primer capítulo de la serie y hay diferencias. En principio, resulta más atractivo el libro, pero como en el primer capítulo ya se lo cepillan casi entero, no se cómo evolucionará la serie. Veré a ver.

lunes, enero 03, 2022

"La bestia", de Carmen Mola o del trío calavera (Agustín Martínez, Jorge Díaz y Antonio Mercero). El libro 18 de 2021.

No es que me siente mal que tres hombres firmen una novela con nombre de mujer. Ha habido muchas mujeres que tuvieron que firmar con un seudónimo masculino para poder publicar. Incluso algún hombre también publicó sus obras usando un nombre de mujer, como Yasmina Kadra, un autor argelino que me gusta mucho y cuyo verdadero nombre es Mohammed Moulessehoul, que comenzó firmando sus obras con ese nombre tan femenino para disimular y ocultar su identidad porque era militar y en sus obras criticaba al poder. 
Tampoco es que me moleste por no habérmelo esperado, que desde que comencé con la primera novela ya me rumiaba yo que algún hombre había participado activamente en su redacción, y ya en mi reseña de "La Red Púrpura" lo daba por seguro, avanzando incluso que me parecía "como si percibiera varios autores al alimón, un montaje de varios". 
Lo que verdaderamente me joroba es la operación de marketing que se han marcado con el Premio Planeta para vender más ejemplares. Así que, cuando salió la noticia, prometí no comprarme el libro, para que mis 21,75€ no engrosaran sus arcas. Y lo he cumplido. Que prometí que no lo iba a comprar, no que no me lo fuera a leer. 😜
Cuando oí lo del Planeta, pensé lo mismo que cuando se lo dieron a Lorenzo Silva, que vaya mier... de secreto si aparecían sus personajes estrella. Dije, cuando hayan leído "Elena Blanco", les han hecho los ojos chiribitas y han pensado "¡zas!, pelotazo de Carmen Mola y dinero para la saca del Grupo Planeta". Pero no, en la Bestia no sale la inspectora Elena Blanco, ni siquiera la acción tiene lugar en nuestro siglo XXI.
La trama se desarrolla en el Madrid de 1834, durante la epidemia de cólera que asoló Europa afectando también con fuerza a la capital, y el levantamiento anticlerical del 17 de julio de ese año, por haberse extendido el rumor de que los frailes envenenaban las fuentes y causaban la enfermedad, con la activa participación de alguna sociedad secreta que otra.
Con el telón de fondo de estos hechos históricos, y la inestimable ayuda de la Wikipedia, los autores de La Bestia tejen una historia rocambolesca y adictiva (como todo Mola) muy bien ambientada (casi percibimos el mal olor y la podredumbre de ese Madrid), con giros sorprendentes, con muertes de protagonistas en plan Juego de Tronos, que te quedas de pronto sin saber quién va a tomar las riendas, pero que siempre hay quien suceda al fallecido. 
Luchas, escapadas, traiciones, asesinatos, abusos, matanzas... que no falta nada, vamos, en medio de un Madrid amedrentado por el cólera. Y el desenlace, con culpable que no esperábamos hasta casi el final.
La historia, como todas las Molas, es truculenta. Comienza con la aparición del cadáver desmembrado de una niña, a la que suceden otras más. Un periodista, Diego Gómez, se interesa por la noticia y, ayudado por su amigo Donoso, un antiguo policía tuerto, comienza a investigar. El imaginario popular atribuía los crímenes a una bestia, La Bestia del título, pero el periodista sabe que ninguna bestia podría cometer esos asesinatos y busca al hombre u hombres que los cometen.
Paralelamente, Lucía, una niña pelirroja de un mísero poblado de chabolas, intenta conseguir comida para su hermana y la madre de ambas que se está muriendo de cólera. No duda en entrar en un prostíbulo en el que se subasta su virginidad y como Madrid todavía tenía muralla, se cuela por las alcantarillas y túneles para robar lo que puede en casas vacías. En una de ellas, con el cadáver de su habitante todavía allí, roba un valioso anillo con un símbolo de dos mazas cruzadas que nos vamos encontrando por todo el libro y que traerá a la pobre hija por la calle de la amargura y camino del cementerio a cada persona que tiene contacto con ella. Secuestran a su hermana y somos testigos de su estancia en las celdas donde espera seguir los pasos de otras niñas que han sido asesinadas.
El pueblo de Madrid está removido y, con limitaciones de movimiento y de número de personas que pueden reunirse (¿de qué me sonará?) se comienza a difundir el rumor de que los monjes son quienes envenenan el agua y organizan una revuelta en la que provocan la muerte de varios religiosos. Todo esto en medio de luchas políticas como consecuencia de una de las guerras carlistas, con sociedades secretas que buscan remedios para evitar el cólera a la vez que eliminar enemigos políticos, pícaros por las calles, suciedad, miseria...
En definitiva, un libro entretenido, con mucha acción, aunque los encuentros e interacciones entre los personajes son poco creíbles. Que vale que Madrid no tenía tantos habitantes como ahora, pero que los personajes coincidan cada dos por tres en los mismos sitios y avancen coordinadamente en una ciudad de 200.000 habitantes, no resulta verosímil. Pero, en fin, ¿qué verosimilitud tienen las obras de Carmen Mola?

domingo, enero 02, 2022

"Lissy", de Luca D'Andrea. 17/21.

Robert Wegener desde chiquitín era ya un hijo de p... de regulares proporciones y al crecer fue afianzando su condición convirtiéndose en uno de los hombres más peligrosos y temidos del Tirol, que es donde se desarrolla la acción. Traidor, colaboracionista y mafioso, ha ido amasando una fortuna y pretende conseguir más poder frente a la única organización que le hace sombra: el Consorcio.

