jueves, agosto 02, 2018

Vigésimo octavo libro 2018: "Papa se ha ido de caza", de Penelope Mortimer.

Últimamente no está el personal por los comentarios, así que ver un día uno en una entrada del blog supuso una sorpresa, mayor si cabe por su contenido: "Hola, nos ha gustado tu blog y te invitamos a participar en Masa Crítica de Babelio, programa con el que podrás recibir un libro gratis a cambio de una crítica desde el 18/04" y una dirección de correo.
Al principio pensé que era uno de esos mensajes automáticos que lo único que pretenden es su propia difusión pero, al comprobar que quien mandaba el mensaje trabajaba en Babelio como editora, me lancé en picado.
Seguí todos los pasos para registrarme y al elegir libros me encontré con que la campaña parecía estar cerrada así que me decepcioné bastante ya que casi pensaba que tenía el libro en la mano y... no. Por eso me llenó de alegría recibir poco tiempo después un email en el que me informaban sobre la posibilidad de volver a aprovechar la invitación al encontrarse nuevamente abierto el programa. Seguí los pasos y esta vez elegí un único libro del que había oído hablar y tenía entre los pendientes y que es el que reseño hoy, con lo que ya os descubro que por fin pillé libro: "Papá se ha ido de casa" de Penelope Mortimer, que tenía yo interés en los Mortimer.
Los libros de la Editorial Impedimenta me suelen gustar mucho pero además éste es especialmente bonito tanto en la portada como en el tamaño y el color de las páginas. La ilustración de la solapa es preciosa y al quitarle la camisa, la cubierta, tanto portada como contraportada, reproduce la misma ilustración pero en grande.
Con el libro además recibí un pequeño marcapáginas, una postalita con la portada de la obra y una tarjeta manuscrita de la responsable de comunicación de la Editorial Impedimenta que se dirigía a mí como "Querida Maria Nieves, Espero que disfrutes con la lectura de esta novela. Penelope Mortimer es inigualable. Saludos. Raquel".
Y la verdad es que la obra no me ha decepcionado. Es muy buena y toca temas que pueden reconocerse como propios por muchas mujeres, haciéndolo desde un punto de vista personal de la protagonista, bajo la que subyace en muchos aspectos la propia autora, cuya biografía también es digna de repasar. No en vano en la faja del libro se refieren a la obra como "un clásico del feminismo inglés" y Edna O'Brien (la de la trilogía de las chicas del campo, que sigo teniendo pendiente) defiende que "todas y cada una de las mujeres que conozco deberían leer a Mortimer al menos una vez en la vida".
Y entrando en la obra en sí, la historia recoge un tiempo no muy largo pero sí significativo en la vida de Ruth Whiting, desde que acabado el verano deja a sus hijos varones regresando al internado en el que estudian y regresa a casa tras realizar compras para tener algo que hacer a la vuelta y donde supuestamente la espera su hija mayor, hasta poco después de las Navidades.
Queda claro desde el principio que Ruth no está a gusto con su vida, que no la ha elegido y que no es solo que esté insatisfecha, es que está en plena crisis cayendo en plena depresión pese a que la palabra no llegue a aparecer en el libro. Habla consigo misma, bebe a solas, no ve salida a su desesperación, se siente oprimida y sin aliento, sabe que no tiene elección y, sin embargo, nos hace una disección del ambiente en el que se encuentra apresada y de las diferencias entre la vida de los hombres y las mujeres en ella que resulta verdaderamente brillante.
Su marido, Rex (bien elegido nombre), la ve rara y, ayudado por las ideas médicas de la época, busca solución a la "crisis nerviosa" de su esposa contratando a una especie de cuidadora rottweiler parecida a la señora Rottenmeier de Heidi y planificándole un viaje al extranjero. Deja el funcionamiento de la casa a su mujer a la vez que la culpa de cualquier cosa que a ellos se refiera pero aleja a sus hijos varones de ella, contra su deseo de tenerlos cerca, supuestamente para evitar su afeminamiento.
Y lo que a ella le pasa es que con dieciocho años se vio obligada a casarse con un hombre por el que no siente nada, que la minusvalora y desprecia, un estúpido integral que dice "qué puñetas" cuando se enfada y vive toda la semana en Londres donde trabaja, controlando telefónicamente la vida de Ruth y decidiendo por ella y contra su opinión en las cosas importantes, a la vez que le pone los cuernos. Y a Ruth le pasa que no sabe que hacer sola en casa con una hija que también la menosprecia, que adulta para unas cosas no deja de ser una adolescente que se aburre soberanamente en el Common y no mira más allá de su ombligo, que piensa que su madre nunca ha tenido un problema y que vive en los mundos de Yupi, mientras pretende que le resuelvan de un plumazo y sin complicaciones todos sus problemas, incluso el más grave que pone a su madre en el brete de tomar en su nombre la elección más grande de su vida que la retrotrae al pasado y actualiza sus peores recuerdos. La niña me ha puesto de los nervios. Transfiere su problema a su madre y se queda tan fresca y cuando conoce ciertos hechos que las hacen acercarse, lo hace solo aparentemente para darle luego la espalda. Tope insolidaria la  nena, empatía cero.
La sociedad del vecindario del Common, en la que todos se conocen, saben sus secretos y los difunden sin piedad como si tuvieran derecho a ello, no ayuda en modo alguno a Ruth. Gente más o menos bien que vive en absoluta separación de sexos durante la semana laboral: los hombres trabajando en Londres y las mujeres solas en casa, con los aparentemente los mismos gustos y costumbres, aunque por debajo fluyan problemas graves. Los fines de semana las cosas cambian y aparentemente la vida familiar retorna hasta el lunes.
La novela machaca con pocas frases ese mundo, hace aflorar en un par de líneas lo que subyace bajo la apariencia social del vecindario y critica despiadadamente la hipocresía y falsedad de su mundo.
La obra toca varios temas clave en la vida de Ruth y, podría decirse, de muchas mujeres en una situación parecida: compromisos forzados, libertad de decisión y elección, maltrato psicológico, machismo, aborto, agobio por el entorno, hipocresía social, soledad... y está muy, pero que muy bien escrito. Pese a los años que tiene (es de 1958) el lenguaje y el tratamiento de los temas resulta muy actual. Yo también lo recomiendo a todas las mujeres y pongo en lista de espera "El devorador de calabazas".
Nota: he descubierto a la vez que a Penelope al otro Mortimer, John, que fue su marido, pero "Los juicios de Rumpole" que me estoy leyendo no me están pareciendo tan desopilantes como prometen. Aunque el ser llevados a la BBC los hizo más famosos, no me parece que estén a la altura de la escritura de Penelope.
Nota 2: No se si esta reseña merecerá el aprecio de Masa Crítica como para que me sigan facilitando algún libro en el futuro pero les estoy muy agradecida por haberme regalado este libro y darme a conocer a Penelope Mortimer
Nota 3: Se me ha olvidado comentar que el título del libro deriva de una canción que suena en la caja de música infantil que la protagonista compra al principio del libro.

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