domingo, febrero 19, 2017

Cuarto libro 2017: "Diario de diez lunas", de Carmen Garijo.

Es el primer libro que he recibido de Edición Anticipada de Penguin Random House. Salía el 9 de febrero y acabé de leerlo dos días antes con la intención de colgar la reseña el mismo día de la publicación oficial pero pensé en todos los que tenía pendientes de reseña y le guardé el turno porque encima no me gustó mucho. 
Pero que lo de Edición Anticipada está genial: te ofertan un libro, en este caso digital, y si te gusta o crees que te va a gustar lo pides y si llegas a tiempo te lo mandan y puedes leerlo. Aunque tiene dos problemas: que necesitas estar conectada a Internet y que las páginas no vienen numeradas y cuando retomas la lectura vuelve a abrir por el principio con lo que puedes perder por dónde vas. En éste que está organizado en tantos capítulos como lunas tiene el título acabé apuntando por qué luna iba para evitar releer páginas hasta acertar con el hilo, pero por lo demás, libro gratis y si te no te gusta mucho, como es el caso, pues no te ocupa espacio en ningún sitio y a otra cosa mariposa.
Al principio me comenzó interesando: Elena de la Lastra, una ejecutiva de alto standing, se queda embarazada y ni al marido parece hacerle mucha gracia la cosa así que a la empresa res de res. Poco después del predictor, comenta el embarazo con uno de sus jefes más que nada para romper con él porque han tenido un apañete y en lo personal no se toma muy mal la ruptura pero en lo profesional comienzan a ningunearla en la empresa encargándole las cuentas menos importantes. Pero es que cuando todavía no les ha dado tiempo a pensar en despedirla ni el aparente mobbing para que se aburra y se vaya voluntariamente haya avanzado mucho le pide a su cuñado, que es abogado, que se prepare para meterle un puro a la empresa y el cuñado, en lugar de mirar jurisprudencia al respecto, como dice que la prueba va a ser complicada, contrata los servicios de unos superdetectives que ni siquiera se identifican en persona y se relacionan por email poniéndole un guardaespaldas tipo Mortadelo (por los disfraces que usa) cuando la cosa se va poniendo fea, que se va poniendo porque la super-inteligente-ejecutiva vivía in albis de los tejemanejes económicos de sus superiores, de los líos sexuales a los que se dedicaban y de las posibles implicaciones familiares de la trama de blanqueo y muchas cosas más que se cuecen en la novela. Y es que menos el supuesto mobbing investigan cualquier cosa.
La publicitan como "domestic noir", es decir que no hay policía investigando sino que la prota, el cuñado y sus superdetectives de correo electrónico intentan averiguar qué pasa, pero no se yo que responda al subgénero porque lo de las diez lunas viene del embarazo y nos tragamos además todas las consultas de Elena a su ginecóloga, todos los libros que lee sobre la evolución del fecho y las pataditas de la nena, que no se cómo nace que no he visto tripa a la que le hagan más ecografías ni la sometan a más estrés. Y los viajecitos de la familia, tanto madre y hermanas, como todos al completo, que funcionan fenomenal de pelas.
Vemos a la protagonista en su faceta laboral, aprovechándose de su embarazo (que me cae fatal esa costumbrita suya de utilizar su preñez para amenazar a la empresa), en su casa (cocina casi como en Master Chef), con la médica (hasta aburrirnos), de viaje, de cenita con las amigas... y le da tiempo a desentrañar una trama de blanqueo, negocios sucios, sexo extremo, homicidios, inversiones y corruptelas chinas... y un día odia todo y lo va a sacar a la luz y otro día está enamoradísima de su marido y tentada de beneficiarse de los negocios sucios que parecen pulular por el Madrid de aquellos años. Me acaba cayendo fatal. 
Y los detectives que siempre dicen también que van a poner los hechos en conocimiento de la policía pero que si quieres arroz catalina, que se van comiendo una herencia que la prota tiene de su padre suizo y que parece inagotable y aquí nadie parece denunciar a nadie donde debe, aunque dejar caer la cosa para que algún amigo periodista se luzca, pues ya si eso sí.
La acción avanza loca a ratos, haciéndonos sospechar de cada personaje hasta de los que menos nos esperamos, y otros parece que no pasa mucho- pero ojo lo que da de si el embarazo de marras y encima sin preparación al parto ni nada, que para ser primeriza hace lo que le da la gana.
Y todo esto en 1995 con móviles prepago y comunicaciones casi como si fuera ahora mismo (y que yo recuerde hasta el 94 sólo campaba telefónica por el mundo de los móviles y nos tenía bastante controlados) y algún que otro desliz como decir que se va a llamar al 112 que por entonces creo que no existía.
Lo que sí describe muy bien la autora es la moda de esos años y los locales y restaurantes que estaban en el candelero en la época y las corruptelas que supusieron los polvos que han ocasionado muchos de los lodos judiciales que hacen pasarela de telediario en nuestros días.
Bueno, que no aburre pero deja mucho que desear y ni las hormonas del embarazo justifican los vaivenes de forma de pensar y actuar de la protagonista que critica mucho y busca venganza cuando quien la hace no es ella o alguien cercano, pero justifica y disfruta cuando le afecta. Como la vida misma pero para no amar a la señora Elena de la Lastra.

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