Y miedo es precisamente lo que le tiene su esposa, sin que él parezca sospecharlo. Marlene, al saber que está embarazada, decide poner pies en polvorosa y huir de su marido, para intentar que el hijo que espera viva una vida diferente de la que le esperaría junto a su padre. Pero antes de fugarse se aprovisiona de fondos que le permitan subsistir, a la vez que provocar a Her Wegener un daño brutal en su prestigio y poder frente al Consorcio: le roba los zafiros que guarda en la caja fuerte y huye hacia Suiza.

Intentando que nadie sepa que su mujer le ha traicionado, contrata los servicios de un implacable asesino con fama de conseguir siempre llevar a cabo sus encargos persiguiendo a sus objetivos sin tregua. El Hombre de Confianza, que así llaman al ejecutor, comienza la búsqueda de Marlene pensando, como todos y como era su intención, que se dirigía a Suiza. Pero Marlene se equivoca de desvío en la carretera y sufre un accidente, lo que dificulta su búsqueda, sobre todo porque es rescatada por un hombre que vive solo en la montaña cuidando de sus cerdos y sin apenas relación con el mundo que lo rodea. Se lleva a Marlene a su cabaña, la cuida y ella se queda un tiempo ayudando a su salvador, porque su belleza y el mundo de lujo del que la había rodeado su marido no la habían hecho olvidar que ella también se crió en la montaña. 

Simon Keller, que así se llama el tirolés, y Marlene parecen llevarse bien, pero el sicario contratado por su marido se le acerca y poco a poco vamos viendo que sobre la mujer se cierne otro peligro relacionado con la propia granja en la que vive. Su salvador no resulta ser tan buena gente como aparenta ni la cerda que cobija tras una reja separada del resto de sus cerdos es una cerda normal. El miedo, casi el terror, están servidos para la propia Marlene, que parece ir de Guatemala a Guatepeor.

Un thriller con sorpresas e inesperados giros de terror, con esa gorrina que da miedo, hacen al libro muy entretenido.

"Hong Kong Hacker", de Chan Ho-Kei. 16/2021.

El libro me llegó antes de publicarse, pero al verlo me generó recelo, porque de tantas haches y kas juntas no esperaba nada bueno. Pero no está mal, salvo el problema que tengo siempre con los libros orientales, que no soy capaz de aprenderme un nombre y tengo dudas a cada momento de quién es quién. Véase ejemplo: la protagonista se llama Nga-Yee (cuya pronunciación se me escapa), de apellido Au (que al revés de los nuestros, en chino suele ir delante del nombre), y su hermana pequeña, con cuyo suicidio empieza el libro, Siu-Man. Menos mal que el otro personaje principal, el detective/hacker/justiciero, es conocido simplemente como "N".

"Cuando Nga-Yee salió de su apartamento a las ocho de la mañana, no tenía ni idea de que ese día iba a cambiarle la vida.

Después de la pesadilla del año anterior, sentía que les esperaban tiempos mejores solamente con que apretasen los dientes y se mantuviesen firmes. Estaba convencida de que el destino era justo y de que, cuando sucedía algo mano, después, naturalmente, seguía algo bueno. Por desgracia, a los poderes de turno les encantaba gastar bromas crueles".

Así comienza Hong Kong Hacker. Y no está hablando de los tiempos post confinamiento Covid, sino simplemente introduciendo la tragedia en la vida de Nga-Yee, quien, al volver a su apartamento tras su jornada laboral en la biblioteca en la que trabaja, calculando si tendría en el frigorífico comida para dos, se encuentra un grupo de gente arremolinada junto al cadáver estampanado en el suelo de su hermana Sui-Man, que se había arrojado desde la ventana del piso que compartían. 

Nga-Yee, rota por el dolor intenta buscar un culpable. Sabe que su hermana se ha suicidado, pero necesita saber por qué y quién ha podido provocar que la niña tomara esa decisión, sobre todo porque también se siente culpable de no haber percibido las alarmas que la llevaron a tan fatal acontecimiento.

Siu-Man se había visto envuelta en un caso de tocamientos en el metro, que fue objeto de mucha publicidad y que acabó con la condena del hombre que confesó haberle metido mano. La cría no fue quien dió la voz de alarma, sino una señora que viajaba en el mismo vagón, pero Siu-Man debió soportar su exposición pública al juicio y las críticas en Internet que estaban lejos de apoyarla. 

Como Nga-Yee quiere saber más contrata a un detective que realiza las primeras averiguaciones, pero se considera incapaz de llegar más allá, así que recomienda a Nga-Yee que contrate al mejor en esas lides, un tal N, con el que contacta nuestra protagonista.

N parece un friki guarro que pasa la vida delante del ordenador y que cae mal desde el principio, pero resulta ser muy bueno averiguando cosas. En pago de los servicios que le presetará pide a Nga-Yee todo el dinero que tiene y, cuando se acaba, hace que se comprometa a darle lo que le exija.

Con tan leoninas premisas, N comienza a realizar averiguaciones en el Instituto en el que estudiaba Sui-Man y poco a poco vamos conociendo a determinados personajes, chicos y chicas que estudiaban ella, personal del Instituto, la bibliotecaria, ... llegando a conclusiones que llevan a que Nga-Yee piense que alguien es culpable para que luego N le ponga de manifiesto que no lo es. Y así repetidamente, con análisis de mensajes en Internet y por WhatsApp entre alguno de los personajes que nos van llevando a quienes leemos el libro a idénticas conclusiones que la protagonista u otras igualmente erróneas.

En cualquier caso, N va mostrando a Nga-Yee que no busca justicia, sino pura y simple venganza, mostrando entonces el detective su vena justiciera en la que ofrece sus servicios para emplear métodos verdaderamente imaginativos de venganza, hasta que convence a Nga-Yee que están yendo a por quien no tiene nada que ver en lo que le pasó a su hermana, y así sucesivamente, en una serie de episodios en los que N va cambiando de aspecto, de nombre y mostrando una personalidad múltiple que nos muestra un personaje interesante desde el punto de vista narrativo. 

Los giros de la trama resultan adictivos porque sabemos que se inicia la venganza contra alguien contra el que no se tienen muchas pruebas, pero parece que nosotros también queremos ir a por él o ella, contagiados del espíritu de la protagonista, para darnos cuenta luego que los indicios de aparente implicación en los hechos, son solo indicios que no llevan a ninguna conclusión. Y así vamos viendo los peligros de no contrastar noticias, cotilleos, mensajes en Internet, ... el daño que provocaron en la niña a la que afectaron, que ocasionó su suicidio, y los daños que se ocasionan a todos los implicados, tengan o no relación con los hechos.

El mundo de Internet, el acoso cibernético, sobre todo con menores, los riesgos de navegar y colgar datos o fotos sin protección, compartir contenidos, ... son algunos de los temas que subyacen en este Hong Kong Hacker, que se desarrolla en esa ciudad, pero que, quitando los nombres y los puestos de fideos en la calle, podría haberse desarrollado en cualquier lugar del mundo. Con conexión a Internet, claro.

lunes, diciembre 27, 2021

"Sangre turbia", de Robert Galbraith (el otro nombre de J.K. Rowling). 15/2021-

Mira que dije que never more con J.K. Rowling ni su pseudónimo Robert Galbraith. 

Pues no solo vuelvo a caer con la misma piedra sino que además me lo compro en inglés, que para un tocho como éste tiene mérito leérselo en otro idioma, cuando tampoco hay quien lo soporte en castellano.

Porque cuando ya estaba harta de que no me gustara nada el libro, me dio por pensar que era porque no acababa de cogerle el rollito a la trama en inglés, así que lo conseguí en español y me pareció todavía más chorra, porque entendiendo toda la frase no podía atribuirle ningún sentido oculto ni ninguna retorcida explicación que mis todavía dificultades con el idioma de la pérfida Albión pretendían encontrar en esa lengua.

Y es que la Rowling seguirá engrosando sus arcas con los derechos del libro que le pague la BBC para seguir con la serie de Strike y por eso hará sus libros cada vez más largos y con más paja y tramas alternativas de amoríos y enfados de serie americana de segunda, pero en mi modesta opinión se está cargando, si no lo ha hecho ya, a sus personajes estrella. 

Robin ya no es la que era, que parece una niña tonta enamorada de su profesor. Y Strike llorando por los rincones. Y ambos llevando a cabo una investigación de pena que se resuelve cuando faltan pocas páginas para el final con una inesperada solución. Que no digo inesperada porque me sorprendiera, sino porque es de esas que te asaltan de repente sin que nada en el resto del libro pueda llevar a esa conclusión en modo alguno. Que para eso, podría haber tenido  Eso es trampa, casi una estafa. Dejar que el lector, la lectora en este caso se trague mil páginas intentando ver algo de luz en el aburrido devenir de los protagonistas hablando casi del tiempo con el resto de personajes que fueron testigos o protagonistas de un suceso del que, en buena teoría, no deberían acordarse en modo alguno, para después decir que aquello fue así y así y quien tuvo la culpa sin que de la farragosa investigación pueda deducirse nada al respecto. Grrr.

Había leído una crítica del libro que elogiaba el "ritmo sereno" de la obra y la "capacidad envidiable" de la autora "a la hora de gestionar el tiempo narrativo dentro de la construcción de la trama". 

Una vez leída la novela, no se si pensar que la crítica estaba escrita de cachondeo. El ritmo no es que sea sereno, es que resulta soporífero y la gestión del tiempo narrativo penosa, que crees que llevan investigando un par de meses y se descabalgan con que se encuentra próximo el fin del plazo del año para el que les habían contratado y sin que las pesquisas llevadas a cabo ni en este caso ni en ninguno de los otros que llevan justifique un lapso de tiempo tal.

Y la trama tampoco es que sea adictiva. Una médica, Margot Bamboroug, desaparece allá por los setentas del siglo pasado en el camino desde el centro médico en el que trabaja a pub donde había quedado con una amiga. A los taitantos años, su hija y su esposa contratan a Cormoran y Robin para que investiguen qué paso y saber si abandonó a su familia o fue realmente víctima del asesino en serie que se paseaba entonces por la zona y que cumple condena en prisión, quien, dicho sea de paso nunca enumeró entre sus víctimas a la médica. 

Los detectives, poco convencidos de las posibilidades del caso, aceptan el encargo por una respetable cantidad de dinero y con un plazo máximo de un año para obtener algún resultado, y, a partir de ahí, la práctica totalidad del libro la pasamos soportando entrevistas y conversaciones aburridas con quienes fueron testigos o tuvieron alguna relación con los hechos y/o la víctima, sorprendiendo que, pese al tiempo transcurrido, no sólo es que recuerden qué pasó sino que además son capaces de dar detalles y pelos y señales de lo que estaban haciendo entonces, cosa cuanto menos dudosa. El marido de la víctima, la nani de su hija (que luego contrae nupcias con el marido), las personas que trabajaban en el consultorio, la amiga de la médica, vecinos,... son entrevistados por Cormoran y Robin sin que de tan tediosas sesiones parezca salir nada en claro.

Mientras tanto Cormoran pasa temporadas con la tía que le cuidó de pequeño, enferma de cáncer, y Robin arrastra una mediación para su divorcio que le impone el plasta con el que estuvo casado, que pese a tener ya otros amoríos parece seguir teniendo intención de seguir fastidiando a Robin pretendiendo ser la parte ofendida. Y la agencia en manos de empleados manteniendo casos que debieran ser breves pero que duran tanto como el principal. Un año de entrevistas ya supone un exceso para el caso de Margot Bamboroug, pero para cuernos o engaños de empresa resulta mucho menos creíble.

Más de mil páginas para este bodrio con solución de urgencia me han desanimado del todo para seguir con Robert Galbraith. Lo dicho, Sra Rowling, que si quiere usted matar a Cormoran hágalo ya, que de aburrimiento casi acaba conmigo.

domingo, septiembre 19, 2021

"El club de la élite", de Esteban Navarro. 14/2021.

Mejor tomarse esta novela como un divertimento del autor al coger el relevo de la saga de la detective Sonia Ruiz que van haciendo avanzar diferentes escritores. Mejor tomársela en broma porque si no, no es que sea mala, es que es malísima.
Sonia ya tiene agencia de detectives abierta al público en la calle Carretas, pero sigue viviendo con su amigo Pau, del CNI, en tanto pueda mudarse a otro piso. Un amigo común, Luismi, ex-policía local expulsado del cuerpo que se dedicaba también a labores detectivescas freelance y sin dar de alta, aparece muerto cuando estaba envuelto en una investigación referida a un grupo de personas con cargos relevantes (un juez, un fiscal, un alcalde, el presidente de una Diputación, un comisario de policía y un alto cargo de la guardia civil, que no pongo los cargos en masculino por lo del masculino genérico sino porque todos son hombres). 
Resulta que aparentemente se reúnen como inocentes integrantes de un club de lectura, pero el autor del primer libro que acaban de leer aparece muerto, supuestamente de manera accidental. Pero como su viuda no acababa de creerse lo del accidente del tráfico de su marido, había contratado a Luismi, quien aparece muerto en Torrejón de Ardoz, calcinado en su coche.
Sonia, que había tenido un rollo intermitente con Luismi, y Pau, que los presentó, comienzan a investigar por su cuenta, ya que la Policía no parece tener mucho interés en el caso y no sospecha que las muertes no sean otra cosa que accidentes, y una coincidencia el hecho de que ambos difuntos tuvieran algún tipo de relación con el club de lectura del chalet donde se organzan las reuniones, el del alcalde de Mataseña, localidad inventada que en la novela se ubica entre Pinto y Valdemoro.
Sonia, detective sin encargo profesional de nadie, y Pau, tirando de su carnet del CNI, como si el Centro Nacional de Inteligencia fuera el FBI y tuviera competencias de la investigación, comienzan a hurgar en las vidas de las personas que forman el club de lectura, contactando con la viuda del primer autor del libro (que era tan malo que alguno de los miembros del club había dejado caer que era "para matarlo), con la mujer del alcalde, ligerita de cascos, ella, y, como el alcalde no tiene mayordomo, pues con su ama de llaves.
Entre tanto vamos escuchando al juez hablando con el fiscal, al militar con el guardia y entre todos, dejando ver desde el principio que muy pinta de asesinos no tienen, aunque alguno tenga muchísimo morro para usar y abusar de los coches oficiales. Pero, como cualquier novela negra que se precie, por muy chapucera que sea, (y ésta lo es mucho), suele trampear al lector para hacerle pensar una cosa que luego no es, no dejamos de mirar de reojo a los miembros del club de lectura, si bien desde muy pronto las sospechas, (las mías, que no las de Sonia y Pau, que van despacio... no, lo siguiente), nos van llevando en otra dirección.
En fin, que una vez que se es consciente de que no puede tratarse de una novela seria (si lo es, que me perdone el autor, pero no me lo ha parecido) se disfruta de ella, sobre todo cuanto entra en acción el ama de llaves, lo mejor del libro.

jueves, septiembre 09, 2021

"Tirar del hilo", de Andrea Camilleri. 13/2021.

He leído muchísimos libros de autores ya muertos, así que no sé por qué saber que Camilleri ya no está entre los vivos y sobre todo saber que, por razones obvias, no va a escribir más, me pone tan triste y me causa casi enfado. Me pasó lo mismo cuando murió Delibes, que casi me parecía una traición, como si el pobre hubiera querido morirse. En fin, cosas mías. Menos mal que Camilleri dejó cosillas sin publicar y podremos seguir tirando de archivo.

Hablando de "tirar", el último libro que me he leído de mi añorado Camilleri lleva por título "tirar del hilo" y de costuras, o de costurera, va la cosa. Y su protagonista, cómo no, el comisario Montalbano.

La novela comienza con una de las visitas de la novia del comisario, Livia, esa relación a distancia con visitas con derecho a roce que mantienen desde hace años. Ella vive en Génova y él en Sicilia y se ven de pascuas a ramos, hablan todos los días y discuten casi con la misma frecuencia, pero la cosa sigue viva, imagino que por exigencias del guion para dejar libre al comisario en su mundo sin que parezca que no es capaz de tener algo serio con alguna mujer.

En el marco de las masivas llegadas de inmigrantes a la costa de Sicilia, los policías al servicio de la comisaría de Montalbano están dedicados en su práctica totalidad y casi durante todas horas del día y de la noche a asistir en los desembarcos, sin dormir y sin relevos. En las traducciones les ayuda altruistamente un antiguo músico que en su día llegó también en patera.

Livia, que se encuentra en Vigata (la localidad de nombre inventado donde vive su novio), pretende que Salvo la acompañe a las bodas de plata de unos amigos y quiere que le confeccionen un traje a medida, cosa que al comisario no hace ninguna gracia. Y menos cuando le dice que ya tiene pedida cita y que será una modista y no un sastre quien le tome medidas y le cosa el traje.

Cuando por fin Montalbano se da por vencido y acude a la modista, la misma le deja totalmente abducido debido a su simpatía y personalidad, pero, mira por dónde, tras la primera prueba de la chaqueta del traje, Elena, que así se llama la modista, aparece brutalmente apuñalada en su establecimiento prácticamente cosida a pinchazos provocados con unas tijeras, salvo en los pechos.

Salvo se toma la investigación como cosa propia y trata de compaginar la coordinación de la oleada migratoria con el caso del asesinato de su modista, investigando la vida personal de Elena ya que la violencia de la agresión lleva a pensar que quien cometiera el delito tenía algo personal contra la modista.

Con la ayuda de una de las empleadas de la sastrería, que también colabora en las traducciones del árabe de los inmigrantes, investiga al que parece ser su última relación, que para el mujeriego subcomisario Mimi Augello es el candidato ideal porque le había birlado una conquista. Descartan al intérprete de árabe que también había tenido una relación con la víctima y van de sospecha en sospecha, remontándose en el pasado de la modista quien pese a su simpatía realmente era una persona bastante más opaca y reservada y parece guardar algún secreto que, por supuesto el comisario acaba descubriendo en el desenlace casi demasiado rápido del final.

El libro, como casi todos los de Camilleri, es muy ameno. Y como ya es de los que dictó porque se había quedado ciego es rápido en la redacción, preciso en el lenguaje, pero sin adornos, como escrito de una tirada, lo que lo hace casi mejor. Es muy entretenido y, como siempre, resulta también muy interesante, y abre el apetito, el recorrido gastronómico de Montalbano por la trattoria de su amigo Enzo, que hacen necesario su paseo hasta la roca de la playa para bajar calorías, y las comidas que le deja su cocinera en el horno para su deleite cuando vuelva a casa.

Además de la trama policiaca la novela es muy interesante como crítica social a la que nunca fue ajeno Camilleri, en este caso sobre la crisis migratoria, las mafias, las bajezas y grandezas de la gente anónima... Digno de ser leído.

lunes, agosto 30, 2021

"Pensadores ¡al rincón!. El eclipse de la filosofía", de Pablo Redondo. 12/2021.

Este "Pensadores ¡al rincón!" me lo ha enviado Masa Crítica en otra de sus promociones a cambio de una reseña, la cual por cierto la publico fuera de plazo (muy fuera de plazo, lo siento) y eso que me lo leí enseguida porque la introducción me gustó mucho y me animó a comenzar, seguir y acabar su lectura. Pero... se han interpuesto las vacaciones; y, entre unas cosas y otras, pues no había publicado nada sobre lo que me pareció el libro.
La introducción cuenta una anécdota de una frase en una red social en la que queriendo criticar la obligatoriedad de la asignatura de Filosofía, una falta de ortografía hace que parece que diga exactamente lo contrario. 
El autor de la queja queriendo escribir "por qué" escribió "porque" cambiando todo el significado de su frase (para quien se diera cuenta de la falta, claro). Escribió: "Pienso porque la filosofía es obligatoria", con lo que en lugar de preguntarse por qué es obligatoria la asignatura de filosofía pasó a considerar el hecho de pensar como una consecuencia del estudio de la filosofía.
Partiendo de esa frase, el autor del libro, Pablo Redondo, profesor precisamente de la asignatura cuestionada, analiza el porqué de la mala prensa de su asignatura entre muchos estudiantes, preguntándose si, como el teatro, la filosofía está siempre en crisis o si se trata de una crisis definitiva que podría suponer su desaparición, su "eclipse", como dice el subtítulo de la obra. Es decir, si se trata de un enfermo con una mala salud de hierro, o sufre una enfermedad terminal.
Pablo Redondo, que focaliza la filosofía desde el punto de vista de la educación, comienza el libro analizando lo que grandes filósofos han dicho a lo largo de la historia sobre la enseñanza de la filosofía o el camino pedagógico y vital que debe seguir una persona para llegar a serlo y sobre todo el libro repite el mismo mantra: que se lee muy poco con la necesaria profundidad que exige el aprendizaje y la meditación filosófica y que el ruido y la velocidad de las redes sociales, con bombardeos constantes de publicidad y noticias, sin permitir apenas pararse en la lectura de casi nada, impide la lectura sosegada y silenciosa que se requiere.
Recorriendo lo dicho por unos pocos filósofos desde Sócrates y Platón a Emilio Lledó, pasando por Abelardo, en el Medievo, Montaigne, Descartes, Hume, Kant, Hegel, Gadamer y Hannah Arendt, comenta lo que estos filósofos (y una filósofa) dijeron o pensaron al respecto, la mayoría de ellos quedándose en la mera teoría, que no parece haber tenido mucho éxito en la práctica, cuando la continuidad de la filosofía en los programas se sigue poniendo en entredicho.
Tras ese recorrido por la Historia el autor comienza a analizar por qué la enseñanza y práctica de la filosofía va perdiendo adeptos. Pablo Redondo parece creer, creo que ingenuamente, que a más personas alfabetizadas debería leerse más y mejor y debería haber más aprecio por el saber filosófico y el pensamiento filosófico en general, cosa que evidentemente no es así, lo que sorprende y frustra al autor. 
Sigue razonando sobre la necesidad de silencio y lectura reposada, sobre el estudio de los clásicos y la necesidad de aprender procesos que generen la posibilidad de teorizar o razonar filosóficamente. Critica las redes sociales y, si bien, en gran medida puede tener razón, sobre todo por la adicción a los móviles y la lectura estilo "picaflor", sin profundizar mucho, yo creo que depende, como siempre, de quién use Internet, cómo se haga y de qué forma se pueda utilizar. La red de redes puede suponer un peligro, pero abre un infinito mundo de posibilidades y permite el acceso a muchísimos libros, estudios y artículos que de otra forma resultarían de uso limitado a los estudiosos de la materia. Y el "picar flores" puede no ser tan malo si al final se consigue un buen "ramo de conocimientos". Y siempre queda la posibilidad de ir guardando publicaciones para leerlas luego despacito y con notas. E incluso con buena música, que tampoco es cuestión de leer siempre en sepulcral silencio. Tampoco con heavy metal de fondo, una cosa media, que no en vano "virtus est medium vitiorum utrimque reductum".
Creo que la supuesta amenaza a la filosofía no viene de Internet, del ruido y de la pérdida de la capacidad de realizar lecturas y estudios reposados. Tal vez quienes tanto se quejan de la pretendida desaparición de la asignatura, deberían darse cuenta de que la perpetuación de métodos que nunca han tenido, confesémoslo, un resultado extraordinario, seguirá llevando a los mismos malos resultados.
Resulta evidente que nunca ha habido un filósofo detrás de cada esquina (al menos uno serio, claro) y la imposición de una asignatura que sigue enumerando filósofos y sus teorías de una forma que casi nunca ha entendido la generalidad del alumnado, y explicando prácticamente lo mismo, no hace nada para pensar que siguiendo por ese camino se van a conseguir resultados distintos.
No se cómo se estudia la filosofía en la Facultad de Filosofía y mis estudios en Derecho se limitan al Iusnaturalismo de primero (donde por cierto saqué matrícula) y a la Filosofía del Derecho de quinto, pero lo que no me cabe la menor duda es que de la mayoría de las personas que estudió conmigo la asignatura en el instituto se quedó in albis en las clases de la materia, incluso aprobándola. Y en mis años de instituto no teníamos teléfonos móviles, tablets, Internet ni redes sociales que nos distrajeran de una lectura sosegada y profunda.
Es cierto que los bandazos educativos y las batallas políticas en educación están causando mucho daño, que muchos jóvenes no entienden lo que leen y que se distraen con lo digital, claro está, más que se pudo distraer Abelardo en su época con cualquier otra cosa, pero ello no debe suponer que no haya futuro para la filosofía porque los jóvenes no van a dejar de pensar y preguntarse, como llevan haciendo desde hace siglos, sobre todo si tienen buenos maestros que les generen esa inquietud, pero seguirá sin haber un filósofo en cada esquina. Y si la enseñanza no permite ese desarrollo intelectual del alumnado que serán las mujeres y los hombres del futuro, no solo no habrá filosofía, sino que no habrá nada. Estarán destinados a ser borregos, a seguir consignas sin cuestionarlas, a comportarse como una masa de pensamiento único y no como individuos pensantes y con criterio propio. 
La filosofía sigue siendo necesaria, como se razona en el libro que reseño, pero tal vez debería cambiar sus métodos en la enseñanza adecuando los mismos a los tiempos en que vivimos, usando en su beneficio Internet, las redes y cualquier método de comunicación que pueda captar adeptos para un mundo de individuos responsables que vivan en una comunidad donde se piense, se tomen decisiones informadas y se respeten las opiniones ajenas. Si no, vamos de pena.

martes, agosto 17, 2021

"Esclavos del deseo", de Donna Leon. El 11/2021.

Sigo sin poder evitar leer cada novela de Brunetti que publica Donna Leon y eso que con los últimos dije que le iba a hacer la cruz, porque ya no son lo que eran y llegan incluso a aburrirme porque ya ni siquiera Venecia aparece como aliciente. Este "Esclavos del deseo" no me ha gustado, por lo que no voy a perder mucho tiempo.

Como siempre, Donna Leon toma la idea de las novelas de su popular detective veneciano de la realidad, alguna noticia, algún suceso sobre un asunto candente puede aparecer en la trama de sus obras. En este caso hay varios temas: tráfico de mujeres, identidad sexual, negocios turbios...

Un trabajador de un hospital que sale a fumar encuentra en las inmediaciones a dos chicas americanas en muy mal estado. No se sabe si han sido objeto de una agresión o de un accidente pero, al revisar la policía la cámara de vigilancia que cubría la zona, queda claro que dos jóvenes las han llevado allí dejándolas en la pasarela junto a la puerta del hospital y marchándose.

La policía localiza a los dos chicos, que son muy amigos, pese a proceder de muy diferente extracción social: uno es un trabajador a las órdenes de un tío bastante déspota y el otro está dando sus primeros pasos como abogado en el despacho de su padre.

Brunetti y Griffoni, su compañera napolitana, visitan a las chicas en el hospital y comienzan la investigación, con el apoyo de la Capitanía del Puerto dándose de bruces con la sordidez del tráfico de mujeres, no por las chicas, que a la larga han sido víctimas de un mero accidente de barca.

Los chicos no parecen muy colaboradores, pero según avanza la investigación Brunetti va ganándose al abogadito y averiguando cosas del tío de su amigo, así como la relación entre los chicos y los problemas que ambos sufren. 

Griffoni a su vez consigue que el jefe de la Capitanía, paisano suyo, les ayude y facilite los medios para resolver el caso y, tras muchas hojas aburridísimas, coger a los culpables. 

El tema podría haber dado de más o por lo menos la trama más entretenida. En descargo de Donna Leon debo decir que me lo leí durante mi viaje a Asturias y el disfrute de la zona de Cabrales me quitaba las ganas de avanzar con el libro. Igual por eso me gustó tan poco. La novela digo, que a Cabrales me iría otra vez con los ojos cerrados.

lunes, agosto 16, 2021

"Hidalgo Abogados y el caso de los molinos eólicos", de Laura Nieves Muñoz Rubio.

Esta reseña lleva la negra. Me costó ponerme con ella, porque al fin y al cabo el libro es de una compañera abogada, a la que no conozco, pero esta medio tocaya y yo compartimos batalla y es su primera novela. La dejé en borrador para darle un repaso y la acabo de borrar sin querer, así que seré breve porque la obra no acabó de convencerme.

El libro es un guiño total al Quijote, en "versión abogao". 

El subtítulo ya da pistas con lo de los molinos, los dos personajes de la portada viajando en sidecar recuerdan a la genial pareja de la obra de Cervantes y el abogado protagonista, que ejerce en una localidad manchega (cuyo nombre no aparece), se llama Alonso y, aunque no es hidalgo, Hidalgo se apellida. Frugal y chapadísimo a la antigua (a la muy antigua), pertenece a la segunda generación de abogados del despacho, situado en la calle Medrano, que fundó su padre (quien, por cierto, se llamaba Miguel), tiene un galgo al que llama Corredor y una super biblioteca en la que pasa las horas del día, y le dan las tantas de la noche, sin acordarse que tiene una esposa en casa a la que encuentra ya dormida cuando llega de trabajar.

El caso es que un día, cuando Alonso está a punto de salir del despacho, recibe la llamada de un cliente nuevo al que han despedido de la empresa en la que trabajaba, "Aspas Renovables, S.A", cuya actividad consiste en la fabricación de aspas para molinos eólicos, en la que se encargaba del control de calidad. El cliente, al que primero habían cambiado de puesto de trabajo para después esgrimir como causa del despido su inadaptación a sus nuevas competencias, considera que ha sido injustamente despedido y que en la empresa hay gato encerrado pensando que le han echado por interesarse por el cambio de ubicación del depósito de las aspas defectuosas.

El abogado comienza ciñéndose a su competencia profesional y piensa (y así se lo dice al cliente) que es un caso claro de despido improcedente y que conseguirá que así lo considere el Juzgado. Aunque no considera relevantes las sospechas del cliente le anima a que lleve como testigo a algún compañero para fundamentar la improcedencia del despido. 

El día del juicio, cuando ya piensan que ni la empresa ni su propio testigo van a comparecer, aparece por los pasillos del juzgado uno de esos abogados de traje a medida, relamidos y pagados de si mismos, que se dignan a veces en bajar a provincias despreciando a los letrados de pueblo (sobre todo si somos de oficio) porque ellos "vienen de Madrid". Parece tener muy claro que les va a dar sopas con onda y que no tienen nada que hacer y, sorprendentemente, la empresa gana el juicio.

En el ínterin, la mujer de nuestro Alonso, aburrida de tener marido ausente, le abandona, lo que hunde al protagonista en una depresión que se agrava al conocer la sentencia desestimatoria de su demanda y, sobre todo, cuando en el homenaje que le rinde su Colegio de Abogados, ve entrar a su mujer del brazo del letrado que representó a la empresa eólica en el juicio.

Saber que su esposa le ha dejado precisamente por el abogado al que más desprecia le lleva a meterse de lleno donde no lo llaman, intentando averiguar qué se cuece en la eólica, luchando, cual Quijote contra molinos de viento, contra algo que le viene grande. Anima al cliente a interponer recurso de suplicación, que con lo que tarda la trama en resolverse le habría caducado varias veces, y ayudado (o eso cree) por un pasante que casi le persigue para que le deje aprender en el despacho, y por una compañera que lleva enamorada de él desde la carrera, comienza a realizar viajes a la planta intentado averiguar qué pasa con la idea de ayudar al cliente y perjudicar de paso al abogado de la empresa, que parece ser un poquito hijo de su madre, tanto a nivel profesional, como abogado de empresa y como abogado a secas, como a nivel personal.

La historia es bastante poco creíble y el desarrollo un poquito farragoso, aunque no le faltan algunas notas de humor y resulta entretenida la mayor parte del tiempo. Espero que la compañera siga escribiendo y pueda leer más novelas suyas.

sábado, junio 05, 2021

"Una jaula de oro", de Camilla Läckberg. El noveno de este año.

Como el de Eduardo Mendoza no me entretuvo en absoluto me tiré al río de los bestsellers por aquello de que algo tendrá el agua cuando la bendicen. No es que sea muy de Camilla Läckberg, pero vende libros como churros, así que, como con éste inaugura nuevo personaje y parece que nueva serie, pues digo... vamos a ver si me entrengo.

Y entretenido es. Tiene lo que se supone que debe tener un bestseller: gente de éxito, ropa de marca y perfumes caros, sexo... y una trama bastante poco creíble y con bastantes fallos, cuyo final se ve venir. Pero lo que no me esperaba es una magistral plasmación del maltrato psicológico en su primera parte, dejando claro que no es cosa solo de las parejas menos pudientes ya que en las jaulas de oro de los casoplones de los ricos también cuecen habas.

Y el caso es que parece que el libro lo hayan escrito dos personas distintas, una la que cuenta la vida de la protagonista sojuzgada y anulada por su marido, y otra, la verdadera trama de la novela, que no es otra que una venganza a lo bestia y en su propio terreno contra el que fue su esposo con vueltas al pasado de lo que fue la vida de la prota con su propio padre, también maltratador, aunque ese era poco psicológico y más físico.

Salvo que en Suecia una sea capaz de volverse rica con cualquier proyecto de negocio en un pis pas, no me resulta creíble la trama y lo del pincho del ordenador hace aguas. El marido, además, debe ser un poco corto para no sospechar; pero bueno, no esperaba mucho más de la novela; para pasar el rato y poco más. 

jueves, junio 03, 2021

"Transbordo en Moscú", de Eduardo Mendoza. El 8/2021.

Terriblemente decepcionante. Una pena, con lo que me gustaba Eduardo Mendoza.

El del negociado del yin y el yang ya me pareció una tomadura de pelo, así que imagino que me debería haber abstenido de comprar éste, que me ha parecido todavía peor.

Sin ritmo, sin pasar casi nada, sin una mínima dosis de humor, aburrido a más no poder.

Este Rufo Batalla me cae además fatal. Un bribonazo sin oficio ni beneficio que dio un buen braguetazo y sigue viviendo sin pudor de las rentas de su suegro. Y en esta obra ni siquiera tiene una aventura digna de mención. Monotonía en una vida cómoda sin obligaciones.

No os creáis la sinopsis de la portada. Pincelazos de la historia de Europa en los años en los que se centra, pero sin mucha profundidad, que al fin y al cabo son unos fines de semana de asueto o de compras por ciudades en las que se vivían momentos importantes, pero que total para contarlos se podía haber quedado en su casa y verlos por la tele. 

No me ha gustado nada, así que no voy a escribir mucho más. Ya he perdido bastante tiempo leyéndolo como para perderlo en su reseña. No se si el Sr. Mendoza seguirá escribiendo sobre este personaje, pero conmigo que no cuente más.

martes, junio 01, 2021

"Historia del cine", de Mark Cousins. Un maravilloso regalo de Babelio para mi séptima lectura de este 2021

Me ha costado mucho preparar la reseña de este libro, acostumbrada como estoy a las reseñas de obras de ficción. Me encanta participar en los sorteos que cada cierto tiempo lleva a cabo Masa Crítica de Babelio y ya he sido seleccionada varias veces. Recibes un libro y te comprometes a publicar una reseña en 30 días, lo cual supone que es el tiempo que tienes para leerlo. Siempre he cumplido los plazos, pero éste es demasiado extenso y denso como para acabarlo en ese plazo. No es una obra para leerla como un relato, aunque siga la secuencia histórica de los hechos y la cronología de los sucesos.

No se qué esperaba encontrar en un libro que se titula “Historia del cine” pero desde luego no esperaba que me regalaran efectivamente un compendio riguroso y amplio de la trayectoria del séptimo arte a lo largo de su historia. Corta historia en tiempo pero que lo ha convertido en algo tan cotidiano que no sabríamos vivir sin él.

Físicamente la obra está muy bien encuadernada, con tapa dura y una portada azul recorrida por dibujos negros de fotogramas y las letras del título, la editorial (Blume), el autor (Mark Cousins) y una reseña elogiosa de Telegraph. El papel es grueso y peligroso, de los de cortarse las venas con él. La tinta brilla en exceso, para mi gusto, y tiene una letra demasiado pequeña para mi presbicia. Claro que si fuera más grande sobrepasaría las 551 páginas de la edición de la que estoy disfrutando.

Las fotografías son lo mejor del libro. Pertenecen a películas que, desde el blanco y negro del principio, llegan casi hasta nuestro siglo XXI, ya que, aunque la obra original (‘The Story of Film’) es de 2005, se ha venido actualizando a lo largo de los años hasta la versión que he tenido en mis manos. Cuenta también con un índice muy completo que hace posible la búsqueda de algún director, película o dato concreto, sin volverse tarumba pasando páginas.

Lo confieso, no he sido capaz de terminar, pero además es que no he querido porque creo que la lectura de esta obra se disfruta mejor de a poquito. Buscar una época, un director, una actriz… leer sin prisa. Así gusta y se puede degustar con placer. Leer sin parar cansa y a veces el autor escribe de forma algo ampulosa, como muy British y es mejor dejarlo unos días.

La obra se estructura en tres partes: cine mudo, cine sonoro y la era digital, pero no se trata de una mera enumeración y reseña de obras ni tampoco abarca toda la filmografía ni estilos, aunque es una obra muy completa. Divide las tres partes en diferentes apartados agrupados por periodos, pero con un enfoque muy personal del autor. Como el mismo autor dice en su introducción “cuenta el relato del arte de hacer cine”, centrándose más “en el medio en sí que en la industria”.

Así, por ejemplo, con el cine mudo, se centra en sensaciones, emociones y visiones personales; en el sonoro, de géneros, formas de filmar, corrientes artísticas, transformación de la técnica, el star system, tipos de cine, tendencias, el cine en diferentes países…; y en la era digital, de las nuevas posibilidades del arte cinematográfico y ya del cine en streaming.

Cita, reseña y analiza una ingente cantidad de películas, muchas de ellas desconocidas para mí, sobre todo las más antiguas y hace que pique la curiosidad de verlas o por lo menos, si no se pueden conseguir, que investiguemos y averigüemos más sobre ellas e incluso intentemos buscar alguna escena a partir de los fotogramas que se comparten en el libro, sobre todo porque he encontrado en Internet los episodios del documental del autor sobre su obra y que llevan por título “La historia del cine: Una odisea, por Mark Cousins”, donde sí podemos ver escenas en movimiento.

En resumen, un gran libro que seguiré desgranando poco a poco y del que espero seguir disfrutando a la par el documental y algunas de las películas de la historia del cine.

Un gran regalo. Muchas gracias Babelio.